Who wants to live forever?

Por Coral Mühlhauser Benavides*

Who wants to live forever? …gritaba Freddy Mercury, en la canción de los míticos ‘Queen’. ¿Quién quiere vivir para siempre? El nuevo fármaco redefinirá nuestro concepto vital, nos aportará una perspectiva generacional nunca conocida. Nuestros árboles genealógicos dejarán de parecer un organigrama de esquelas, rescataremos las palabras trastatarabuelo o trastaranieta de los diccionarios para usarlas en nuestra vida cotidiana. Dorian Grey pactó con el diablo el vivir para siempre, mientras que el que envejecía era su retrato…¿o es que se metía sus buenas sobredosis de ‘Gilgamín’? De una sobredosis, pero de semen, nos dejó el cantante de la «Reina», contestando así a la pregunta retórica del título de su canción, y decidió no vivir para siempre, primando lo cualitativo frente a lo cuantitativo. Vivir con calidad y disfrutando de la existencia al máximo (según su criterio, claro), el tiempo que sea.

Vamos a centrarnos en lo sustancial. ¿Y qué es lo sustancial? El amor, claro. ¿En qué medida influirá un aumento de la longevidad en el sentimiento que profesaba Romeo por Julieta? Después de aparecer el producto que nos presenta el laboratorio danés, un ser humano podrá aspirar a una expectativa de vida que casi duplica a la de otro del último cuarto del siglo XX. A su vez la vida de este humano casi cuadriplicaba de la de un romano en tiempos de Julio César. Cada vez tenemos más tiempo para vivir y por lo tanto para amar y ser amados…aunque también para odiar y acumular sentimientos de vendettas. Siglo y medio de vida da mucho de sí, si nos lo proponemos. Y en el amor volvemos al delicado equilibrio entre el cuánto y el cómo: ¿Morirá un decrépito empresario, a sus 147 años y un día, condenado a dejar atrás a 16 ex-mujeres? Por el contrario, tras superar un océano inimaginable de dichas y desdichas, ¿celebrará un matrimonio sus «Bodas de Iridio», tras cien años mirándose el careto por la mañana? Al margen del sentimiento de los amantes shakesperianos tendremos variantes para las que precisaremos acuñar nuevos conceptos. Filial, fraternal son adjetivos que describen tan sólo algunas posibilidades del «problema». Cinco generaciones de individuos compartirán retrato y entre tal vorágine vital, entre tanta explosión de ADN, espero que prime el amor entre tantas combinaciones matemáticas, en la tupida red de emisores/receptores. Pero me temo que el escenario idílico que dibujo, esa Arcadia mitológica no será tal desde el momento en el que no le lleguen a todos las croquetas de jamón. ¿Han probado alguna vez cocinar para 96 personas? En cualquier caso y volviendo al sentimiento amoroso, una vida más larga, creo que de forma incuestionable, nos otorgará más tiempo para rectificar…¡y para equivocarnos más! Piensen que la neoquímica que nos haga contemplar muchos más atardeceres no llevará implícito más sabiduría, así que cumpliremos el mito de Fausto, pero a medias. Eso es lo que pasa por tratar con las farmacéuticas y no directamente con el diablo.

Otro tema que considero capital son nuestros recuerdos. Llevamos media vida realizando ejercicio moderado, comiendo cosas verdes y negociando con el pescado azul para que nos entregue su omega3 para la memoria pero sin que se nos repita toda la tarde. (Por cierto en «El Dormilón» de Woody Allen aseveran que todas nuestras teorías dietéticas eran erróneas y que lo sano era tomar bollos rellenos y chorizo frito). Si vivimos muchos más años nos será más complicado conservar nuestros recuerdos de forma nítida. O el «invento» viene aparejado a una estimulación neuronal en las diferentes áreas del cerebro responsables de nuestras remembranzas o no sé si estaremos haciendo un buen negocio. Somos nuestros recuerdos y el «cabrón de alemán que nos esconde las cosas», es decir, «Pepe» Alzheimer…

…es un ejemplo de la pérdida progresiva de la identidad, la pérdida paulatina del «yo» en 600 episodios. Si hace 87 años que besamos a aquell@ moz@ frente a la torre Eiffel, puede que el recuerdo se difumine, se distorsione, y al final no sepamos bien que si en verdad cerramos un trato fraudulento con un estibador napolitano bajo el puente de Brooklin o si nos operamos de fimosis en Johannesburgo. Creo que nos van a tener que suministrar Omega27 en vena para que tanta década no nos haga perder el Norte. Los diarios precisos se convertirán en nuestro cuaderno de bitácora, nuestro registro fundamental para saber qué hicimos, por qué, con quién y cuándo.

En «Horizontes Perdidos» (1937), Frank Capra modela tridimensionalmente el concepto de Sangri-La que soñó el escritor James Hilton. Hasta y desde entonces muchos buscan su Sangri-La lejos del Tibet, el paraíso arcadiano donde ni los problemas, ni las patas de gallo, ni la próstata inflamada existen. Who wants to live forever? Yo sí, pero matizando los dos últimos conceptos de la pregunta: Para siempre no, por supuesto, pero sí medio siglito más. Pero sobre todo lo que deseo es vivir, vivir, to live, to live, es decir, con una calidad de vida aceptable y no que ésta, la vida, se convierta en un sarcófago de la momia en la que te has transformado. Sino para eso me ultracongelo, como las empanadillas, y así al menos conservo mis vitaminas y minerales. Hablo de salud, claro, pero no sólo la física, que como en el ejército el valor, se la supone, sino sobre todo la psíquica, armazón, endoesqueleto espiritual sobre el cual somos. A mi me gustaría vivir muchos años, pero sólo si tengo a mi alrededor a los que quiero y todos, disfrutamos con el aroma de los jazmines, de los atardeceres incandescentes sobre el mar, de la risa virginal de los niños…¡pero haciéndolo de una pieza! Empecé con una canción y termino con un fragmento de otra, en este caso, de los ‘Beattles’ o Frank Sinatra, no recuerdo: Quiero vivir más pero sólo si respecto del ‘Ayer’, si soy más de la mitad del ser humano que fui.

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