Contact (1.997)

El sueño azul de Carl Sagan

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Por Raymond Gali

“Sois una especie interesante…
El vacío se ha hecho soportable porque
nos tenemos los unos a los otros”
INTELIGENCIA EXTRATERRESTRE

Eduardo Punset en su libro “El viaje a la felicidad” concluye que las emociones son claves en cualquier proyecto humano. La emoción presidió la vida del científico alma del film, Carl Sagan, que falleció antes del estreno de Contact. Probablemente decidió contemplar la película desde el otro lado del universo. Allí la calidad de imagen y sonido son muy superiores a las digitales de alta resolución y Dolby Surround terrestres. La emoción preside la película que no en vano ganó el prestigioso premio Hugo de Ciencia-Ficción a la mejor representación dramática. “Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música.” Los autores de la película le hicieron caso a Aldous Huxley y la usaron con profusión para transmitir emociones, sensaciones, sentimientos, entelequias inexpresables por otros medios. 

Tres botones de muestra:

(1)-“Es tan hermoso. Es poesía. Debieron enviar a un poeta”-susurra la astrónoma Ellie Arroway (Jodie Foster) cuando contempla un amanecer galáctico en todo su esplendor, desde su monoplaza de diseño extraterrestre. Su maravillosa epopeya impide parpadear al espectador si no quiere perdérselo: ella se desdobla fugazmente en otro yo, en la niña que fue y que le habla desde el otro lado del tiempo. 

(2)-“¿Cree usted en Dios, doctora Arroway?” El teólogo Palmer Joss (Matthew McConaughey) la quiere lo suficiente como preferir que ella se quede en la Tierra. Por eso dispara un dardo envenenado en la comisión encargada de seleccionar al viajero y cuya respuesta la descartará “ipso-facto”. La artimaña causa el efecto esperado en beneficio del doctor David Drammin … (Tom Skerrit) que salió tan traumatizado de la nave de Alien, el octavo pasajero, que ello le convirtió en un ser ambicioso y sin escrúpulos, a la sazón, el malo “light” del film.   (3)-“Papá, ¿podríamos hablar (a través de la radio) con mamá (fallecida hace tiempo)?”-“Ni la radio más potente podría llegar tan lejos”

La muerte prematura de su padre, quien le enseñó a amar a las estrellas y …¡¡con el que se volverá a encontrar!! le empuja más todavía hacia su objetivo, buscar vida extraterrestre inteligente, buscar respuestas. “Si estuviéramos solos…¡Cuánto espacio desaprovechado!” (Frase citada con perfecta simetría, al comienzo, en el ecuador y al final del film)

 Que la protagonista sea una mujer no es casualidad. Y, aunque realiza una de sus mejores interpretaciones, Jodie Foster se interpreta a si misma, a la niña prodigio que en verdad fue. Por cierto, James Woods (otro niño prodigio) y Angela Bassett, soberbios también.

A tenor de lo anterior podría concluirse que ‘Contact’ es todo corazón y carece de rigor; nada más alejado de la realidad: El armazón sobre el que se sustenta (la novela de Sagan) da como resultado una solidez científica poco habitual en otras producciones de ciencia ficción, a pesar de que el guión cinematográfico no se ajusta al texto original del autor de “Cosmos”. Se trata de la película que harían los científicos si fueran cineastas, que en verdad fabricaron los segundos avalados, marcados muy de cerca, por los primeros: ‘Contact’ es una película, salvo algunos errores menores, perfectamente correcta desde el punto de vista científico. Quizá la más correcta jamás filmada. Esto, tras miles de películas de ciencia-ficción de todos los tiempos es de una dificultad mayúscula. Puede sonar presuntuoso y/o cuestionable si esto lo dice un crítico cinematográfico pero guardo un as en la manga, ale, como estas declaraciones Instituto SETI: “A pesar de las pequeñas objeciones, no hay duda de que ‘Contact’ es indescriptiblemente más exacto en su representación de SETI que cualquier película hecha en la historia de Hollywood”.

Claro. Carl Sagan se nutrió de los conocimientos de Kip Thorne, destacado físico relativista, para diseñar un sistema posible de ‘agujeros de gusano’ para viajar entre dos puntos distantes del cosmos. Los asesores de excepción fueron el propio SETI, el JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro de Pasadena), el VLA (Very Large Array), el Instituto Californiano de Tecnología, entre otros. Zemeckis, hijo creativo de Steven Spielberg y que dirige la obra de forma magnífica, dijo que su objetivo fue «crear una representación absolutamente realista de un maravilloso evento». (Incluso un personaje se basó en un investigador real ciego, Ken Clark). Como pueden comprobar aquí nadie necesitó abuela aunque, probablemente, las abuelas de todos ellos estarían sinceramente orgullosas del resultado. Por cierto, no olvidemos que Robert Zemeckis es nada más y nada menos que el genio de (agárrense) «Tras el corazón verde», la saga de «Regreso al futuro», «¿Quién engañó a Roger Rabbit?», «Forrest Gump», «Naufrago» y, entre otras y de propina, tres joyas maravillosas de la animación: «Polar Express» «Beowulf» y «Cuento de Navidad». Ahí es nada.

Al margen de los planos emocional y científicos el film es extraordinariamente plausible, verosímil, perfectamente creíble. A John Lennon le asesinaron y probablemente le volvieran a asesinar mil veces en mil vidas que viviera. El circo mediático y social previsibles, el mecenas señor Hadden, (el ángel de la guardia que todos quisiéramos para sí), el absurdo blindaje militar, todos tan alejados de la idiosincrasia europea no deber de distraernos ni sedimentar juicios precipitados: La historia se desarrolla en un lugar llamado Estados Unidos, con sus grandezas e infantiles flaquezas, que a estas alturas de la película, todos conocemos. Nos guste o no, ellos son así. Además todo cuadra: La miseria humana es la que ejerce de barrera ante las civilizaciones extraterrestres, mellada apenas por imperceptibles arrebatos altruistas. Que no estamos preparados socialmente, vaya, aunque todos conozcamos a pequeños héroes individuales maravillosos. Pero aquí, como en el basket, jugamos en equipo.

Contact’, igual que 2001 y a diferencia de Blade Runner (que provoca una unanimidad aplastante), llega o no llega. Toca la fibra más sensible o deja indiferente. Si lo hace, además de vivir una experiencia fabulosa de dos horas y veinticuatro minutos, el espectador se va a dormir con otro regalo maravilloso: La película deja una huella indeleble en el yo más profundo que permanece, al menos, varios años. Imborrable o fungible, that’s the question. Los interrogantes que abre, las implicaciones filosóficas que plantea, quedan latentes en nuestra memoria, hibernados, y se descongelan de vez en cuando asaltándonos a traición. Y cuando lo hacen nos recuerdan nuestras coordenadas insignificantes y nuestro tamaño absoluto: Perdidos y pequeñitos, muy pequeñitos. (“Los que construyeron el sistema de teletransporte fueron otros que desaparecieron hace mucho tiempo…” ¿ehhh? Mmm, esto me supera) Un crítico anónimo, un ‘blogero’ si se quiere, Loganxxx, dijo de la película, creemos que de forma muy precisa: “No es una película apta para cualquiera, es demasiado sublime y plantea preguntas que muchos no se formulan porque ni entienden los conceptos que las integran”.

Pero el verdadero debate se desarrolla durante la filmación y va mucho más allá de la vigencia del film en nuestras neuronas. Ciencia versus religión, abre el viejo litigio casi clásico, platónico-aristotélico, fe ó razón, quedando ambas corrientes amalgamadas en un glorioso (ó políticamente correcto, según se mire) empate técnico. Ellie Arroway tiene muchas preguntas ante la inteligencia extraterrestre, pero ésta le pide paciencia; la ciencia es la que le ha llevado hasta allí pero es fe ciega lo que se trae de allí debajo del brazo Guillermo de Ockham, fraile franciscano del siglo XVI enunció un ‘principio científico’ que asoma sus orejas en ‘Contact’, “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla es la verdadera”. Una película de soberbio guión y soberbiamente dirigida, interpretada, producida y documentada probablemente sea una soberbia película. No le busquemos tres pies al fraile.

A UNO DE MIS MAESTROS, A CARL, OF COURSE
(c), 2010 Raymond Gali.

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