Señales inteligentes de procedentes de Andrómeda detectadas, por el radiotelescopio espacial Drake.


Las ondas de radio partieron hace dos millones y medio de años
desde nuestra galaxia vecina, M-31
N10, ARECIBO, PUERTO RICO. 11 DE JULIO DEL 2044
«El mayor hallazgo de la Historia de la Humanidad»-señaló Enrique Fuentes, el astrobiólogo director del programa S.E.T.I, de búsqueda de inteligencia extraterrestre. ¿Exageraba el científico? Una señal de radio procedente del corazón del objeto Messier 31, más conocido como galaxia de Andrómeda, fue captada por el tándem de radiotelescopios alineados Drake-Arecibo el 6 de Julio del año 2057, a las 03:21:57 UTC.

  Hubieron de transcurrir unos meses hasta que una niña hawaiana de nueve años, Rosalina Maryland, descubriera con su ordenador que la pauta de la señal no era aleatoria; el comienzo de la emisión podía ser definida por un algoritmo complejo. Tras la discriminación de datos, y como venían haciendo más de ocho décadas, los científicos del S.E.T.I sometieron a la señal a un riguroso escrutinio: descartaron interferencias de equipos de telecomunicaciones, radiondas que emite la galaxia en la banda de los 158.8 MHz y, cuando se disponía a rechazar la emisión al no poseer los parámetros gausianos correctos…¡¡surgió la enorme sorpresa!! Aquella transmisión tenía todas las trazas de ser inteligente, no había duda. La niña había advertido a los científicos sobre elevadas frecuencias de transmisión y sobre un sector de cielo concreto, hacia donde volvieron a apuntar sus radiotelescopios, hacia latitudes al norte de los 30 grados Sur, concretamente hacia el objeto que los astrónomos llaman NGC 224. «Hemos encontrado una voz que habla o que nos habla desde el otro lado del cosmos…

…Todavía no tenemos ni idea de lo que dice pero, lo que es evidente es que los 17.345 bits que lo componen, constituyen un mensaje, una idea, un concepto concreto. Ningún fenómeno físico conocido generaría el tipo de señales binarias que preceden al mensaje y que, precisamente, nos alertan de él«-certificó el doctor Fuentes a los expectantes periodistas.

 Estamos ante una de las más deslumbrante crónicas que cualquier periodista científico soñó cubrir alguna vez: Frank Drake, impulsor del proyecto S.E.T.I., al fin halló lo que siempre buscó, ¡¡radioseñales de origen extraterrestre dotadas de la inequívoca huella de la inteligencia!! Pero no lo descubrió él en persona sino su querubín espacial, el radiópticotelescopio que lleva su nombre y que sustituyó al malogrado Hubble. La enorme infraestructura fue la joya de la corona de la ingeniería espacial sólo superada recientemente por el descomunal Anillo Kensner. Mediante un ingenioso sistema de discriminación de señales la velocidad de cálculo se multiplicó por el número de internautas que quisieran colaborar con el proyecto, mediante el ya entrañable Seti@home, un pequeño software doméstico, que lleva acumulados ya millones de años en tiempo de computación. Rosalina Maryland, desde la perspectiva que le daban sus nueve añitos, modificó el software para «ampliar más todavía el escenario», y no sólo al espectro de ondas en torno a la frecuencia de 1,42 Ghz, el llamado «agujero del agua». Dicho espectro se estableció al pensar que toda vida inteligente estaría basada en el agua, y en las emisiones electromagnéticas de los elementos que la componen, oxígeno e hidrógeno (elemento más abundante del universo). Rosalina, chica lista, decidió recoger y analizar la información de deshecho que captaban los radiotelescopios fuera de ese rango de frecuencias y que se generaba en los chequeos rutinarios de los aparatos, que se movían entre 1 y 10 Ghz, y esa fue la clave del descubrimiento. Debajo de esa frecuencia el límite cuántico y la sensibilidad de los instrumentos marcaban la línea roja, frontera de la detección. Por encima de los 10 Ghz el derroche energético del emisor sería notable y, en principio, esto descartaría esas frecuencias (además de la sobreexposición de las antenas al ruido galáctico).  La fórmula de Drake, sirvió para que varias generaciones soñaran con la posibilidad real de la existencia de vida extraterrestre inteligente (entre ellos, el científico Carl Sagan plasmando su ¿quimera? en «Contact»). Según su ecuación presumiblemente existirían entre 10.000 y 100.000 civilizaciones tecnológicas sólo en nuestra galaxia, la Vía Láctea. El magistral bioquímico español Juan Oró corrigió al maestro estimando que serían menos de un millar. En cualquier caso, el enorme plato del instrumento espacial -de trescientos metros de diámetro-, alineado con el recientemente remozado, su gemelo terrestre de Arecibo (Puerto Rico), consiguió lo que los científicos buscaban hace más de ochenta años. Curiosamente la señal de radio codificada, con una pauta no aleatoria, no procedía de nuestra morada en el Cosmos-nuestra galaxia-sino de la vecina, la enorme Andrómeda, de un tamaño vez y medio el de la nuestra. La señal captada -asombrosamente polarizada para llegar hasta nosotros a pesar del efecto de la dispersión tras recorrer tanta distancia- procedía del centro del objeto M-31, situado a más de dos millones de años-luz de la Tierra. Esa enorme cantidad de tiempo (2 millones de años) son los que han transcurrido desde que la señal fue emitida; este primer dato fue sido interpretado por los científicos del proyecto como revelador y que prácticamente descartan cualquier relación con la macroestructura artificial encontrada en Plutón. Una conversación con supuestos extraterrestres de Andrómeda sería ‘un poco lenta’, teniendo en cuenta la limitación de la velocidad de la luz, pues sólo el intercambio de saludos iniciales duraría cuatro millones de años. Esto, además de la extraña frecuencia de la señal, 9,632 Ghz, hacía que cobrara fuerza la tesis de quizá no fuéramos los receptores que tenían previsto su emisor. En esa línea:

«Cuando el Australopithecus boisei-entre otras especie de homínidos- pululaba por la Tierra, a finales del Terciario, ‘alguien’ o ‘algo’ emitió la señal que llega ahora a la Tierra. Desconocemos si (1)la emisión iba dirigida a nosotros, (2)la captamos al encontrarnos en la trayectoria entre emisor y receptor, o (3)simplemente cumplió su misión informativa allá en su destino y vagó por el espacio hasta llegar a nuestros radiotelescopio de forma fortuita«-indicó el astrobiólogo Fuentes. El misterio está servido y las especulaciones, las cábalas, las conjeturas se multiplican exponencialmente a cada paso. En la primera hipótesis implícita en su interrogante ¿calcularon los extraterrestres nuestra evolución tecnológica durante esos dos millones de años?

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