Muerte por galvanoplastia en el Planeta Rojo

Por Aurangzeb Rajastán* Revista Tiempos Futuros - Artículo Opinión - Muerte por galvanoplastia en el Planeta Rojo - Fratricidio bíblico

«He observado que para hacer prosperar al mundo hay que tener aire de tonto, sin serlo»

Charles Monstesquieu

Otrora polivalente, irreductible, ahora renqueante, irresoluto, y ¡hemipléjico! Percival o Caín, por defenestrar a su hermano (Nicolás o Abel) por los abismos del Valle Marineris, cedió el cetro de dueño y señor de ese mundo a los primeros espadas recién llegados. Reducido a monosabio de éstos sin sufragio alguno, destronado de su oligarquía por accidente (o asesinato), de torpe psicomotricidad por las inclemencias de un planeta inclemente, el robot ya no pudo hacer y deshacer a su antojo en el Planeta que también rima, ¡ojo! Su Abel univitelino al menos ejercía de oposición, quizá por eso lo eliminó, impelido por la ausencia de un solo qbit de arrepentimiento dentro de su dieciochesco microprocesador. Él esgrimió, nada más aparecer en escena, la galvanoplastia, el recubrimiento metálico por depósito electrolítico, como causa de la muerte. ¿Alguien le preguntó? Aquel ya marciano al transcurrir el 99,99% de su vida allí, burda mimesis de su creador, reza el cronista para definirle, carente de su donaire, añado yo; aquel ya marciano, digo, tuvo entonces que rendir pleitesía a los nuevos imperators, siendo latente ya en él su condición de Bruto en espera de los Idus de Marzo, puesto que Abel jamás leyó las leyes de Asimov. Pero parece que sí leyó a Marcel Proust, puesto que los atardeceres marcianos ociosos daban mucho de si, y siete volúmenes no es nada si quieres gastar el tiempo encontrado. «Allá donde la vida levanta muros, la inteligencia abre una salida». Su robótica vida se había complicado, y aquellos seres blandos habíamos erigido una muralla entre él y la erótica del poder.Su inteligencia binaria/cuántica, y en aras de ganarse el título nada honorífico de «Bruto en potencia», perforaría ese muro, desactivando a esos petulantes seres blandos revestidos de delirios de grandeza. Llegado a esta conclusión mi estancia en el Planeta Rojo se convirtió en un inquietante juego geométrico en el cual, y siguiendo el consejo del capitán, la ficha amarilla siempre debía en encontrarse entre las tres azules y el horizonte. Esta ficha azul que les escribe sintió el agrio resuello de la amarilla en incontables ocasiones. Un traspié en el enorme morlaco grana, el planeta, nos convertiría en un instante en ídolos de barro.

Todos los astrónomos de la antigüedad estudiaron al Planeta Rojo, desde Ptolomeo hasta Teón de Alejandría, y todos quedaron fascinados por su cromatismo bermellón y su parecido a La Tierra. Christiaan Huygens detectó, en el siglo XVII, los casquetes polares marcianos gracias a sus propios descubrimientos en óptica y su ondulatoria teoría de la luz; otra trampa saducea del astro que acentuaba su magnetismo, que nos atraía irremisiblemente hacia él. El primer ingenio humano que visitó el planeta, quizás para contrastar los descubrimientos del astrónomo holandés, fue la sonda Marsnik 1, que en 1963 pasó tan cerca del pelirrojo mundo que le hizo la raya del Valle Marineris. Los vikingos (pueblo) invadieron ciudades galas, a comienzos del siglo X, desmontando los que quedaba del Imperio Carolingio; mil años después, en 1976, las vikingo (sondas) invadieron Marte desmontando mitos sobre la posibilidad de algún tipo de vida pluricelular sobre su superficie. Los ingenios denominados Spirit, Opportunity, Pathfinder, Lowell, Sagan, Unwritten Future,… no hicieron, a pesar de sus nombres épicos, más que expedir el certificado de defunción de un planeta que hace mucho, mucho tiempo, se pareció asombrosamente al nuestro. En ese proceso alfa-epsilon nosotros somos todavía mocetones impúberes pero, en el mundo que aterido titila cárdeno de frío, en el mundo que asoma ígneo en nuestros atardeceres malvas, sólo queda el polvo de los rescoldos de más rescoldos que un día no fueron tales. Muchas sondas posteriores y asumido el deceso, buscaron vestigios después de la debacle (agua), empedraron la Vía Apia sideral que nos condujo hasta allí.

Revista Tiempos Futuros - Artículo - Muerte por galvanoplastia en el planeta rojo - Oportunity
Oportunity

Volvamos al robot que nos contó que soñó que soñaba que desactivaba a su gemelo ¿o fue un dejà vu?, cuando en verdad lo arrojó a los abismos, procediendo posteriormente a su vivisección con fines claramente antropófagos. Le delató la numeración de sus diferentes piezas en la que no casaban terminaciones pares con impares del mismo guarismo, su sonrisa vitriólica, su contumaz negativa a enseñarnos el cadáver de su supuestamente herrumbroso correligionario, su recalcitrante mantra galvanoplástico. Los humanos mentimos mucho mejor que los robots; es quizá lo único que hagamos mejor que ellos, a juzgar por los nuevos modelos que armonizan mucho más con los conceptos de versatilidad y perfección que nosotros. Luego las esquirlas férricas y ferrosas no fueron motivo de lo sucedido nada más que en la medida que invitaban a la reflexión, inscritas en los vientos vespertinos, y la reflexión robincrusoniania siempre concluye en homicidio, salvo la del auténtico naufrago que se convirtió en su propia excepción. Y es que esos atardeceres indómitos en el Planeta Rojo nos evocan, por oposición, mañanas de luz, paraísos perdidos, campos de violetas, corceles al viento. Y cuando el manto oscuro cubre hasta la montaña infinita es casi peor, al ver entre las antorchas de los cielos engastada a la Joven Tierra, que asoma azul y zalamera, centrífuga y centrípeta, cual infante ignorante de su sino que se da y que se guarda; y aquello desquicia a cualquiera, claro. Entonces, nuestro capitán decidió terminar con Bruto, durante una de sus abluciones oleicas, antes de que terminara él con los Césares, por quebranto o despecho. Puede que la iconografía futura le recordaría en capiteles y en aldabas, que uno no se encuentra un androide homicida en cada mundo al que arriba, que siempre quedaría la historia apócrifa para compensar y convertirle en un héroe.

Así que nuestra historia empezó con un Caín matando a un Abel y la de Marte concluyó con análogo fratricidio. Así empezamos los humanos, así terminan los «aresianos», aunque sean los de adopción. Pero digo mal al decir concluyó pues aunque un millón de generaciones de marcianos vivieran y murieran hace eones en el planeta, quiero pensar que la vida es circunferencia y no línea. Que su punto y final será nuestro prefacio, cuando el ser humano comience a terraformar y colonizar ese mundo. Después, el ser humano tendrá que buscar rápidamente una nueva frontera, unas nuevas terras incognitas que conquistar…quizás Titán. Pero antes de abordar nuevos desafíos tan sólo dos preguntas sin respuesta: ¿Es Marte una proyección futura, el destino de La Tierra? De esto se podría colegir algo realmente inquietante: Caín, el hijo mayor de Adán y Eva, que glosan las sagradas escrituras…¿era de carne y hueso o susceptible a la galvanoplastia?

Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar