Píldora de la Inmortalidad

: A FAVOR / EN CONTRA

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A FAVOR: La inmortalidad es algo que ha anhelado el hombre desde la Noche de los Tiempos. El Poema babilónico del Gilgamesh,-y que ahora ha dado nombre al fármaco-fue escrito hace más de 4.000 años y se constituyó como una de las primeras de las manifestaciones artísticas que conocemos. Zuang-zi inspiró a los taoistas con sus vanas pesquisas para hallar la vida eterna, materializadas en la simbolica figura de Xiam, el inmortal. Jesucristo fue quien dijo: Quien crea en mi vivirá para siempre y su religión adoptó el antiguo símbolo mitológico del Ave Fénix como de inmortalidad y resurrección. Filón de Alejandría nos recordó que incluso pueden existir grados o categorías de inmortalidad. San Agustín nos aportó una perspectiva teológica y mística en su obra «Inmortalitate Animae». La literatura inglesa profundizó en el concepto un poco más con Wordsworth, preguntándose sobre la relación entre naturaleza y alma en su «Oda sobre los atisbos de inmortalidad». Ñanderuvusú, en la mitología guaraní, el dios de la creación suprema, abogó por buscar una inmortalidad social del hombre como especie, no como individuo. Sé que no he argumentado sobre mi postura sino que me he limitado a enumerar como aquellos insignes hombres y mujeres, durante toda la historia humana, nos hicieron soñar con la vida eterna. Soy consciente que existen todavía unos desequilibrios sociales terribles y un pequeño abismo entre ambos mundos pero, ¿debemos detener nuestro progreso hasta que el equilibrio sea una realidad? En esa línea tendríamos que retroceder a la Era de los Descubrimientos, antes de que se abriera la inmoral brecha entre conquistadores y conquistados. Sé que no se le pueden poner puertas al campo y que los avances científicos son imparables. Si se han de recortar gastos para disponer de más recursos para los que realmente los necesitan en mi lista no están la ciencia y la tecnología: Mucho antes figurarían la carrera armamentística, los obscenos beneficios de las grandes compañías, los despilfarros administrativos de muchos países, los más obscenos contratos astronómicos de muchos deportistas, las subvenciones a sectores económicamente inviables, etc, etc.

Maria Pilar Quesada Jeromín* – Monterrey, Mexico.

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EN CONTRA:Frontalmente en contra en lo personal y en lo social, claro. Respecto de lo primero la idea es clara: Mi marido lleva tres «by-pass» dentro del pecho, por lo que jamás le permitirían adquirir/administrarse el nuevo fármaco. Jamás entraría a discutir las razones médicas para esta «discriminación» pero sí en mis razones morales para no tomarlo yo. Soy religiosa y quizá de esquemas tradicionales por lo que creo firmemente en el juramento que realicé hace más de cuarenta años…»de protegerlo en la salud o en la enfermedad …hasta que la muerte nos separe». ¿Qué es eso de tomar algo que me puede dar clara ventaja vital ante mí ser más querido? Eso sería como hacer trampas pero sin el como. Además, mi razón para estar en este mundo, es mi marido, puesto que jamás engendramos descendencia. ¿De qué me vale prolongar mi vida si no le tengo a mi lado? Sé que este es un argumento muy personal y casi parece un alegato de amor no extrapolable a otras personas. Pero puedo esgrimir otros (argumentos) para el resto de seres humanos: Respecto del punto de vista social el nuevo medicamento me parece una completa aberración. Es cierto que la hambruna, en las últimas décadas ha remitido enormemente gracias a la iniciativa privada y varias campañas orquestadas por Naciones Unidas. Sin embargo, y desgraciadamente, queda mucho camino por recorrer. África sigue siendo el continente olvidado o, al menos, del que nos acordamos menos. ¿Con qué cara mirará un «inmortal» beneficiario del nuevo producto a un niño etíope de 18 kilogramos? Mientras una sola persona en este planeta no tenga que llevarse a la boca será una inmoralidad, en grado sumo, que otros prolonguen sus vidas, artificialmente. O eso es lo que a mi me parece. Quiso el diccionario que «inmortalidad« e «inmoralidad» sólo se diferenciaran en una letra. Por cierto, no sé si han caído en el detalle: Si los mayores no se jubilan…¿cómo podrán dejar paso a los jóvenes al mercado laboral? Esto sería otro argumento al debate, que como ven no se me acaban pero si …¡los caracteres que ustedes me permiten usar! Aprovecho la ocasión para reclamar que no limiten el espacio que tenemos los lectores para explayarnos y, por supuesto, para felicitar a todo el equipo de «Tiempos Futuros» por su excelente revista.

Margarita Vivas Hoz* – Terroba, La Rioja, España.

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