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MAGAZÍN UCRÓNICO DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA DEL MAÑANA
"Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes,
deberá acomodarse a frecuentes cambios"  CONFUCIO
 
FUTURE ADVENTURES - LOS OCÉANOS DE ÍO - QUINTA PARTE Y EPÍLOGO
 
 
Future Adventures
NOVELA CORTA
Io

BREVE SINOPSIS

Estación de Origen: Ío, quinto satélite de Júpiter, usado como lanzadera, aprovechando la fuerza gravitatoria del sistema joviano. Prohibido no mirar.
Estación Destino: Mundo Verde, a 42,3 años-luz de la Tierra. Planeta terraformado parcialmente; paraíso subtropical a distancia sideral.
Viajera: Odisea Lewisburg, periodista treintañera de principios rectilíneos y pensamientos penetrantes. No implantes neuronales, ni siquiera dentales.
Objetivo: Desentrañar el misterio que 'aqueja' al 30% de los colonos, una extraña enfermedad llamada...¡felicidad!
Armas Disponibles: Tozudez en grado sumo, inteligencia oblicua, sexto y séptimos sentidos altamente desarrollados tendentes al 'deja vù'. Belleza intolerable, sonrisa invencible.
Personaje Invitado: Bertrand Russell, filósofo, matemático y premio nobel de literatura 1950.

AVISO LEGAL

"Los Océanos de Ío ", al igual que todos los relatos, microrelatos, cuentos, novelas cortas y novelas de la sección Future Adventures está debidamente registrado, sus derechos de autor protegidos, y su plagio, total o parcial, sin citar nuestra web de Tiempos Futuros, está tipificado como delito. Para cualquier duda al respecto consultar el Aviso Legal.

Los Océanos de Ío

Autor: Voyager (o no)

QUINTA PARTE: RESOLUCIÓN DEL ENIGMA. EPÍLOGO

IX

 Bertrand Russell, o mejor dicho, su ectoplasma virtual escuchaba atribulado la declaración de Odisea Lewisburg. Y lo hacía en el mismo escenario, el bosque de trans-hayas y trans-castaños, con idéntica indumentaria, en la explanada presidida por la extraña roca granítica de feldespato de potasio que le confería un aspecto rojizo. La mesa y bancos de madera de cerezo donde merendaron el día anterior acogían de nuevo a la chica y al neurobiólogo. Ella fue desgranando el suceso acaecido desde la última vez que se encontraron los tres. Roberto, que para despistar y según Odisea, invirtió ese día los colores de pantalón y camisa, añadió el dato de dos incendios-muy probablemente provocados-, en la zona boreal terraformada. Estos ataques se unían al de la malograda Torre Polivalente una de cuyas misiones era prevenirlos y detectarlos precozmente, caso de que se declaran.

-Bien, señorita: de las tres entrevistas con sendos sujetos, ¿obtuvo algún dato relevante al interpelarles por su felicidad?-Para imbuirle de más verosimilitud al holograma el software que lo gobernaba hizo que, tras su palabras, mirara extrañado su pipa y, como si ésta se hubiera apagado la volviera a prender con un arcaico fósforo. Roberto Lee informó que su paciente Andrea le Rocheux, del departamento de informática de la biblioteca, había conseguido cifrar la señal “pirata”,-cuya resultante era el Bertrand Russell virtual-, con un algoritmo de setecientos terabytes, que venía a significar que esta vez tardarían más en detectar la derivación; disponían de un tiempo adicional valiosísimo para “lidiar con el problema. La periodista miró primero a su amigo y después a la imagen tridimensional para finalmente decir:

-Bien, resumiré: El primer individuo, que presuntamente y como ya saben fue el terrorista que instaló el explosivo en la torre, poca cosa. Un sujeto desgraciado, en ambos sentidos, que me hubiera encantado que lo psicoanalizara usted-aún no siento un comecocos-pues tenía todos las papeletas de la rifa para ser infeliz,… hasta el complementario y el reintegro. Creo que no nos es demasiado útil para nuestro estudio por ser lo opuesto a lo que buscamos.

-¿Miedos? ¿Remordimientos? ¿Narcisismo extremo? ¿Megalomanía? ¿Sin objetivos futuros ilusionantes? ¿No le enseñaron el valor del esfuerzo?-Russell volvía a preguntar pipa en boca, manos a la espalda, mirada al suelo y caminando sin rumbo sobre el sotobosque.-“No existe nada más perjudicial para la felicidad y la eficiencia que una persona enfrentada a sí misma”.-Añadió después de su batería de preguntas cortas.

-Todo, todido. Además, a pesar de las dramáticas circunstancias, minutos antes de suicidarse no desaprovechó la ocasión de “presumir de su desgracia”; lo que el humano que usted representaba llamaba “infelicidad byroniana”. Muchos infelices presumen de ello, como hace la gente que duerme mal; como yo, por ejemplo.-Roberto, que había permanecido en silencio proclamó:

-Yo también duermo fatal desde que llegue a este planeta verdoso, o eso es al menos lo que dice mi cuaderno de bitácora. Despertarme con taquicardias en medio de la noche se ha convertido en un hábito. Ya me sé de memoria las nuevas constelaciones que se dibujan desde este planeta. Preciosa, por cierto, la que tiene forma hexagonal. Malditos ciclos circadianos…

-Olvida los esos ciclos: Todos los “felices” lo hacemos, querido Roberto.-Sorprendió Odisea Lewisburg, atándose una de sus botas distraídamente.-Todos los “infectados por ese extraño virus” tenemos noches… moviditas.-Ella, tras terminar su lazada, quería rematar su golpe de efecto:-La Constelación del Hexágono cruza de sur a norte el firmamento nocturno verdiano y tiene en su centro una poderosa estrella de primera magnitud, llamada Eratóstenes C218. Estoy harta de contemplarla todas las noches, durante mis desvelos. La pista me la dieron el agricultor y el robot del aerotaxi.

-Explíquese, si es tan amable. Luego les diré algo al respecto.-El filósofo y matemático parecía tan sorprendido como el neurobiólogo Roberto Lee. Ella se levantó y paseando por la explanada, hasta ese momento reservada a Neo-Bertrand Rusell, habló con las manos enfundadas en los bolsillos de sus shorts.

-Del “hombre-kiwi” hablaré poco: Jamás conocí a un ser humano tan incombustiblemente feliz cuya vida fuera, al tiempo, tan extraordinariamente patética. Hay gente que lo tuvo todo y murió desgraciado y este espécimen no tenía apenas nada y, sin embargo, era el hombre más feliz de la Vía Láctea y parte de Andrómeda. Era como Santa Teresa de Jesús pero con hábitos de peto azul, azada por cruz, y como credo místico el kiwi en todas sus facetas imaginables. Era digno de estudio, de que lo matáramos y le hiciéramos el cerebro lonchas, como a  Albert Einstein, pues nunca vi nada igual. Sea lo que sea lo que nos hace felices él lo poseía a la n-ésima potencia, en dosis cósmicas. Por cierto, y en lo que quiero poner el acento, …:¡ él también dormía rematadamente mal ¡  Sin ningún género de dudas, si no resolvemos pronto el enigma será el candidato numero uno al que tendremos que diseccionar,… si hace falta literalmente. En fin,-suspiró la periodista, resignada-supongo que lo más trágico de todo este asunto es que me quedé sin cesto de trans-kiwis por las prisas, tras la explosión de la bomba en la Torre Polivalente.-Tras la tontería se arrellanó en su asiento y por una vez puso el gesto serio:

-…Por otro lado,…el androide: cuando le pregunté si era feliz, casi por inercia (esta mañana sólo me falto preguntárselo a mi cafetera) me suministró una respuesta sorpresiva. Lejos de los tópicos de “no puedo sentir nada humano” o “me agrada realizar bien mi trabajo por lo que tendría entonces una sensación equivalente” me dijo algo imprevisto: Me dijo directamente que no, que no era feliz. Su software de lógica difusa había asimilado el concepto de felicidad “cartografiando” el sumatorio de todos los rasgos de los sujetos que se subían a su taxi,… y que le trataban especialmente bien, con suma cortesía. Me dijo que no podía ser feliz porque no tenía boca.

-¿Boca?-el único hombre material del ámbito abrió la suya después de citarla, en señal de asombro.

-Boca. Los androides de clase gamma sólo disponen de una rejilla en su cara que hace las veces de salida del altavoz interno. No disponen de una boca para bostezar, que es el gesto que realizaban muy frecuentemente los pasajeros que el robot consideraba felices. No quiere decir que no lo hicieran los amargados, los cabreados o lo que tuvieran un “coeficiente de felicidad” normal. Nosotros bostezamos…

-…Un 26,45 % más que los demás individuos. Yo también he hecho los deberes: Ese era el dato que quería darles. Ustedes dos me pusieron ayer sobre la pista al incidir en el concepto “por la mañana”…y bostezar varias veces, inadvertidamente.- Concluyó Russell.-Bien…, establezcamos, si les parece, una cadena de silogismos: Ustedes bostezan más porque…duermen mal…, y duermen mal…?

-¿…Por qué somos indecorosamente felices y tenemos remordimientos? En fin, no creo que la respuesta correcta vaya en esa dirección. Sí puedo aportar a “la causa” los nuevos datos obtenidos en mis últimas pesquisas-Roberto blandió su ordenador de bolsillo y reveló:-Esta vez trataré de ser inteligible: Los niveles de…-y miró a Odisea guiñándola un ojo-de sustancias euforizantes decrementan a lo largo del día, repuntando en los sujetos analizados tras…

-…su reglamentaria siesta-remató la periodista.

-Así es.-corroboró el médico.

-Evidentemente algo les sucede mientras que duermen que les carga de…felicidad. La actriz austriaca Romy Schneider, nacida en 1938, dijo: “Es una pena que la suerte no se pueda almacenar”. De hecho si hubiera sido así ella misma hubiera aplicado algo de lo guardado antes de suicidarse en 1982.  Esta máxima también sería aplicable a la felicidad que de ella se deriva, aunque lo que estamos descubriendo podría contradecir esta afirmación. Por así decirlo es como si sus baterías neuronales admitieran un día verdiano de autonomía, siendo indecentemente felices,-parafraseando al doctor Lee-…hasta descargarse al caer la noche. Como hemos acotado la singularidad al cerebro humano-que él tan bien conoce-parece obvio también que algo de lo que le sucede a ese órgano durante ese estado-durmiendo- es la clave del asunto.

-Soñar…Soñamos… Algo sucede mientras soñamos… O precisamente lo qué soñamos nos hace “gravitar” al día siguiente sobre Mundo Verde sin necesidad de velocípedo, ni nada…-Odisea pensaba y hablaba al tiempo, recomponiendo de esa manera los fragmentos dispersos de la información que tenía desordenada en su cabeza.

-Hace siglos que se sabe que la actividad cerebral nocturna de cada individuo es específica de él, que los patrones se repiten una y otra vez de forma cíclica. De hecho dicha certeza científica se utilizó en la Tierra como huella personal electromagnética, tan precisa como la genética; dichas radiaciones en forma de onda registradas en las polisomnografías no engañan. La capacidad onírica es consustancial al ser humano hasta el punto que comenzamos a hacerlo aun siendo fetos, curiosamente, ya en el seno materno.-Entonces, Roberto Lee tomó la alargada hoja de un trans-castaño y con ella en mano dictaminó la conclusión de sus disquisiciones:- Bueno, supongo que el siguiente paso será registrar toda esa actividad onírica en diferentes individuos y cruzar los datos en un ordenador cuántico.-Pero torció el gesto en cuanto calibró la magnitud de la empresa.-Meses de trabajo, me temo, para que los resultados arrojen datos fiables. El estudio debería realizarse en un amplio grupo de individuos para que sea significativo.

-No hay tiempo para eso-Terció la imagen tridimensional de Bertrand Russell.-Para entonces puede que de este mundo no quede ni la leyenda del pobre B-19.

 

* * *

-En cuanto a la primera pregunta, se me está ocurriendo algo. ¿Recuerdas que, se cuenta que hace varias centurias se perdieron cinco Naves Terraformadoras? Las computadoras fallaron y la Tierra perdió billones de créditos. La primera fase de una de aquellas misiones debió de aterrizar en este planeta. Por alguna razón que desconozco, algún o algunos robots de la segunda fase, esos a los que aludes, se incluyeron en el cargamento inicial.

…-Eso tiene bastante sentido- el Explorador miró a su compañera con la apremiante necesidad de preguntarla.-Bien. ¿Qué me dices entonces de la segunda cuestión? ¿Dónde están los robots?

 Buscaron infructuosamente durante un rato. No tardaron en sentirse un poco desanimados. La joven afirmó:

 Teníamos que haber encontrado restos de algún tipo, suponiendo que lo que haya construido todo esto no haya salido del perímetro.

-No tiene porque ser así. Es muy posible que un cerebro cuántico tan arcaico sufra importantes averías: de hecho es muy probable que se haya vuelto, por decirlo de alguna manera, “loco”. Pudo haber vagado por el planeta hasta que le fallara la energía.

-Pero hacer eso iría en contra de la preprogramación de todos los robots de autopreservarse.

-Es cierto,- el tono del hombre reflejaba cierta inquietud-pero considera que no buscamos a robots normales. Primero porque debe haber transcurrido mucho tiempo desde que aterrizaron aquí y, recuerda que antes los cerebros artificiales no estaban preparados para funcionar varios siglos de forma correcta. Segundo porque además de esta mal función, habrá que añadir la que tuvieron desde un primer momento al experimentar una situación no programada.

-O sea, que buscamos a robots neuróticos, paranoicos o esquizofrénicos en primer grado, o restos de ellos.

-Es una forma de decirlo..muy humana. A mi me gusta más, cerebros cuánticos defectuosos y con importantes desequilibrios energéticos.
 


* * *

X

-Dormimos mal…porque hay algo convulso, inquietante, quizás sórdido, con lo que soñamos…los felices “incondicionales”. ¿No parece eso una contradicción? Si vuestra teoría es cierta, ¿no deberíamos tener fantasías oníricas de carácter bucólico, almibarado, idílicas,… y eso es lo que nos “recargaría” para el día siguiente?-El neurobiólogo Roberto Lee tenía una forma de razonar pitagórica, lineal, ortodoxa. Necesitaba urgentemente un proceder oblicuo, heterodoxo, como el de la periodista Odisea Lewisburg a la que miró suplicante.

-Bueno, no necesariamente. Mmmh, no sé porqué pero intuyo… No sé hay algo…que no soy capaz de darle forma. Si tú leíste a Faulkner durante tus años mozos de universidad yo anduve desperdiciando los míos con los simbolistas franceses del siglo XIX. Todos tenemos un pasado turbio, lo admito. Un tal Rodenbach dijo algo relativo a la felicidad y que trato de recordar desde ayer,  desde que analizamos las citas que seleccionaste, ...y creo que nos ayudaría…

-Haberlo dicho antes, señorita Lewisburg.-La chica había olvidado que tenían delante la base de datos más fabulosa jamás concebida, disfrazada de holograma de premio Nóbel británico. Pausado, casi parsimonioso, éste sacó la pipa de su boca y se acercó hasta ellos dos, hasta que pudieron ver a su través-Por los datos que poseo, al prohombre que represento le gustaba mucho más Arthur Rimbaud, por su ingenio, pero en fin.... Bien,-el fantasma virtual impostó la voz e hizo exactamente algo para lo que el software que lo gobernaba fue concebido. Parecía muy satisfecho con sí mismo:-El belga George Rodenbach, aunque unido al movimiento de los simbolistas galos, dijo muchas cosas relativas a la felicidad e incluso probablemente él mismo lo fue, feliz me refiero, durante un espacio de tiempo indeterminado. Pero quizás el pensamiento más significativo que, al tiempo, se pueda condensar en una cita fue este:

 

SÓLO SE DISFRUTA DE LA FELICIDAD
 COMO DE LA SALUD,  POR CONTRASTE.
 GEORGE RODENBACH

 Y las palabras gravitaron hasta su posición, atravesándoles, como una cortina de humo. La chica gritó, pero no por ser lacerada por las aristas de las letras que las componían, sino de emoción:

-¡¡¡Sí, síiiiiiiii!! Esa es la cita que rebuscaba en algún pliegue de mi grasiento cerebro. Señor Russell, si estuviera compuesto por quarks le daría un beso enorme. Exacto. Esa es la “frase-pegamento” que une todas las ideas que tenía dispersas por mi azarosa mente: ¡¡Soñamos, tenemos pesadillas terribles, y ello nos impele al día siguiente, nos catapulta a un estado eufórico durante todo el día !! ¡¡ Por contraste !!, como decía el amigo Rodenbach. La felicidad es algo totalmente subjetivo. En un mismo contexto una persona puede estar rebosante, pletórico de gozo o por el contrario sumido en el más terrorífico de los infiernos. La felicidad depende, en muchas ocasiones…

-…de lo anteriormente vivido.-Completó Lee.-Cuando uno ha sufrido durante mucho tiempo una situación tremendamente adversa y, de repente, ésta desaparece, tiene muchas cartas para ser feliz, al menos a corto plazo. Siento decirte, querida, que estoy completamente de acuerdo contigo. Eso, en principio no tiene que ser malo. Pero continúa, por favor…-Pero el tercer ente en discordia, aunque no estuviera compuesto por los pequeños ladrillos que conforman los átomos y por tanto jamás pudiera ser besado por mujer, hombre, animal, androide o cosa alguna, no quería quedarse al margen:

-Un momento, un momento, señorita…, si me permite, caballero…-Roberto asintió risueño, casi tan emocionado como la periodista. El matemático virtual preguntó:

-¿Y qué es lo que sueñan, si puede saberse? ¿Qué delirio onírico, qué pesadilla terrorífica, tiene el enorme poder de impelerles a su glorioso estado a la mañana siguiente de soñarla? Deduzco que, si la señorita Lewisburg está en lo cierto, de esa respuesta depende parte de la resolución de nuestro enigma. Todo esto significaría que los “felices” soñarían algo con lo que los “infelices”… no. Así de sencillo. Así de complejo, según el prisma con el que se contemple.

-Yo no lo recuerdo. Nunca he recordado mis sueños-admitió ella sentándose en la mesa de madera de cerezo y apoyando sus botas en el banco. Parecía decepcionada.-Sólo puedo decir que son violentos, desordenados, asimétricos, turbulentos…, como una terrible tormenta marina en el más grande de los océanos.

-Yo me temo que tampoco, señor Russell, no suelo hacerlo aunque la sensación resultante es parecida a la de mi querida compañera de viaje. En principio los sueños “se desbaratan” a los pocos instantes de despertarnos, salvo algunos. Esto tiene que ver por el mismo objeto que se les presupone, consolidar los recuerdos de lo vivido durante el día, reelaborar y ordenar la información obtenida, incluyendo todo lo aprendido. Es como si mientras durmiéramos cada recuerdo se guardara en su estante correspondiente y se tirara a la papelera lo irrelevante…¡¡como los propios sueños!! Por eso algunas personas suele recordar apenas un porcentaje ínfimo de ellos. Ojo, que pienso que si se le formulara la misma pregunta a otros “afortunados” es muy probable que sí recordaran sus sueños, sobre todo si son reiterativos, como parece.

 La imagen de Bertrand Russell parecía disfrutar con ese ejercicio de logomaquia, cautivo el resto del tiempo en las matrices cuánticas que lo componían, en la Gran Biblioteca de PegasusGreen. Habló afilando su mirada con lucidez:

-Sí, yo también estoy de acuerdo y pienso que algunas personas sí recuerdan sus sueños, aunque me temo que no ustedes. Ahora que lo dicen tengo constancia de algunos muestreos en ciertos mundos terraformados y posteriormente colonizados. Especialmente en alfa Eridanus b, ro Berenices f y épsilon Lyns e, se concluyeron sendos estudios de patologías del sueño. Las conclusiones, en esencia, coincidieron dictaminando finalmente que las alteraciones del sueño en una parte de los colonos obedecían a trastornos de origen nervioso y gravitatorio (por su diferencia de peso), en ese orden. A veces sucede: De datos ciertos, en este caso que un porcentaje importante de los emigrantes extrasolares duerme mal, se pueden extraer datos, conclusiones, causas erróneas o al menos, parcialmente incompletas y, por lo tanto, inexactas.

-Supongo que se ciñeron a una muestra de individuos con trastornos del sueño y nadie cayó en la cuenta en preguntarles si eran felices a pesar de todo o con qué tenían pesadillas, o siquiera si las tenían. Si lo hubieran hecho quizás les hubiera sorprendido el anómalo porcentaje y la posible coincidencia... Supongo-y rompiendo una lanza en el favor de los muñidores del estudio-era difícil puesto que…¡la gente infeliz también suele dormir mal!

-Bien, señorita, caballero.-Proclamó circunspecto la imagen entre las trans-hayas-El misterio lucha por salir de sus mazmorras y, como decía antes, es crucial que sepamos el objeto, en qué consisten exactamente sus tormentos oníricos. Ante su bloqueo para recordar les sugiero que abordemos el problema desde otro ángulo, otra derivada. Quizás si la resolvemos el motivo de sus pesadillas emergerá por sí sólo.

-Dispare, forastero-Volvió a inquirir el neurobiólogo, con la misma expresión empleada en el navío estelar que le trajo a Mundo Verde, en aquella ocasión con la robótica azafata. También existía otra diferencia: Ahora no lo decía forzado. Ahora Roberto Lee, a pesar de la muerte de su esposa, de hallarse a 42 años luz de su planeta, a pesar de todo, ahora era indecentemente feliz.-Por cierto, ¿quién tiene hambre?

* * *

-O sea, que buscamos a robots neuróticos, paranoicos o esquizofrénicos en primer grado, o restos de ellos.

-Es una forma de decirlo…muy humana. A mi me gusta más, cerebros cuánticos defectuosos y con importantes desequilibrios energéticos.

B-19 llegó, por fin, a las inmediaciones de la nave exploradora. Se movía con manifiesta torpeza. Ellos no le vieron hasta encontrarse a escasos metros de él.

-!Ehh! ¿Qué es eso? Parece...

-!Sí! No puede ser más que...

-Pero si está hecho un amasijo de hierros. Espero que no sea peligroso.

-!Bienvenidos, humanos!

Ellos le miraron sorprendidos manteniéndose a una prudencial distancia. Tras el primer vistazo pudieron comprobar que su aspecto, vagamente humanoide emulaba de forma tosca, el cuerpo de sus creadores.

-! Hola...!

-! Hola...!

El androide habló de nuevo:

-Os he esperado largo tiempo y se que sois Los Enviados para traerme lo que deseo- B-19 había ansiado con todas sus fuerzas la llegada de ese día.

-¿A...a qué te refieres..?-logró articular la joven.

-¿Pero...? ¿Cómo te atreves a decir esas palabras dubitativas?-la voz era neutra, carente de entonación.- Cuando digo que debéis haber traído lo que quiero me refiero, por supuesto, a otro compañero para que juntos podamos obtener pequeños B-19. Yo estoy muy viejo por lo que ellos podrán ser los nuevos señores del Planeta, y sentarse de nuevo en el Trono Real al cual yo ya no puedo acceder-dijo el robot señalando una singular roca rojiza con la forma de un enorme asiento.

El temor inicial de los jóvenes había desaparecido al verificar el desafortunado aspecto del robot. Dicho aspecto contrastaba antagónicamente con las grandilocuentes palabras que a duras penas pronunciaba.

-Entonces...-el hombre parecía ahora divertido-...si he entendido bien...tú eres el Señor de este Planeta, ¿no es así?

-¿Aca...du...? ¿Acaso lo dudas?-el altavoz falló inicialmente por lo que tuvo que repetirse para hacerse oír.- Yo creé este mundo junto a todos los seres que habitan en él.

Los jóvenes Exploradores se miraron desconcertados. En su interior predominaron los sentimientos de lástima sobre los de burla.

-Pobrecillo- Ahora los ojos de la mujer aparecían brillantes- Creo que no tenemos nada que temer. ¿Como podríamos ayudarle?

XI


 
  La tarde parecía estirarse de forma milagrosa, respecto de las que estaban acostumbradas en la Tierra. El perfil de la inmensa cordillera del NeoHimalaya se recortaba en aquel espacio vespertino con el horizonte despejado,-a diferencia de la tarde anterior-donde se abría tímidamente la pequeña explanada en la que “conspiraban”. Sus picos afilados se elevaban hasta alturas imposibles, liliputizando incluso al majestuoso Monte Olimpo marciano que, por diferentes motivos, tan bien conocían Roberto y Odisea; Él, por ser destino turístico frecuente en sus años de estudiante en la Universidad de Marte. Ella, por erigirse en la cúspide-nunca mejor dicho-de su carrera profesional, en la retransmisión en primera persona y a todo el orbe de la “noticia del siglo”-su ascensión y coronación de un nuevo Edmund Percival Hillary.

 Bebieron y comieron, en un merecido descanso neuronal, como lo calificó el médico. El ente virtual declinó la amablemente jocosa oferta de ella de compartir las viandas, caminando reflexivo en la prisión en la que estaba cautivo, entre los láser proyectados dentro del círculo que formaban las trans-hayas. Cuando hubieron terminado el festín la imagen del filósofo y matemático retomó en el punto exacto en que se habían quedado, antes de la interrupción. Sólo pronunció una palabra pero ésta provocó un maremoto de ideas con grandes olas de inspiración:

-Hibernación.

-Hibernación o criogenización, sí.  Todos los no nacidos aquí pasamos por ese trance, por esa tesitura, cual pescado ultracongelado del cibermercado. A mi querido Roberto no le apetecía demasiado meterse en la nevera así que se puso un poco nervioso. Luego se dio cuenta que sesenta años no son nada, reinterpretando el antiguo tango; lo cierto es que estuvo muy brillante cuando lo sacaron de la hielera, diseccionando la nueva realidad con la precisión del neurocirujano…que en verdad era.

-Odisea, rencorosa y gracias, respectivamente. No puedes callarte…ni hibernada. Pero centrémonos un poco. –Y mirando al viejo cuántico de la pipa-¿Qué es lo que desea saber exactamente?

-Los datos de los que dispongo me indican que la actividad cerebral de un ser humano hibernado es cero. ¿Es correcto? ¿Cuál es la temperatura a la que descienden sus cuerpos en ese estado? Mi información es contradictoria pues me temo que no está debidamente actualizada. El la Red Universal los datos también son dispares…ya saben.

-Bien.-Ahora iba a ser el neurobiólogo el que iba a disfrutar-Por orden le diré que efectivamente, la actividad cerebral es nula, por definición: Como antes comenté la criptobiosis conduce al individuo a la muerte clínica o electroencefalograma plano. Por otro lado entiendo la disparidad de datos, pues la temperatura de criogenización ha ido cambiando con el tiempo. Antiguamente se preservaban cuerpos en nitrógeno líquido a 196º centígrados bajo cero, pero tan baja temperatura era demoledora para los órganos vitales del organismo.

-Es decir, que para aquellos valientes pioneros aquel fue un viaje con un billete de sólo ida. O al menos muchos de ellos, ¿no?

-Efectivamente, Odisea. Tras múltiples tentativas durante décadas, afinando a su vez con las sustancias criopreservantes-imitando, por cierto, procesos análogos animales-, actualmente la temperatura más extendida es la de 266º kelvin, es decir, unos 7º centígrados por debajo de cero, sumergiendo los cuerpos en dióxido de azufre en estado gaseoso.-El doble de Bertrand Russell parecía muy interesado, por lo que se acercó al que hablaba, extrajo la pipa de su boca y blandiéndola afirmó:

-Bueno, eso es lo que se denomina Hibernación a Moderada Temperatura. ¿No es así?

-Así es. Se utiliza ácido sulfhídrico como termorregulador así como variantes opiáceas de la encefalina. El gradiente térmico y, sobre todo, la velocidad en recorrerlo de ambos procesos-hibernación/deshibernación-son las claves del proceso. Dos coma cuatro grados centígrados minuto, en la primera fase del crio-procedimiento, evitan la formación de cristales que pudieran destrozar los tejidos y, en general, dañar la microarquitectura celular. La baja, pero moderada temperatura de 266 kelvin del dióxido de azufre en estado gaseoso que conserva los cuerpos fue crucial para evitar la formación de hielo en exceso,  y como digo, de cristales que pudieran destruir los tejidos cerebrales, por ejemplo.-La chica fruncía el ceño manifestando su incomodidad por la conversación:

-Un momento, un momento. No sé si sus axiomas cuánticos se dirigen por esos derroteros pero si pretende establecer un distingo entre la forma de asimilar esas sustancias-esos crioprotectores y termorreguladores que cita mi amigo-por los diferentes colonos, ha elegido un camino equivocado. Ya está estudiado y comprobado que ese no es el factor que…-pero ciento cincuenta mil volúmenes enlatados, gobernados por un poderoso microprocesador cuántico, con la imagen del Nóbel galés Bertrand Russell como interface, iban a ser la única fuerza del universo capaz de detener la brillante verborrea de la locuaz periodista Odisea Lewisburg. Sereno, proclamo:

-…Ya lo sé. Mi línea de razonamiento discurre por otro cauce, señori-ta-Ella creyó percibir cierto rin-tin-tín en la última palabra nominativa del ser virtual, lo que provocó que sus cejas se fruncieran un poco más sobre sus párpados y sus brazos se cruzaran involuntariamente,… sobre todo tras escuchar de fondo la risa contenida del neurobiólogo. –Y ahora le preguntó, señor Lee,…: Perdone que insista pero, ¿es totalmente imposible que los cerebros conservados a esas “moderadas” temperaturas no retengan una mínima actividad electroquímica…, califiquémosla así, …residual?-La pregunta, nunca mejor dicho, dejo a ambos…¡helados!

-Mmmh, no lo sé, ahora me hace dudar-Lee estaba un poco desconcertado-En principio, y como ya le he argumentado antes, no, sería…imposible-pero en neurólogo dijo la palabra “imposible” dos octavas más bajo que las del resto de su frase, como si no se atreviera a poner la mano en el fuego por su propia afirmación.-En cualquier caso, no hay forma de comprobarlo.

-Explícate, por favor-La periodista, ya recobrada de su orgullo herido, estaba tan inquieta por el desarrollo de la conversación que ni siquiera iba a sazonar su petición con ningún comentario mordaz.

-Las cámaras no están programadas para medir la actividad electroencefálica de los humanos hibernados precisamente porque se da por hecho que sería inútil, que sería totalmente plana durante la criogénesis. En otras palabras, que dentro del crio-protocolo el sofware no tiene programada esa directiva de monitorizar los cerebros, por innecesaria. Su misión es mantener constantes la temperatura, y asegurarse del óptimo estado de los crio-preservantes, desde el punto de vista químico. Nada más.

-Bien, entendido, pero dígame doctor… si esas máquinas funcionaran durante el proceso de criptobiosis-como lo ha denominado-, y existiera la más remota actividad cerebral…¿qué es lo que detectarían?

-Pues depende. En estado de vigilia emitimos lo que se denomina ondas beta si tenemos actividad y alfa, dotadas de un patrón regular, si estamos muy relajados. Una persona hibernada no está ni despierta ni dormida aunque supongo que en el remoto caso -subrayó haciendo una pausa excesivamente larga- que el cerebro tuviera alguna actividad pienso que su perfil encefalográfico se parecería más al de una persona durmiendo. A medida que nos vamos alcanzando ese estado poco a poco las ondas theta toman el lugar de las primeras. No quiero aburrirles pero diré que dichas ondas cerebrales oscilan en esta fase con una frecuencia de entre 2 y 7 hertzios.-La conversación tenía tan abducida Odisea que estaba siendo mordaza ante su locuacidad desbordante, como lo fue anteriormente las palabras del sabio cuántico. Estaba deseando saber a dónde, exactamente, quería éste llegar.

-Bien, bien, bien, doctor Lee. Muy interesante esto con lo que nos ilustra. Evidentemente yo también tenía acceso a esos datos pero, lo más importante de esta conversación no son éstos, sino sus matices, sus observaciones personales. Su opinión, en una palabra. Además, desglosando esta información de viva voz la señorita Lewisburg puede conocerla y, a su vez, opinar al respecto.-Esta frase fue el catalizador semántico que ella estaba esperando. Rompió su hermetismo para preguntar al neurólogo, seria por una vez:

-Roberto, ¿recuerdas lo que le pregunté a la azafata antes de que nos hibernaran? Yo tengo el recuerdo entre nebulosas pero creo que fueron las últimas palabras que pronuncié en sesenta años.

 Entonces el neurobiólogo Roberto Lee sonrió ampliamente y comprendió. Su sonrisa era la más deslumbrante que Odisea Lewisburg jamás le había visto.

-¡Lo recuerdo! Piensa que yo tomé el narcótico después que tú y, ante idéntica dosis, tardó todavía más en hacerme efecto debido a mi superior peso corporal.

-Bueno, ¿a quién hay que sobornar para que me digan cual fue la famosa pregunta?-Entonces ambos rieron, nerviosamente, quizás porque intuían que estaban a punto de resolver el enigma, o al menos parte de él. El holograma también parecía nervioso apurándoles para que le desvelaran esa información.

-Bien, señor Russell: Durante el viaje a este planeta, a este Mundo Verde, la señorita Lewisburg-justo antes que nos hibernaran- preguntó a la azafata artificial, que si no recuerdo mal se llamaba XTina y vestía…

-Es usted malo, señor Lee. Quince segundos para ustedes es la eternidad para un microprocesador cuántico de n-núcleos, como es el caso. Que me tienen en ascuas, vamos. Si fuera material me estaría comiendo las uñas y empezaría a esnifar algo fuerte. No sé, pegamentos industriales, quizás…-No cabía duda que el holograma aprendía rápido.-Dispare ya, forastero.

-Ella preguntó si soñaríamos durante la hibernación,… a lo que la diligente XTina respondió negativamente. Odisea y yo hemos sonreído al comprender que quizás…

-…que quizás ella se equivocó.-concluyó la periodista.

-¿Están sugiriendo que…?-Preguntó asombrado el holograma de Bertrand Russell. Pero en perspicacia Odisea Lewisburg era campeona de ese cuadrante de la galaxia, tanto en pista cubierta como en el exterior.

-Venga, amigo vaporoso, no se haga el humano. Usted lo sabía desde el principio y no ha hecho otra cosa que conducirnos de la manita hasta aquí gracias a las cuestiones que le planeaba a Roberto.-Entonces el gesto de incredulidad del holograma mutó lentamente, casi de forma escalofriante, hacia otro más sereno, más inteligente, que denotaba la sabiduría que encerraba detrás de su afable aspecto. La metamorfosis del Doctor Jekyll a Mister Hyde duró diez eternos segundos, casi en tiempo de proceso cuántico. El “monstruo” intelectual habló:

-Sí, efectivamente. Creo que la clave del asunto está en los sueños, o en los vestigios de sueños que ambos-y todos los “afortunados”-tuvieron en el transcurso de su hibernación. La ensoñación puede producirse en cualquier fase del sueño, pero la más intensa es en la fase REM, o fase del “rápido movimiento de los ojos”, en la que el cerebro, esencialmente, emite ondas delta de amplitud elevada y existe una atonía muscular completa. ¿Estoy en lo cierto, doctor?

-Sí, pero a falta de un oculograma es imposible saber si una persona hibernada a 7 grados bajo cero puede sumergirse en una fase REM. Es más, opino que no, pues a esa temperatura los fluidos oculares permanecen semicongelados, a pesar de los criopreservantes. Bueno, de hecho, de eso se trata, para que no envejezcan los tejidos y, por ende, nosotros.-La chica se atusó su largo pelo negro y enfocó su verde mirada hacia la imagen tridimensional:

-Sí, pero ha dicho que la ensoñación puede producirse en cualquier momento del sueño, no únicamente en fase REM.

-Sí, así es-Y claudicando finalmente el médico afirmó:-Admito que sí, que quizás el cerebro humano podría tener una remota actividad residual electroquímica durante el proceso de criogenización o hibernación. Lo que sucede es que si esto fuera cierto dicha actividad sería extraordinariamente tenue, sin duda…

-Sí, querido, pero a pesar de esa insignificante intensidad, y en nuestro caso, sesenta años es mucho tiempo con una ligera actividad.-La chica se levantó y puso sus brazos en jarras, desafiante. El neurólogo estaba realmente intrigado. Ambos intuían que estaban a final del túnel. De hecho pronto la luz de la razón-como diría Bertrand Russell-les deslumbraría.

-¿Qué quieres decir?

-Pues es sencillo: Si tenemos algo durante sesenta años pululando por nuestras neuronas es muy probable que ello…haga mella, que permanezca, vamos. Roberto, -y ella le miró intensamente, como no lo había hecho nunca.-haz tú los honores: Dibuja el penúltimo eslabón de la cadena de silogismos que nos sugirió nuestro amigo el holograma.

-¿Quieres decir qué esas tenues corrientes eléctricas entre las neuronas de un humano hibernado se grabaron de algún modo en nuestro subconsciente,-aunque fuera no por intensidad sino por repetición a lo largo de un amplio espacio de tiempo-y ello es lo que nos conduce a…tener pesadillas?  Dichas pesadillas nos harían dormir fatal pero, al tiempo y por contraste, harían de nosotros personas…¡indecentemente felices! ¡Dios mío! ¡Claro! Todo encaja.

-Todo encaja a la perfección, señorita, caballero-Confirmó el sabio virtual, que en los últimos minutos había guardado un respetuoso silencio.-Enhorabuena: Han resuelto el enigma. Sólo quedaría por determinar el objeto de esos pensamientos o tenues sueños que tendrían durante la hibernación y porqué unos colonos los poseen y otros no.-La fracción cuántica de un reflejo de lo que fue el superlativo filósofo y matemático británico, Nóbel de literatura en 1950, Bertrand Russell, consultó de nuevo su reloj de bolsillo y dijo:-Ahora he de irme, aunque lo hago muy satisfecho, la verdad. Anatole France, escritor francés de  finales del siglo XIX, comienzos del XX, dijo al respecto de la felicidad que…”la vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta ignorancia”. Espero que conocer el secreto de su felicidad superlativa, precisamente, no acabe con ella. Señorita Lewisburg, señor Lee…un placer, un honor.

 Y simplemente desapareció dejando flotando en el aire los últimos interrogantes del misterio. Los láser sitos en el perímetro arbóreo se desactivaron automáticamente y los dispositivos implementados en ellos dejaron de emitir el gas fotosensible.

-Vaya, no nos ha brindado ni la oportunidad de darle las gracias.-protestó Odisea. Su superlativa felicidad parecía que estaba, en esos momentos, atacada por todos los flancos emocionales, erosionando las tropas invisibles que habían trepado aquella mañana a la acrópolis de su intelecto. Y era así quizás porque desentrañar el misterio no implicaba necesariamente…

-Mmmh, me temo que desentrañar el misterio no implica necesariamente que podamos hacer algo al respecto.-El neurobiólogo Roberto Lee también parecía decepcionado- Quiero decir, que conocer con precisión porqué unos colonos extrasolares somos incondicionalmente felices no quiere decir que podamos trasladar dicha felicidad a los demás y…

-…Y por tanto evitar la escisión de las sociedades de los planetas colonizados en dos facciones diferenciadas. Yo tampoco estoy segura que el conocimiento nos evite convertirnos en los “Eloi” fagocitados por los “Morlocks”.-Concluyó la periodista.

* * *

 

Los jóvenes Exploradores se miraron desconcertados. En su interior predominaron los sentimientos de lástima sobre los de burla.

-Pobrecillo- Ahora los ojos de la mujer aparecían brillantes- Creo que no tenemos nada que temer. ¿Como podríamos ayudarle?

 

-Me parece que de ninguna manera. Quizá lo único que podemos hacer es procurar que perdure su recuerdo en los hombres que colonicen este planeta, este…¡ Mundo Verde ¡ Al fin y al cabo él ha sido el artífice de que la vida se haya instaurado en este mundo. Pero...ahora, -dijo cambiando el tono- yo diría que está apunto de desactivarse para siempre.

-Por vuestras palabras deduzco, forasteros, que no sois Los Enviados.

-Así es, no lo somos. Sin embargo, ya que estamos aquí, probablemente podamos hacer algo por ti.-Ella mintió de forma consciente; el patetismo con el que el robot realizara sus movimientos hizo que se apoderara de ella una profunda compasión.

-!No! No, ya es demasiado tarde. El Señor del Planeta se irá para siempre, pero no sin antes instar al Profeta para que pronuncie terribles maldiciones contra vosotros. Habéis profanado los Santos Lugares y merecéis el peor de los castigos.- El robot, con un tremendo esfuerzo, canalizó toda la energía que aún le restaba hacia el altavoz de su espalda:

-"...please hold me in your arms

and let me feel your lips..."

La voz de Ella Fizgerald quebró el espacio instantes antes de que el robot, como tal, dejara de existir. La última reflexión cuántica de B-19 también se realizaría a ritmo de jazz:

-"...before you go away
please let me try to say
how much I love
each move you make..."

 

 

EPÍLOGO

 

Enceladus me despistó, aunque no tomen esto como literal. Como ya saben amo en secreto al doctor Roberto Lee, y no me refiero que los celos nublaron mi juicio a la hora de desenmarañar el misterio más fabuloso desde el comienzo de la colonización espacial…no, no, no.  Olviden la etimología por un momento. Hablo de la luna sísmica de Saturno.

 Las rutas estelares tienen su punto de partida en dos lugares diferentes del Sistema Solar Sol, el nuestro, con el objeto de recibir un poderoso impulso gravitatorio al comenzar la singladura hacia una estrella distante. Hablamos de los dos grandes gigantes gaseosos-Júpiter/Zeus, soberano de los dioses o Saturno/Cronos, gobernador del universo, uno de los doce titanes, dios del tiempo. Mi nombre me predestina a conocer estos extremos mitológicos aunque las razones en la elección de uno de los dos planetas/lanzadores nada tiene que ver con Homero, siquiera son de tipo aeronáutico o astronómico o físico, sino comercial/turístico de las compañías que organizan los viajes interestelares. Qué prefieren contemplar, ¿el descomunal Júpiter, sus franjas infinitas, su brutal mancha roja, el convulso Ío…? …ó… ¿prefieren deleitarse con los inauditos anillos saturninos, la división de Cassini, la enorme luna Titán, …o la también convulsa Enceladus?

Sí. Efectivamente, lo han adivinado. Pesadillas violentas, desordenadas, asimétricas, turbulentas…, como una terrible tormenta marina en el más grande de los océanos, dije al ectoplasma virtual. Océanos de lava. Se me olvidó un adjetivo que quizás era el que definía con más exactitud la sensación de mis desvelos nocturnos.

 Ígneas.

 Pesadillas Ígneas.

 Si estás contemplando algo concreto durante las tres horas justo anteriores a tu hibernación….resulta que eres “víctima” de un fenómeno inaudito todavía no estudiado por la ciencia. Igual que un impacto visual, o psicológico en general, te hace tener una noche movida… ¿Se imaginan una noche convulsa de sesenta años seguidos? Sesenta años en el infierno, a pesar de su belleza, infierno, sí,… son muchos años. Si eso no deja huella en tu cerebro nada lo hará.

 ALGUNOS,  pasajeros, y sólo algunos, quedamos abducidos durante horas por la ceremonia magmática de la efervescencia de Ío (o Enceladus en el caso de Saturno), por los enormes géiseres ígneos de dióxido de azufre, por  su ciclópeo magnetismo de su sortilegio crepitante, por la belleza salvaje del enorme volcán Ra Patera que penetraba como un cuchillo afilado en lo más profundo de nuestras mentes, con nuestras narices pegadas a los cristales. Aquellos océanos de lava embravecidos quedarían impregnados para siempre en nuestras neuronas gracias a la Criogenización a Temperatura Moderada de nuestros cuerpos y de nuestras mentes, inmediatamente posterior. Luego, dichas imágenes, se realimentarían con las pesadillas de cada noche, después de ser descongelados, en nuestros planetas de destino, pues millones de puentes neuronales se grabaron a fuego, nunca mejor dicho, durante las décadas de animación suspendida, también denominada hibernación.
 
 Cuando uno sale de un infierno no le queda más remedio que ser…¡indecentemente feliz! Es la forma en la que funciona nuestra mente. Como decía George Rodenbach, somos felices… por contraste. Moraleja: No se puede ser incondicionalmente feliz si uno no ha sufrido previamente, si uno no ha conocido la infelicidad. Esto ha ocurrido siempre pero los viajes espaciales interestelares-por la necesidad imponderable de la hibernación-han tapado el fenómeno en toda su extensión, convirtiéndolo en una singular patología…¡inversa! Una patología, como dijo el holograma de Bertrand Russell, ya envidiarían las cuarenta mil generaciones de humanos que nos precedieron.

 Ahora me pregunto… ¿cuánto tiempo durará el influjo de Ío? ¿Todas nuestras vidas? No lo sé. Nadie lo sabe, claro. ¿Cómo podría? En fin, en el caso concreto de Roberto y una servidora se me ocurre algo que pudiera alargar tímidamente esa felicidad indecente, caso de que ésta se “gastara”. Decía Bertrand Russell, que el amor acentúa el resto de los placeres, que no sólo es fuente de placer sino que su ausencia podría ser fuente de dolor. Pues nada, cuando se nos acabe nos enamoramos un poco (recíprocamente, ¿eh?) y así disponemos de cuatro años suplementarios de felicidad.

 Queda por resolver qué hacer con esa fracción de nuestras sociedades, me refiero a las resultantes de la colonización extrasolar. Durante toda la historia humana la división social vino marcada por las diferencia de tipo económico o religioso. Más o menos igualadas las rentas aquí en el futuro humano y con la libertad de culto garantizada, es curioso saber que la escisión vendrá ocasionada por algo mucho más profundo: la felicidad o infelicidad humana, esa crucial dicotomía. Mientras los científicos estudian el fenómeno los políticos han ordenado a las compañías interestelares que cuelguen el cartel de “Prohibido no mirar”, para garantizar la felicidad de los que vengan, a partir de ahora. ¿Qué hacemos con los que ya está aquí? Su único delito fue girar la cabeza, ya ven. Que injusta es la vida, ¿no?

 A nosotros, a los afortunados,… el cada mañana emerger de los infiernos, con nuestras mentes envenenadas de un universo de matices carmesí, emerger de la pesadilla de los océanos de lava de Ío… ¡ nos hizo felices para siempre ¡ Por cierto, desentrañar el misterio destapó una carencia intolerable. Nuestra sociedad, avanzada en grado sumo, pero quizás sólo a nivel tecnológico y científico. La incomunicación, el exceso de individualismo, vuelve a ser la asignatura pendiente de la humanidad. ¿En qué me baso? Pues en lo que se tardó en resolver el enigma, de porqué algunos colonos eran felices de forma desbordante y otros no.

¿Qué tipo de sociedad es la que sus individuos no se cuentan recíprocamente sus sueños?

 

(c) Ramón Galí, 2.006


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