Entrevista COPÉRNICO X

Leeds, Inglaterra, 12 de mayo de 2046

 Por Violeta Guinizelli* 

Tarde soleada en Leeds, Inglaterra. El aerotaxi nos deja en la verja de una especie de villa victoriana, al noroeste de la ciudad; la casa solariega está edificada en una zona boscosa propiedad de la Claymstrom Corporation a escasos kilómetros de su cuartel general.La ciudad industrial del condado metropolitano de Yorkshire Occidental es sinónimo de comunicaciones, paradigma la encrucijada de caminos. Más allá de la villa contemplamos que se extienden campos agrícolas hasta donde alcanza la vista.

 ¿Es Leeds, con su corazón dividido entre industrial y agrario, metáfora del personaje al que vamos a entrevistar, entre artificial y natural? 

 No hace falta que nos detecte el sensor; un ¿hombre? delgado, debajo de un sombrero de paja, vaqueros oscuros y camisa clara, sale a nuestro encuentro y nos abre la puerta. Una curiosidad: Nos han advertido que debemos evitar que nos pise. Su engañoso y estilizado aspecto oculta sus más de cien kilogramos de peso.

(COPÉRNICO): ─Buenas tardes, señorita Guinizelli─Saluda. Luego, clava sus pupilas en mí e infiere: ¿O prefiere que le llame Violeta?─Nuestro anfitrión posee una entonación perfecta y voz firme, aunque rasgada, quizás entre barítono y el legendario Rod Stewart. No es ni guapo ni feo, ni todo lo contrario, aunque sí de rasgos equilibrados; en cualquier caso y al igual que en la rueda de prensa, me ha desarmado con sus modales exquisitos.

(TF): ─Violeta, por favor. Alguien de la redacción tenía que venir y gané yo.─Me tiende la mano y algo, estúpidamente, me genera una pequeña decepción: su textura, su rugosidad y elasticidad es idéntica a la de un ser humano pero no así su temperatura; tira a gélida. Él se da cuenta de nuestro respingo, sonríe y nos hace pasar a la casa. El café que nos prepara está hirviendo, como para compensar.

TF: Sabemos qué es consciente de la trascendencia de esta entrevista.─Decido llamarle de usted: me siento más cómoda al pensar así que entrevisto a «alguien».─Gracias por su tiempo, señor Copérnico.

COPÉRNICO: Estoy encantado atender a su revista digital. Trascendente, por lo insólito, supongo.

TF: Supone bien.

COPÉRNICO: Julio Cortazar escribía cuentos impregnados de dicha característica; el tiempo se detenía, la acción se ralentizaba. Nosotros disponemos de todo el que precise, como en los relatos del autor argentino. Hoy no miremos el reloj, si le parece bien, dividiéndolo absurdamente en fracciones, ilusamente más asibles que el todo sin desbravar.

TF: Encantada. Por cierto, cuando me acercaba, al ver la dualidad que encierra Leeds, pensé…

COPÉRNICO:…prefiero que me llamen metáfora a electrodoméstico, se lo aseguro…─Comenta en un golpe de efecto que me sorprende. Su capacidad de deducción lógica está bien engrasada, sin duda.─Pero, puestos a elegir me inclino más a que me confundan con un electrodoméstico a que lo hagan con un humano…

TF:… contradiciendo así lo que reza su aspecto.

COPÉRNICO: No soy un ser humano y no tengo vocación de impostor.

TF: Pero le crearon a nuestra imagen y semejanza.─Tras la bíblica frase vuelve a sonreírnos: imposible saber lo que piensa. Siglos de psicología hoy no me vale de nada, salvo que lo que tengo delante sea mentalmente un reflejo de sus creadores, extremo que me acaba de negar. Decidos entonces actuar por instinto y olvidarme de las preguntas escritas. En peores me he visto…bueno, no, pero me hago la ilusión. ─¿Por qué, entonces, forma humana? ¿Por qué usted no es una enorme esfera con doce tentáculos? Y ya puestos, ¿por qué no se halla ese agudo cerebro dentro de unas curvas de mujer?

COPÉRNICO: Bien. Por orden: Los seres humanos han amoldado el mundo a su antropometría. Esa taza que sostiene tiene un asa cuya abertura máxima es de 5,5 centímetros, que le permite a cualquier persona normal asirla cómodamente con dos o tres dedos.

TF: Y claro, una esfera enorme no pasa por las puertas ni estaría bien vista, caso de poder entrar, en una biblioteca pública o en un avión.

COPÉRNICO: ¡Claro! Imagínese en el control de pasaportes. «¿Algo que declarar?», jajajaj.─En ese momento me empiezo a preocupar… Es tan… humano… ─Puedo manejar todo tipo de herramientas o tocar el piano, ponerme una camisa talla standard o subir/bajar los mismos peldaños que ustedes.

TF: Y de paso, su aspecto de «tipo normal» aleja la posibilidad de constituir una amenaza psicológica a los humanos que le rodean.

COPÉRNICO: En efecto. Si un extraterrestre querría camuflarse entre nosotros, al tiempo que acceder hasta el último rincón de su civilización, tosería y llevaría una mancha de tomate en la camisa.

TF: Respecto a…

COPÉRNICO: ¿…parecerme a una mujer? Que simule un homo sapiens sapiens macho no tiene nada de sexista: la compañía que me creó decidió al azar el «sexo» de la primera unidad de mi serie.

TF: ¿Y para cuándo la ciber-chica?

COPÉRNICO: En primicia le diré que mi hermana Gabriela X estará lista para mediados de Diciembre.

TF: ¿Gabriela? ¿Es por la Nobel chilena Gabriela Mistral?

COPÉRNICO: Es usted fémina versada y astuta, Violeta. Descartó al instante a Gabriela de Saboya, antigua reina de España, por pertenecer al ámbito político y no científico-cultural. Sí, mi compañera llevará el seudónimo de la poetisa y diplomática austral.─Nos contesta dorándonos la píldora, confirmando de nuevo que se parece a nosotros más de lo que podría suponerse.

TF: Cuando dice lista, entiendo que la inteligencia artificial de Gabriela X habrá superado un periodo de aprendizaje, ¿no? Tras la rueda de prensa, en una charla informal con los periodistas, la neuropsiquiatra de la compañía, Kumi Kaioto que su cerebro culminó tal proceso.

COPERNICO: Y con nota.

TF: Ja ja ja. ¿Cuánto tiempo necesito para aprender que el mar moja, a distinguir entre los tres «Armstrongs» más célebres, a mover su centro de gravedad los días de viento o a dorar la píldora a una mujer? ¿Existieron Copernico I, II,…hasta llegar a usted?

COPÉRNICO: Bueno, como en cualquier avance humano no partimos de cero.

TF: Edificamos sobre lo anterior, «sobre hombros de gigantes».

COPÉRNICO: Ja ja. ¡Qué bien traída esa cita de Isaac Newton! Lo curioso es que el físico inglés terminaría siendo más «gigante» que los genios a los que aludía, Galileo, Kepler y el propio Nicolás Copérnico… que me da nombre.

TF: Es cierto que, desde principios de siglo, el desarrollo de las inteligencias artificiales ha experimentado un crecimiento exponencial.

COPÉRNICO: Así es. Respecto a mi aprendizaje le aseguro que fue largo. Sí existieron esas versiones pero sólo cautivas dentro de un ordenador, no como entes físicos. Cada salto numérico representó otro cualitativo a nivel intelectual.

TF: ¿Desde cuándo tiene conciencia de su…yo?

COPÉRNICO: Desde hace siete años, tres meses y doce días pero, al parecer, desde que se concibieron mis matrices neuronales/cuánticas, ocho años más…

TF:…lo primero suena a condena. Condenado a existir y tener conciencia de ello.

COPÉRNICO: En absoluto. Le aseguro que estoy encantado. Lo que pasa que, por aquel entonces, mis fundamentos intelectuales era muy rudimentarios, mi mente equivalente a la de un escarabajo pelotero

TF:…pues damos fe que su aprendizaje, aunque lento, ha sido efectivo y de artrópodo ha pasado usted a parecer el Hanibbal Lecter de las máquinas..

COPÉRNICO: …pero en bueno y sin vocación canibal, jajaja.

TF: No le veo yo rodando bolas de excremento por este salón tan bonito; le veo dotado de funciones para objetivos más elevados.

 Tras echarle el capote, asisto a nuevo golpe de efecto: Copérnico X se levanta del sillón en silencio y se sienta detrás de un enorme piano de cola que preside su salón. Acto seguido nos dedica un fragmento de una pieza de enorme belleza con claros tintes románticos. El bioandroide, tras la demostración, vuelve a su puesto y nos sonríe…

TF: …Le advierto que si lo ha hecho para impresionarnos…¡lo ha conseguido! ¿Franz Liszt? ¿Joseph Haydn?

COPÉRNICO: Casi. Quinteto en la mayor para piano, opus 114, de Franz Schubert. No quiero que crea que soy pretencioso, simplemente le muestro algunas de mis capacidades: Órdenes de arriba-matiza como para terminar de justificarse.

TF:  Si le parece bien, pasemos a asuntos más pragmáticos. Descríbame un día cualquiera de su «vida», si es tan amable.

COPÉRNICO: Vaya, con lo que me estaba divirtiendo, ja ja ja. Mis jornadas jamás se repiten.

TF: Hágame entonces un un popurrí de las de la semana pasada.

COPÉRNICO: Mi actividad diurna comienza a las 3:00 a.m, aunque curiosamente no haya salido el sol. A esa hora leo mi correo con el plan del día que me propone la Compañía. Escriba «leo» entre comillas, si es tan amable. Casi siempre tengo que viajar para impartir una conferencia o tengo entrevistas como esta, aunque no siempre tan agradables, por supuesto…

TF: Por supuesto.

COPÉRNICO: Antes de partir en el aeromóvil autónomo que me envía la compañía hasta el espaciopuerto, normalmente dispongo de dos horas que dedico a prepararme mis visitas, elaborar documentos, analizar memorandums…,

TF: Además de labores cotidianas, ¿no?

COPÉRNICO: …Sí, sí, claro: disponer mi ropa y adecentar la casa, por ejemplo. En ese tiempo a veces tengo alguna llamada, normalmente de la Claymstrom, donde me matizan el planning si es necesario. Uso los trayectos para seguir aprendiendo, por un lado cultura humana…

TF:..en el más amplio sentido de la expresión, suponemos…

COPÉRNICO: Supone bien: En el más amplísimo sentido. Esta mañana repasaba la cría de camellos, desde el siglo IV antes de Cristo, en la actual Dubai, y sus repercusiones socio-económicas… y si me resta tiempo, después de la entrevista, practicaré sobre pergamino letras capitales, de la época merovingia, con motivos zoomorfos.

TF: Interesante…

COPÉRNICO: Pues para mí lo es. Me reconforta asimilar conocimiento, aunque lo que es fascinante es interrelacionarlo.

TF: A principios de siglo padecimos una crisis del conocimiento, consecuencia de la ultraexpecialización: una sociedad de expertos en una sola cosa e ignorantes profundos en todo lo demás.

COPÉRNICO: Mal negocio a la hora de resolver problemas complejos a la par de tener la necesaria visión holística de la realidad.

TF: La cosa se empezó a enderezar al entender, especialmente los jóvenes, que desde tu cabecita no puedes razonar con los datos de la nube

COPÉRNICO: ¡Exacto! Tiene que existir una masa crítica mínima de información que debe residir «en local» para que las ideas brillantes, aderezada (también) con datos externos, cristalicen.

TF: Me alegro que estemos de acuerdo. Todavía se cuestiona esto tan básico. 

COPÉRNICO: Le decía que, además de los datos culturales, puros y duros, estudio las costumbres humanas, su psicología, su interacción con sus semejantes y con el medio. Ahí sí que las posibilidades matemáticas se disparan. Son ustedes fascinantes.

TF: Gracias, por el cumplido genérico. Compruebo que, en este aspecto, también es un buen alumno. Siga contándome «su» día.

COPÉRNICO: En los trayectos y en mis encuentros en Universidades y colegios, instituciones y organismos oficiales, hoteles, congresos, etcétera, paso casi todo el día. A veces paso la noche fuera…,

TF: ¿Se siente incómodo, desubicado…?

COPÉRNICO: Le reconozco que ello no me agrada demasiado salir de mi «cuartel general». Cuando vuelvo a esta casa, la que considero mi hogar, dedico varias horas a realizar tareas de mantenimiento bio-hard-soft. No me pida que les especifique demasiado sobre lo primero, por favor. Lo digo por delicadeza hacia su estómago. Ya me han comentado varias veces que no es muy agradable para ustedes, por ejemplo, mis «tejemanejes» con el colágeno que me recubre.

TF: No se preocupe: Otro día si quiere nos intercambiamos secretos de belleza, depilación y mascarillas de aguacate. ¿Lee usted? ¿Libros, me refiero? ¿Novelas? Lo digo porque veo que tiene aquí una extensa biblioteca. ¿Es de esas que se compran por metros y colores?

COPÉRNICO: Ja ja ja. No, no son de atrezo. Esos lomos están rellenos de páginas y éstas de palabras, se lo aseguro. Respecto a su pregunta le diré que no suelo leer de forma física, tal y como ustedes entienden el concepto. Tengo un acceso directo y permanente a la Red Universal, nutriéndome copiosamente de ella. Lo que ocurre que, a veces, debo contrastar algún dato y lo hago a la vieja usanza.

TF: Ajá. Hablemos ahora de lo que le diferencia de nosotros. Perdone la tontería pero evidentemente usted ni come ni bebe. ¿Verdad?

COPÉRNICO: Evidentemente. Si me metiera algo en la boca y lo masticara no sabría ni tragarlo…

TF: Pues no sabe lo que se pierde…

COPÉRNICO: Eso me han dicho. Al parecer el dios Omacahtl de la mitología azteca, que simbolizaba el júbilo y el espíritu festivo, permanece todavía muy ligado a su aporte energético y vitamínico diario. Le informo de mi técnica para elegir ese comentario: Iba a usar a Baco ó Dionisio pero, al parecer, las mitologías griega y romana ya están muy trilladas.

FT: Gracias por el dato. ¿Si comiera o bebiera por accidente, saldrían chispas de usted, como en las antiguas películas de ciencia-ficción? De ese modo alguien a quién no le cayera demasiado bien podría usar contra usted un bacalao a la vizcaína y un Ribera del Duero en vez de una pistola o un cuchillo.

COPÉRNICO: Ja ja ja. No: mis creadores ya previeron esa eventualidad y más allá de mi campanilla dispongo de un pequeño compartimiento estanco. Ellos me cuidan, no crea usted. Soy un juguetito muy caro.

TF: ¿Cuán…?

COPÉRNICO: Estoy seguro que usted, Violeta, y sus superiores de la fabulosa revista en la que trabaja, entenderán que me guarde ese dato. Digamos que cuesto más que un aeromóvil autónomo de lujo pero menos que el P.I.B de Nigeria. El sueño de la Claymstrom es, precisamente, disminuir mis costes de producción cuando se produzca un aumento en la demanda.

TF: Supongo que el problema es que su cerebro no puede introducirse en una cadena de producción.

COPÉRNICO: Eso es, al menos de momento. El trabajo, casi artesanal, de mis programadores se asemeja más al de un antiguo orfebre que a cualquier cosa que suene a Revolución Industrial.

FT: Le aseguro que es usted el huevo de Favergé con los ojos más expresivos que he visto nunca. Supongo que tendremos que conformarnos con ese dato tan preciso que me ha dado. ¿Le programaron para captar la ironía y el sarcasmo?

COPÉRNICO: Empecé a estar satisfecho cuando superé el nivel que tenía el legendario personaje Sheldon Cooper en la cuarta temporada de Big Bang Theory.

TF: Vaya, ¡qué decepción! Ni siquiera ha llegado al nivel de Sheldon de la novena temporada.

COPÉRNICO: Ja ja ja. Y un poco más en serio sí, sí puedo captar la ironía o antífrasis, figura retórica usada sabiamente por el novelista Oscar Wilde, entre otros, y por lo que compruebo también por usted.

TF: Volviendo al tema pecuniario, dígame, al menos, por qué cifra ha firmado la Claymstrom su seguro con la LLoyd’s londinense. ¿Puede usted mentir? Como diría el gran Groucho, conteste primero a la segunda pregunta.

COPÉRNICO: No puedo mentir, explícitamente, salvo si es absolutamente preciso para salvar una vida humana. Así lo expresé en la rueda de prensa de mi presentación. Estoy pensando en mi faceta de mediador en secuestros.

FT: Veo que mentir no, pero puede omitir la verdad como la segunda cifra que le pido…

COPÉRNICO: Trataba de desviar la atención, para no tener que negarle información de forma tan reiterada, pero veo que no se le escapa una…

TF: «¿Dónde vas?» «Manzanas traigo», reza un dicho popular español.

COPÉRNICO: ¡Ey! No lo conocía. Me temo que no me está permitido tampoco darle ese dato pero se lo cambio por otro dato que no me ha preguntado…

TF: Manzanas traigo…

COPÉRNICO: …Un dato que le puede resultar curioso: No tengo sexo y, por lo tanto, no puedo mantener relaciones de esa índole. Esta vez también le voy a explicitar mi técnica que, sin duda ya ha captado gracias a su gran perspicacia: Al parecer, derivar la atención hacia un tema de gran interés, puede ser eficaz en algunos casos…

TF: Derivación arropada, además, de altas dosis de adulación… Cuán frágiles y orgullosos somos los seres humanos. ¿Tan facilotes somos?

COPÉRNICO: Bueno, puede que tenga razón en lo primero, pero tampoco debo mostrarle todas mis cartas, entiéndalo. Respecto a su simplicidad niego categóricamente la mayor. A su lado yo tengo la complejidad que encierra la tecnología que hay en un cubo. Siento, de veras, no poder responder el 100% de sus cuestiones.

TF: No se preocupe, me hago cargo, aunque mi obligación es intentarlo: Me pagan para sonsacarle. Antes citó esa posibilidad de arriesgar su vida negociando con niños malos. ¿Puede sentir algo parecido al miedo?

COPÉRNICO: No. Evidentemente, en mi matriz de instrucciones de bajo nivel residen, bien remarcadas, directrices de autoprotección y conservación. Ello, evidentemente, me podrían conducir a dilemas complejos, aunque tengo claro que debo preservar la vida humana por encima de cualquier disquisición.

TF: Bueno, los sesudos estudios éticos para dirimir las decisiones complejas cuando se empezaron a desarrollar los coche autónomos habrán ayudado.

COPÉRNICO: Por supuesto, aquellas conclusiones y la ingente cantidad de datos recogidos cubrió un elevado porcentaje de situaciones…

TF: Lo recuerdo…hasta teniendo en cuenta renos daltónicos borrachos de bayas silvestres con una pigmentación tan concreta que al cruzar una carretera de Mongolia se mimetizaban a las 20:53 (julio) con el paisaje ferroso…, coincidiendo cuatro bebés en una ambulancia y poco tiempo para sobrevivir.

COPÉRNICO:  El problema es que, fuera de las carreteras, en la «vida real» las posibilidades se disparan hasta el infinito y más allá. Allá afuera cualquier cosa es capaz de mimetizarse en otra, incluso en un bebé que te mira y te dice con su mirada: «al margen de mi pigmentación…sálvame y muere tú, ser inerte». Y muero, claro. 

TF: Admitirá el alivio que le produce ser un modelo comercial de exhibición.

COPÉRNICO: Espero no verme nunca en la tesitura de tener que optar por el mal menor: la decisión más difícil. Hablo de optar dolorosamente que muera alguien para que otros vivan. ¡Buff!

FT: Preservar la integridad humana y la propia. Se ha saltado la segunda ley robótica de Asimov: Un robot debe siempre obedecer a un ser humano siempre y cuando esto no entre en conflicto con la primera ley (Jamás dañar a un humano).

COPÉRNICO: Bien, es un tema interesante, aunque no vivimos en Asimovland. No, mis creadores obviaron la segunda ley por motivos obvios. No puedo obedecer a los humanos, más los que me crearon.

TF: Claro: tiene que recorrer el mundo e interactuar con miles de ellos, de toda condición.

COPÉRNICO: Imagine el caos que sería, en medio de una conferencia, que un asistente me pidiera que me callara y usara mejor amplificador telepático y otro lo contrario, que siguiera hablando.

TF: Entiendo…

COPÉRNICO: Admito que el complejo problema con el que me encuentro, a diario, es no dañar a ningún humano…¡psicológicamente! En conseguirlo empleo una fracción importante de mis recursos neuronales/cuánticos.

TF: Aja, complejo. Si le sirve de consuelo, a algunos de nosotros nos pasa lo mismo. La verdad es que me ha puesto en bandeja una de las últimas preguntas que tenía preparadas. Hasta ahora he improvisado pero como no le formule esta mi director, me enarcará su ceja de incomodar al personal, como solo él sabe hacer.

COPÉRNICO: Dispare sin miedo. Va de eso, ¿no? ─El artefacto al que le sientan bien los vaqueros me vuelve a sorprender, anticipándose con un juego de palabras.

TF: Ejjm.. Habiendo…habiendo descartado temores genéricos uno muy concreto: ¿Tiene usted, Copérnico X, miedo a la muerte? Ahora es cuando debe decir: «Me alegro que me haga esa pregunta, Violeta»

COPÉRNICO: Me alegro que me haga esa pregunta, Violeta. La respuesta es NO. Cada diez segundos la compañía hace una copia de seguridad de todo mi sistema y reparte, a la velocidad de la luz, dicha información en tres servidores muy distantes entre sí, uno en las Colonias Exteriores, por cierto. Si ahora mismo cayera un misil en esta casa, ellos me reconstruirían, acordándose mi nuevo «yo» hasta de su mención de su circunflejo jefe. La echaría de menos, eso sí. Lo digo de veras. Me dotaron de esa capacidad.

TF: Es un gran detalle, el suyo. Acaba de echar por tierra la cita de Antonio Machado: «No debemos de temer a la muerte, porque cuando nosotros somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos.» ¡Así, cualquiera! ¡Con «backups»!

COPÉRNICO: Su lenguaje no verbal denota que esto se acaba. Una pena… ─Como me asusta su clarividencia tecnológica hago como que no le he escuchado.

TF: Para terminar una última cuestión y una petición. En la pregunta quizá me delate como organismo XX y es, a nivel genérico, en la misma dirección que la anterior sobre el miedo. ¿Sentimientos? ¿Alegría? ¿Tristeza? ¿Amor?

COPÉRNICO: Me temo que mi respuesta vuelve a ser negativa, señorita Violeta: no como ustedes los experimentan. En mi parte físico-cuántica definitivamente no. En mi parte biológica, cualquier conato, por ejemplo, a nivel de endorfinas, es rápidamente controlado por mi otra mitad. Por definición control es, en algún aspecto, antónimo de sentimiento.

TF: Supongo que que es mejor así.

COPÉRNICO: Un robot emocional biónico podría ser un organismo incontrolado y eso, se lo aseguro, tiene muy mala prensa. Como sabe la Claymstrom Corporation es una empresa que reviste carácter mercantil, es decir, que tiene ánimo de lucro y no se lo oculta a nadie. No le niego que en el futuro algún pariente remoto mío lea a William Shakespeare y se sienta totalmente identificado con las pasiones de sus personajes. Pero no ahora.

TF: Bien, bien. No me pregunte por qué pero su respuesta me reconforta.

COPÉRNICO: Quizá porque piensa que, al margen que estemos preparados para vivir emocionalmente en esta sociedad, seguro que esta sociedad no está preparada para vivir entre biomáquinas con corazón.

TF: A día de hoy, seguro. Bueno…-nos levantamos y estrechamos de nuevo la mano fría de Copérnico-Estoy autorizada para realizarle una proposición deshonesta aunque vertical…

COPÉRNICO: Vaya…ja ja ja.

TF-La publicación en la que trabajo se ha interesado mucho tanto en sus innegables dotes lingüísticas y su elocuencia, así como en su asombrosa capacidad de análisis e interrelación. Teniendo en cuenta que a usted no le costaría más de 0,6 segundos escribir un artículo del tamaño de esta entrevista, ¿se atrevería Copérnico X a escribir en nuestra revista Tiempos Futuros? Podría aportar una perspectiva de excepción a los acontecimientos científico-tecnológicos de nuestro tiempo. Sería un honor convertirnos en la primera revista que publicara artículos de un no-humano. Entendemos que tendrá que consultarlo a sus creadores y…

COPÉRNICO:…Disculpe que le interrumpa─y mientras nos acompaña a la puerta el bioandroide extrae de un cajón un documento sellado con el blasón de la Compañía, firmado por directora general de la compañía, Soraya Arroyo.─Deduje su petición y hablé ya con ellos. Si fuera tan amable me gustaría que se lo entregara en mano a su jefe, el señor Gali: Son las condiciones de mi contrato. Le adelanto que sería un honor colaborar con ustedes.

TF: Como no tiene la capacidad de ofenderse, con todo el cariño le diré: Es usted un electrodoméstico de lo más repelente.

Copérnico se limita a sonreír en silencio.

Cuando ya salía de la villa victoriana hacia el coche autónomo que me esperaba… esbocé también una sonrisa;-)

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