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MAGAZÍN UCRÓNICO DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA DEL MAÑANA
"Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes,
deberá acomodarse a frecuentes cambios"  CONFUCIO
 
FUTURE ADVENTURES - LOS OCÉANOS DE ÍO - TERCERA PARTE
 
 
Future Adventures
NOVELA CORTA
Io

BREVE SINOPSIS

Estación de Origen: Ío, quinto satélite de Júpiter, usado como lanzadera, aprovechando la fuerza gravitatoria del sistema joviano. Prohibido no mirar.
Estación Destino: Mundo Verde, a 42,3 años-luz de la Tierra. Planeta terraformado parcialmente; paraíso subtropical a distancia sideral.
Viajera: Odisea Lewisburg, periodista treintañera de principios rectilíneos y pensamientos penetrantes. No implantes neuronales, ni siquiera dentales.
Objetivo: Desentrañar el misterio que 'aqueja' al 30% de los colonos, una extraña enfermedad llamada...¡felicidad!
Armas Disponibles: Tozudez en grado sumo, inteligencia oblicua, sexto y séptimos sentidos altamente desarrollados tendentes al 'deja vù'. Belleza intolerable, sonrisa invencible.
Personaje Invitado: Bertrand Russell, filósofo, matemático y premio nobel de literatura 1950.

AVISO LEGAL

"Los Océanos de Ío ",al igual que todos los relatos, microrelatos, cuentos, novelas cortas y novelas de la sección Future Adventures está debidamente registrado, sus derechos de autor protegidos, y su plagio, total o parcial, sin citar nuestra web de Tiempos Futuros, está tipificado como delito. Para cualquier duda al respecto consultar el Aviso Legal.

Los Océanos de Ío

Autor: Voyager (o no)

 TERCERA PARTE: ¿QUÉ DIABLOS ES LA FELICIDAD?

IV

 El apartamento de Odisea Lewisburg le recordaba mucho al bungalow en el que pernoctó en una ocasión, en la ya muy menguada Costa Rica terrestre, aunque de dimensiones más reducidas. Las diferencias eran sustanciales en aras de una comodidad casi indecente: Los monos no te robaban la fruta, las libélulas no asustaban con su tamaño, los mosquitos no picaban y, al igual que el resto de organismos-insectos, animales salvajes-, ni siquiera, ¡existían! Sin embargo, la biodiversidad vegetal era espectacular y…¡transgénica! Sólo especies modificadas genéticamente podían subsistir en un mundo nuevo, que les obligaba a realizar sus ciclos clorofílicos con diferente cadencia, donde el sustrato donde se asentaban presentaba novedosas composiciones químicas, donde su proceso reproductivo carecía de cualquier impulso zoológico, donde el gradiente térmico diurno-nocturno era de treinta y cinco grados centígrados.

 La periodista tardó al menos dos meses en dejar atrás las molestias musculares debido al dilatado periodo de hibernación; los seis kilogramos menos, que la hacían casi levitar por el Mundo Verde, ayudaron en gran medida. Algunos colonos tardaban años en adecuar sus cuerpos tras la criogenización. Su pelo tenía una textura extraña, sin duda. ¿Sería el agua? Todavía, a pesar de las eternas jornadas de 18 horas había conseguido una sola noche dormir profundamente. Sus noches eran…turbulentas.

 Odisea armonizó su trabajo como redactora de la emisora local con sus pesquisas en pos del “Elixir de la Eterna Felicidad”. Estudió durante meses estadísticas de cincuenta colonias, incluida Mundo Verde, que desechaban más que confirmaban, razones religiosas, étnicas, climáticas, laborales, generacionales, geográficas, sociales, culturales como origen de esa felicidad desbordante de muchos colonos, ella incluida; lo cierto es que, a pesar de sus sobresaltos oníricos, jamás se había sentido tan pletórica. En su estudio, la combinación de varios de esos factores que barajaba parecía también descartada o eso es lo que le decían los ordenadores cuánticos a los que sometió dicho análisis. Evidentemente, en todas esas tablas se les escapaba algún parámetro fundamental. Decidió abordar el problema desde otro ángulo, al margen del meramente demoscópico: Introspección. Ella misma era un ejemplo viviente de la atípica casuística. Sabía que se enfrentaba a un concepto extraordinariamente opaco a los análisis y que, en la ímproba tarea de tratar de “desmenuzarlo”, había confluido una galaxia de sabios de todos los tiempos pasados…, sin alcanzar nunca ninguna conclusión concluyente; humildad ante todo, pensó.

  Empezó por poner encima de la mesa las pocas certezas que tenía al respecto: Siempre se había considerado una persona razonablemente feliz y, al parecer, en ello los seres humanos suelen ser uniformes a lo largo del tiempo, incluso después de terribles desgracias o increíbles golpes de suerte que modifiquen sus vidas. Por ejemplo, muchos estudios avalaban que después de resultar agraciadas con un cuantioso premio económico, en dos o tres meses tras la euforia inicial, las personas volvíamos a tener el mismo grado de satisfacción o insatisfacción antes de que nos hubiera sonreído la rueda de la fortuna. Ella, a un nivel más doméstico que científico, había considerado los cinco pilares clásicos como fundamentales para edificar sobre ellos el complejo edificio de la felicidad:

Pilares Clásicos de la Felicidad 

 Sin embargo, salvo el primero, crucial, los otros eran tan prescindibles como lo contrario y aquí, nada más empezar, la pretensión de establecer cualquier regla genérica estaba completamente condenada al fracaso: Ella, sin familiares cercanos, ni amigos (salvo Roberto Lee) ni pareja, por falta de tiempo, pero con una salud a prueba de bomba y un trabajo extraordinariamente satisfactorio se había hallado siempre en el lado bueno de la línea; eso sí, muchas veces caminando por la frontera y, a veces, yéndose de vacaciones forzosas al lado aciago. Sin embargo, su balance vital era más que positivo.
 Había conocido, sin embargo, a personas que aparentemente tenían todos los ingredientes del cocktail en su vida pero, tras agitarlo, su sabor les producía… amargura, sin visible razón alguna. Un psicoanálisis minucioso explicaría algunos casos: sentimientos de culpa, traumas infantiles, miedos-que se suelen generar también en la infancia-, envidias, ambición desmedida e insaciable. Otros quedaban sumergidos en el terreno bioquímico, esa entelequia inextricable, ese cajón de sastre donde clasificábamos todo lo que no entendíamos. Ella no pretendía obtener una fórmula mágica que ya intentaron tantos prohombres y brillantísimas mujeres que alumbró la humanidad. Simplemente quería poner una lupa de aumento en un aspecto novedoso del anhelado sentimiento desde la noche de los tiempos:
 
¿Cómo podían influir los procesos colonizadores en la felicidad humana?

 En esa línea de investigación, un dato incontestable era el siguiente: Los colonos del Sistema Solar Sol, los “emigrantes locales”, de la Luna, Marte, Europa (Júpiter) y Titán (Saturno), atesoraban en sus corazones la misma felicidad/infelicidad que los que quedaban en Tierra. El misterio residía sólo en aquellos que experimentaban el salto interestelar,… ¡aunque no en todos! En un tercio, aproximadamente. En ella, por ejemplo. Odisea Lewisburg siempre había sido aceptablemente feliz, pero desde que llegó a ese mundo una maravillosa sensación de éxtasis le invadía cada mañana y su efecto abracadabrante duraba hasta el crepúsculo y después de él.

-La distribución de noradrenalina y serotonina es más equilibrada y estable en tu cabecita y en la mía. Por una misteriosa razón que desconozco, el suministro de péptidos opioides muy superior a lo normal, aunque decreciendo a lo largo del día. Químicamente nos encontramos en un estado similar al que tenemos cuando escuchamos una bella melodía, aumentando en este caso hasta los niveles de oxitocina y dopamina. Estoy estudiando dichas variaciones y cuando tenga algo serás la segunda en saberlo. En todos los “afortunados” que nos sonrió la diosa y que he estudiado, los resultados de los análisis son taxativos y evidencian un cambio bioquímico en nuestros cerebros. Cuando una persona es feliz su sistema límbico echa humo; nuestra amígdala e hipotálamo funcionan a toda máquina.-Roberto Lee sonrió a través de la pantalla, desde su laboratorio en las afueras de PegasusGreen, debajo de sus marcadas ojeras.-Es como si las galletas de nuestro desayuno estuvieran hechas de fluoxetina o cualquier otro derivado de la fenilpropilamina y no pudiéramos compartirlas con “los otros”.

-Bueno, las mías son de chocolate, pero te entiendo. Querido “curioseador extraoficial”, tenemos el cómo pero todavía nos falta el porqué. Te agradezco, no obstante, que hayas confirmado con tus matraces y microscopios tus sospechas. Ya tengo un hilo más del que tirar para llegar a la génesis del misterio. Ahora, dentro de este laberinto, he de llegar hasta el minotauro y matarlo. Me temo que te debo una cena terrestre.-No demasiado camuflado entre la alusión mitológica el ataque era una realidad en toda regla, aunque su adversario duro de pelar:

-Contraoferta: Merendemos el domingo en el campo. El Instituto Meteorológico pronostica sol radiante y, teniendo en cuenta que de ellos depende tal extremo, me consta que la previsión es matemáticamente precisa. Conozco un paraje de ensueño, al abrigo de un bosque de trans-hayas, cerca de un río cuyos cantos rodados son de cornalina. Quiero enseñarte algo que te puede ser muy útil en tu investigación. MUY ÚTIL, con mayúsculas.

-Una mujer dice “cena” y un hombre contesta “merienda”. Connotaciones laborables por románticas. Como cambian los tiempos.-Odisea arrugó la nariz como para impeler su decisión:-Mmm, eso está hecho, siempre y cuando me permitas a mí preparar los maravillosos manjares, para ese almuerzo vespertino e ¡inocuo! Te recogeré a bordo de mi velocípedo de hidrógeno a las veinte horas, en tu trabajo, si te parece; dispondremos de cinco horas de luz y la comida no se cocinará del calor dentro de la cesta. El giroscopio del transporte que traje de la Tierra anda desajustado en este planeta así que podemos terminar en la zona desértica, por lo que me llevaré un pai-pai. Roberto,…:

  La expresión de Odisea se torno, de repente, inusualmente sombría. Bruscamente dijo:
- ¿Sabes que Dengue Aketi, nuestro compañero de asiento en el periplo que nos trajo a este mundo,… se ha suicidado? Me encontré a su mujer Katwitwi en la lonja de la ciudad y me comunicó tan triste noticia.

-¡Oh! Lo siento enormemente.-El médico parecía dolido de veras. Para los de su profesión, siempre luchando contra los imponderables biológicos de la vida, era inexplicable los que la perdían voluntariamente-Sabía que los ininteligibles senderos que gobiernan esta “lotería” que investigas le habían sonreído a la mujer pero no a su marido. Sinceramente pensé que, tras le operaran de sus ojos, su visión física y espiritual de su vida iban a experimentar una mejoría sustancial.

-A pesar de lo que dices, la infinita distancia cósmica respecto de su hijo, el saberlo ya fallecido, debió de inclinar ese plato de su balanza. Roberto, siento extraer conclusiones de la muerte de nuestro compañero de viaje, pero lo cierto es que ahora ya sabemos algo más: Nuestra “enfermedad” no es contagiosa.

-¿Cómo está Katwitwi?-preguntó el neurobiólogo reflexivo, absorto, casi mecánicamente.

-Bien, sorprendentemente bien, y me consta que amaba profundamente a su esposo. La semana pasada la operaron a ella también, pero de las piernas, y ya anda casi perfectamente. Te admito que su recuperación, lo poco que ha tardado en reponerse, es milagrosa. Me refiero a la dramática muerte de su marido: ¡¡ Llevaban juntos más de 70 años !!-Entonces, la periodista quiso dar por finiquitado el tema- Por cierto, Roberto, tienes mal aspecto… lo cual me temo te hace más atractivo si cabe. ¿Cómo duermes?

-Fatal, a trompicones, aunque supongo que es normal hasta que nuestros cuerpos y nuestras mentes se habitúen a los ciclos solares de este planeta. Hoy imagino que lo haré algo peor tras la noticia que me acabas de dar.-Pero ella parecía querer cambiar de asunto, quizás porque el suceso era irreparable y le había afectado demasiado.

-Lo que te sucede, en verdad, es que eres un romántico, aunque lo niegues. Lo que te pasa es que echas de menos las noches de plenilunio y el flexo no está a la altura.

 

  Los días posteriores fueron jornadas duras para ella: El trabajo en la redacción y fuera de ella le ocuparon todas las horas diurnas. El Centro de Climatología de PegasusGreen buscaba un delicado equilibrio en el sistema de control horario de precipitaciones y ello había generado mucha controversia entre la población. Un sinfín de entrevistas a técnicos, políticos, agricultores y gente de la calle, informes interminables y reuniones draconianas habían convertido a esa semana en una que justificaba perfectamente su sueldo.

 Como ejemplo empírico para alimentar el agrio debate, esos días, cielos procelosos originaron copiosas lluvias que casi anegaron la zona habitable del planeta. Las “islas” de calor artificiales e instaladas al margen de la Gran Corriente Fluvial hicieron su trabajo de un modo perfecto; superficies asfálticas de decenas de kilómetros cuadrados que podrían cubrirse/descubrirse con solo pulsar un botón. Las diferencias de temperatura generadas por estas “islas” de calor y la cercanía de numerosos embalses y del enorme río artificial,-que se capilarizaba hasta en el último rincón de la zona habitable-, algunos compuestos químicos “espolvoreados” por satélites artificiales en la tenue ionosfera-como el sulfuro de plata,… y las enormes aspas de los molinos atmosféricos… hicieron el resto. Explicaciones del Instituto Meteorológico: los bosques tenían que permanecer siempre húmedos para minimizar los riesgos de incendios forestales; los cultivos externos pedían a gritos el líquido elemento y los embalses tenían que alcanzar un nivel determinado. Además, esa franja meridional del planeta, idónea para la vida, debía ampliarse; todavía quedaban muchos miles de kilómetros cuadrados hasta llegar al muro infinito que constituía la cordillera del NeoHimalaya. Cayeron millones de metros cúbicos de agua diurnamente y cellisca por las noches en la frontera y más allá, entre vergel y desierto, para ir removiendo estas últimas tierras en aras de la futura expansión; se barruntaba ya la idea de una segunda ciudad que se asentaría más allá de esa zona límite, expandiéndose de forma concéntrica a ella, hasta llegar la frontera, hasta el verde, hasta la naturaleza, hasta el oxigeno, hasta la línea de vida.

 Por las noches, mientras el aguanieve llenaba sus ventanas, Odisea Lewisburg continuó obsesivamente su estudio sin plantearse si seguiría allí, en Mundo Verde, tras resolver el críptico jeroglífico, si es que algún día lo hacía. Lo lógico sería quedarse, por haber hecho tabla rasa respecto del viejo planeta y, precisamente, por haber caído en el color agraciado de esa ruleta cósmica, todavía indescifrable para ella. La periodista, frente a una taza de café, alargaba los ya dilatados días verdianos, centrándose en detalles aparentemente nimios: La composición química de narcótico que suministraban las compañías espaciales, la climatología al salir las naves de la Tierra, las fechas de dichas partidas, los diferentes fabricantes de las cámaras criogénicas para los viajes, las últimas comidas que realizaban los colonos antes del viaje, si éstos viajaban solos o acompañados,  etcétera. Estudio aparte le mereció el desfase temporal que experimentaban los viajeros a velocidades sublumínicas. Albert Einstein ya le había advertido a la humanidad de ello hacía siglos:

Ecuación Desfase Temporal a Velocidad Sublumínica

 “¡Ale, a hacer números!”, pensó, que no era lo suyo, así que su computadora cuántica le ayudó. Comenzó por su propia singladura espacial: viajando a dos tercios de la velocidad de la luz, durante sesenta años, habrían transcurrido ochenta y cuatro en la vieja Tierra. Analizó cientos de cuadernos de bitácora de otros tantos navíos estelares cuyas misiones a otros tantos destinos se habían alcanzado a diferentes velocidades, por si encontraba algún patrón; quizá los “colonos afortunados” sólo pertenecían a convoyes en los que alcanzaba determinada velocidad y/o duración del viaje. Las cifras arrojaron un resultado de lo más elíptico y tendente a la nada:

 Cero.

  La periodista también descartó la contracción de Lorentz, de donde el despeinado genio de Ulm-Albertito-dedujo la anterior ecuación, como criterio que gobernara el fenómeno que les sucedía a algunos de los colonos extrasolares. Dicho efecto relativista “liliputizaba” los cuerpos que se acercaban a la velocidad de la luz pero, según le susurró su ordenador, no aumentaba en ningún caso, bajo ninguna combinación matemática, la “alegría sublime” de algunos de los viajeros al retornar de los mundos de Gulliver, a velocidades no relativistas. Con toda esa información obtenida durante esa agitada semana Odisea elaboró disparatadas conjeturas en un “brainstorm” del que, de momento, no había obtenido ningún resultado relevante. La ausencia de un denominador común en todas sus pesquisas se revelaba como el único común denominador de todas ellas. Lo que aparecía en las pantallas tras pulsar “=”, una y mil veces, se obstinaba en desbaratar cualquier conato de resolución del enigma.

 Un pitido hizo que levantara la vista de sus tablas de datos.

 

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA

 

  Las letras aparecieron ingrávidas y desafiantes sobre su taza de café y, en primera instancia, se confundieron con el humo que esta propalaba. Tardó todavía unos segundos en reaccionar y volver desde las nebulosas de su investigación.

-Ver noticia.

  Un paralelepípedo de dos por dos por un metro apareció por arte de magia en el centro de su salón y comenzó a verter imágenes tridimensionales aliñadas con un audio perfecto:

 “…la bomba fue colocada en la cafetería del Instituto Politécnico de Prevención de Pandemias ubicado en el centro de la ciudad. La cifra de víctimas está todavía por determinar pero se la espera muy elevada. Se trataría, caso de confirmarse, del primer atentado terrorista en la historia de mundo Mundo Verde…”

 Dos rectángulos más pequeños aparecieron, casi al unísono, solapados sobre las imágenes. Las duras facciones de Yasir Dillon,  jefe de informativos, su jefe, apareció en uno de ellos y las de Roberto Lee en el otro. Éste sólo dijo:

-Vale, veo que estás bien. Te dejo que veo que tienes otra llamada.

-Gracias, Roberto. ¿Toda tu gente está bien? ¿Los del laboratorio? ¿los del Hospital ¿Los de la Universidad? ¿Todos?

-Así es. Nos vemos el mañana. Un beso, Odisea.-y desapareció de forma instantánea dentro de su cuadradito.

 Su jefe tenía cara de pocos amigos y hoy una directriz muy clara. Yasir Dillon pertenecía a ese 45% de la población que rebuscaba en el techo de su dormitorio razones para levantarse cada mañana. Su amargura trascendía en sus facciones y en su agrio carácter.  ¿Cómo era posible que siempre tuviera barba de tres días? Sus palabras jamás se concatenaban entre algodones para formar frases; mas bien, como eslabones de una fría cadena con la que le flagelaba psicológicamente cada mañana.

 -Señorita Lewisburg, se lo pondré muy fácil con esta orden explícita: No cubra la noticia del atentado terrorista. Tengo un ejército de periodistas que se dirige hacia allí y la policía me ha exigido que nos batamos en retirada rápidamente, en cuanto hagamos nuestro trabajo,… que nos diluyamos como un azucarillo, vamos. El trabajo de campo pronto estará hecho y me consta que esta semana ha batido estúpidamente algún record de horas laborales trabajadas, por que le ha dado la gana, claro. ¿Ha quedado claro?

-Cristalino, señor Dillon.-y el recuadro desapareció como se había esfumado el que encerraba las facciones de Roberto Lee. Respecto del grande que radiaba la terrible noticia…

-Cerrar ventana-ordenó Odisea con una mezcla de tristeza, rabia, miedo y…una extraordinaria carga de responsabilidad sobre sus hombros. No necesitaba ver nada más. El noticiario acababa de traspasar la barrera entre información y casquería que, obviamente,  no aportaba nada.

 Quedó pensativa antes de irse a vestir para acudir al lugar de los hechos, aunque estaba cansadísima: Lo que estaba claro es que ese atentado era consecuencia del misterio que ella misma investigaba: La gente feliz no descuartiza a la gente. Ni siguiera saca la basura a la calle si sabe que eso molestará al vecino. Era cuestión de tiempo: Las diferencias entre los colonos no las delimitarían problemas socioeconómicos o religiosos, aunque éstos se usaran como excusa. El que no es feliz no escucha el canto de los pájaros sino que les odia por sus deyecciones. El que no es feliz rebusca en su propio pasado, en su trabajo, en sus amistades, en los políticos, en el sistema, la causa de su infelicidad y, si se esfuerza lo suficiente, normalmente la encuentra…¡aunque ésta se hallase a cuarenta y dos años-luz de allí! El que no es feliz vive frustrado, tiene envidia de los felices y, o termina reaccionando como el pobre Dengue Aketi-suicidándose- o proyecta todo ese exceso de odio hacia el exterior. Era cuestión de tiempo, una bomba de relojería…¡que ese día había explotado! Poco a poco, las nebulosas sustituyeron a los datos, los pensamientos inconexos a los racionales y sus párpados vencieron esa batalla contra el estado de vigilia. El último pensamiento, antes de caer rendida, no quedó grabado más que en su subconsciente: Estaba muy desanimada. Qué extraño. Se creía inmune a cualquier tipo de aflicción. Pero dichos pensamientos no estaban dotados de la energía suficiente para prenderse de sus neuronas.

 A la mañana siguiente ya lo había olvidado.

 

* * *

…A pesar de que la Sustancia ahora alimentaba a todos los Seres, a él no le gustaba; hacía mucho tiempo que había estropeado su cuerpo robótico. Además, al caer, muchas veces sembraba la destrucción. Destrucción de lo que había tardado semanas en crear. Como allí no se encontraban otros Robots Capataces, él ignoraba con que material construir las carreteras, complejos y todas las demás estructuras. Se limitó a ponerlas donde recordaba debían estar...

…Aquel día, de un Ser de Vida Breve había salido otro idéntico, pero más pequeño. Aquello sucedía a menudo. Hasta que lo descubrió, el hecho de que cada vez hubiera más Seres no había tenido explicación para él. Sin embargo, la resolución de un misterio implicaba la aparición de nuevos interrogantes: ¿Como podían sus "amigos" construir a sus semejantes en su interior? ¿Como podía el Pequeño aumentar su volumen hasta conseguir su tamaño estándar? Más aún ¿De donde sacaban las piezas? B-19 sabía que al alcanzar dicho tamaño, el ser buscaría a otro de su especie. O de él mismo o del otro, volvería a salir otro Pequeño repitiéndose el proceso de nuevo. Pasado algún tiempo el ser generador acabaría desactivándose y, como él pudo comprobar, de forma irreversible. El robot había observado todos estos fenómenos con gran interés…

…Pensar y convivir con los Seres de Vida Breve le gustaba más aún que absorber energía. Se sintió turbado al darse cuenta que aquello le gustaba más que hacer su trabajo. !Era lo que más le apasionaba!...

 

…Por fin llegó el momento…

 ..B-19 terminó de alisar el último tramo de una pista de aterrizaje. Su misión de terraformar el planeta había concluido. El robot contempló orgulloso el fruto de su esfuerzo. Tanto física como mentalmente le invadía un cansancio que él denominaría como global. Aquella era una sensación puramente humana, pero su admiración por los hombres acrecentaba su deseo de parecerse a ellos…

…El androide decidió emplear ese día para supervisar todas y cada una de las construcciones. Desde ese momento hasta el final de su vida, se dedicó a estudiar a los seres que tanto le fascinaban. Las averías en su estructura se habían acusado, por lo que sólo se desplazaba cuando era necesario…Ello implicaba muchas horas, semanas, días años…pero él tenía un buen aguante al aburrimiento, si es que ese concepto se pudiera aplicar a un robot.

…Él hubiera querido que un pequeño B-19 saliera de sus entrañas. De ese modo, cuando su desconexión fuera total, algún robot quedaría sobre ese mundo. Pero él sabía que pensar aquello era una estupidez. ¿Como iba a conseguirlo, si no conocía a ningún otro robot que pudiera ayudarle…?

* * *

V

  Merendaron en un páramo alfombrado de verde, al abrigo de trans-hayas, trans-castaños y un sinfín de especies arbóreas de inaudita frondosidad. Sílabas de agua sobre piedra procedentes del riachuelo cercano se erigían como el único telón de fondo sonoro durante sus silencios. Ella, vestido corto de flores color nácar y zafiro. Él, vaqueros y camisa blanca. Una enorme piedra granítica, cuya caprichosa forma y textura recordaban a un enorme sillón de cristal, presidía el espacio.

 Una amalgama de aromas que iban desde el jengibre hasta la magnolia, desde la azalea hasta el alcornoque, desde el alcanfor hasta la menta les narcotizó al llegar, hasta acostumbrar su olfato. La luz vespertina se filtraba iridiscente a través de las hojas,  a pesar del nuboso cielo, confiriéndole al ámbito una atmósfera mágica e irrepetible. El tiempo ralentizado fluía a cámara lenta respecto del terrestre, estirando aquella tarde de horas oblongas, alargando la inasible magnitud en secreto pacto con el dios Cronos. Cuando callaban, salvo por la corriente de agua, la quietud y silencio eran infinitos en un mundo sin aves, sin insectos, al que se había extirpado el reino animal antes de nunca existir.

 Sobre un pináculo lejano se desdibujaba fálico, tras las hojas, una enorme estructura polivalente,-repetidor de señales electromagnéticas, nodo radiotelescópico, detector de incendios,  estación meteorológica, geodésica y topográfica,-único vestigio humano entre ese mar de abrumadora naturaleza. Roberto Lee y Odisea Lewisburg apuraron el último sorbo de vino local enfrentados en una mesa de cerezo.

-No es un Rioja ni un Burdeos aunque se deja beber y cumple a la perfección su función evasiva en estos momentos turbulentos.-Sobre ambos gravitaba en silencio la muerte y desolación acaecida en el centro financiero y comercial de la ciudad-Los viñedos todavía extrañan esta tierra y no se han adaptado a ella…y quizá los humanos tampoco. Tiempo…

-Sí, tiempo…-La periodista se había quedado dormida la noche anterior, sobre sus tablas de datos, abortando involuntariamente ese conato de motín que sin ningún escrúpulo estaba dispuesta a perpetrar; cumplió la orden explícita de su jefe en contra de su voluntad.-Sé que es casi herético en este paraje idílico hablar de trabajo y que si existe en algún sitio el dios de la clorofila me condenará a un futuro rodeada de hormigón y funcionarios, pero me arriesgaré: Bueno, Roberto, creo que ya te has hecho el interesante el tiempo reglamentario así que ya me puedes enseñar lo que ocultas en ese maletín. Lo has mirado de reojo tres veces durante la comida hasta el punto de ponerme celosa; yo soy mucho menos poliédrica y más dinámica.-El neurobiólogo no podía disimular su excitación potenciada por el efecto euforizante del vino:

-Bien, tú lo has querido. Santa Tecnología Bendita nos va a ayudar en la resolución del misterio.-Dijo sonriendo mientras manipulaba la pequeña maleta. Su interior albergaba un obsoleto teclado y una pantalla bidimensional, así como unas pequeñas esferas de cristal que, nada más abrirlo, como por arte de magia flotaron dispersándose en el aire hasta adherirse en el tronco de varios árboles cercanos, pero separados entre sí. Acto seguido, cada nodo siseó emitiendo una pequeña nube de gas cuyo sumatorio se aglutinó en la amplia explanada sita entre las trans-hayas.-Supongo que la biblioteca local se ha convertido en tu segunda casa, ¿no es así?

-Hubiera gastado las páginas de sus volúmenes, de tanto analizarlos, caso que su soporte hubiera sido el antiguo papel. ¿Qué tramas? ¿Urdes eliminarme? Espero que sea algo ilegal: Será más divertido.

-Tú sí que eres arcaica en tu método de trabajo e interrelación de información y sí: me temo que lo que vamos a hacer es absolutamente ilegal. He estado allí seleccionando unas citas que quería que comentáramos…¡los tres!-Roberto, con aire teatral, pulsó una tecla con su mano izquierda…, y sonrió mientras ocurría algo extraordinario:

¡Un hombre de aspecto sereno apareció de la nada, entre los árboles, caminando lentamente hacia ellos! Su aspecto rozaba lo dieciochesco, armado con una pipa su mano derecha, vestía anacrónico traje oscuro a rayas, camisa clara almidonada y corbata negra, pelo cano sobre una frente despejada, mirada extraordinariamente inteligente. Se trataba de un holograma pero dotado de una nitidez que rivalizaba con la realidad de modo asombroso. Un láser invisible procedente del maletín, reflejado en los nodos, era el responsable de construir la imagen tridimensional, gestionando diferentes frentes de ondas lumínicas, y proyectando el resultado sobre las moléculas de gas fotosensible que ahora flotaba en todo el ámbito.

-¡Buenas tardes!, señorita…, caballero... Espero poder servirles de ayuda. El audio era perfecto “enfocado” hacia el lugar donde se hallase la imagen “3d”, pareciendo que manaba directamente de ella.-Al llegar a su altura, el holo-hombre tiró de una cadena dorada que colgaba de un bolsillito de su chaleco, extrayendo de ese modo un antiguo reloj, cuya esfera estaba dividida en treinta y seis sectores circulares. Tras escudriñarlo proclamó:-Disponemos aproximadamente de media hora así que vamos a empezar ya.

-Empezar…-Odisea todavía hilaba pero en la buena dirección-¿Empezar? Espera…biblioteca, interrelación, ilegal, sabio virtual. Mmmm… De acuerdo. Sólo tengo tres preguntas y empezamos cuando “queráis”.-Entonces se atusó el vestido y preguntó con esa sonrisa pícara que la caracterizaba, pintada en su cara: ¿A qué ilustre prohombre representa este señor virtual? ¿De cuanta información estamos hablando? ¿A cual de tus pacientes has engañado para que te derive esta conexión pirata?

-Ja ja ja. Chica lista. El software es muy novedoso y, empezando por el final,…Andrea le Rocheux, del departamento de informática de la biblioteca y que sufre de cefaleas desde que llegó a Mundo Verde. Un tipo simpático, la verdad. Desde que un tal Platón, y gracias a un diálogo de “La República”, nos reveló su mito de la caverna,-la diferencia de lo que percibimos con la realidad,-nadie ha inventado todavía un procedimiento más eficaz para obtener información. Preguntas, respuestas y repreguntas. Desnudando los matices que esconden la verdad con el poder inmenso de la conversación.

-Ja ja ja. Muy convincente, muy erudito, doctor, en especial con esa alusión clásica; en mi caso puede ejemplarizarse perfectamente, lo que parezco y lo que en verdad soy, extremo sólo desvelado con el conocimiento. Que no tengo dobleces, vamos.-El holograma también rió tomando las riendas de la conversación:

-Si me permite, señor Lee, yo responderé al resto de cuestiones planteadas por la intuitiva señorita Lewisburg. Conectando con lo anterior le diré que aparento ser Bertrand Russell, o al menos represento su figura y los pensamientos reflejados en su biografía y obra. Por eso sería más exacto afirmar que soy una fracción cuántica de un reflejo de lo que fue aquel superlativo filósofo y matemático británico, Nóbel de literatura en 1950; aunque me parece más elegante, aunque impreciso, mi primera definición. Exquisitez versus exactitud. Además, sobre esta infraestructura intelectual, sobre esta matriz cognoscitiva, puedo acceder, procesar, relacionar y extraer conclusiones avanzadas respecto de la información equivalente a ciento cincuenta mil volúmenes, teniendo además conexión a la Red Universal. Sólo necesito las preguntas adecuadas, precisas. El doctor Lee me ha puesto en antecedentes por lo que ponderaré algunos aspectos del problema de forma somera. Les adelanto que estoy seriamente preocupado, aunque mi proverbial serenidad no me permita exteriorizarlo.

-Señor Russell, ¿por qué ese desasosiego?-el holograma miró a Odisea cándido, casi paternal.

-Paciencia, señorita Lewisburg. No trate de llegar a C sin recorrer A y B primero.

-Puede que tenga razón, señor virtual inexistente. Lo cierto es que he dormido cincuenta horas en las últimas ciento ochenta y le reconozco que no ando muy fina a la hora de …nada. Ya saben lo que dicen, que menos de un tercio es poco, más una pérdida de tiempo.

 La imagen tridimensional de Bertrand Russell no parecía tener ganas de charlotear sino de pasar directamente al terreno cenagoso que constituía el Enigma.

-Bien. Corríjanme si me equivoco en el planteamiento: La señorita Lewisburg, y otros que la precedieron, han detectado un anómalo grado de felicidad en un porcentaje colonos extrasolares que se sitúa entre el 30 y el 55 por ciento.

-Eso es tan cierto como que usted es un fantasma virtual, señor Russell-Roberto Lee sonrió a la imagen y le espetó:-Continúe, continúe…

-La idea que les planteo es la siguiente: El hombre desde sus albores ha intentado desenmarañar los mecanismos exactos que encierra el concepto “felicidad”, sin ningún éxito, por supuesto, asumiendo en muchos casos que ésta se debe a una invisible taumaturgia que no depende de la voluntad o acción humanas. Una especie de lotería cosmogónica, de un destino implacable, imposible de cambiar. La rueda de la fortuna gira y nada podemos hacer los insignificantes humanos para detenerla o hacerla girar en nuestra dirección. ¿Correcto?

-Correcto.-Asintió borreguil el neurobiólogo

-Correcto-Replicó obediente la periodista.

-Falso. Falso, señorita, caballero. No caigan en mis celadas, no caigan en mis sofismas-por definición traicioneros-, y afinen sus mentes para resolver el problema. Ese concepto positivista esta más obsoleto que mi traje o mi reloj de bolsillo. Un ser humano, disfrutando de unos mínimos materiales, sin patologías neuronales irreversibles y con un coeficiente de “suerte” normal sí puede mejorar ostensiblemente su grado de felicidad. Hay cosas que ayudan, claro, como ser capaz de soportar cierto grado de aburrimiento,  ser constante en los propósitos o tener descendencia, que a la larga se convierte en una fuente constante de felicidad (y de disgustos, ya lo sé). En este último caso uno “siente que forma parte de ese río de la vida, desde la primera célula hasta el remoto y desconocido futuro”.  También recordar que creo que el ser humano es un ser social así que por principio descarto la felicidad que propugnaban los estoicos, sin necesidad de nadie. Eso no quiere decir que un individuo aislado del mundo pueda alcanzar ese mágico estado. Sólo digo que lo tendrá más difícil. Bien, todos estos son factores que ayudan mucho aunque no son determinantes para que un ser humano sea o no feliz. Centrándonos en el aspecto que nos ocupa primero pondremos en valor las citas seleccionadas por el doctor Lee, en relación con el concepto de colonización extrasolar. Acto seguido sugeriría, por ejemplo, que dirimiéramos si los tradicionales ingredientes de la infelicidad menguan, y/o si los componentes de la felicidad aumentan, cuales y qué medida, a raíz de los viajes interestelares.

-Aja. Entiendo lo que dice, señor Russell, aunque le diré que esto último ha sido una de mis  líneas de investigación desde que llegué a Mundo Verde. Reconozco, no obstante, que tres mentes piensan mejor que una o, en este caso, dos mentes y un popurrí de millones de datos amalgamados en un elegante holograma, piensan mejor que una humilde periodista.-

 El aludido irradiaba una serenidad contagiosa y no transcurrió más de una décima de segundo hasta que contestó:

-Tomaré lo de elegante como un amable cumplido, señorita Lewisburg. Bien, creo que esos pueden ser los procedimientos correctos para empezar a abordar la cuestión. Sí les adelanto que, tras ambos ejercicios, estudiar lo que dijeron algunos de los más insignes humanos al respecto, por un lado, y cotejar con el análisis racional los factores clásicos anteriormente citados con la situación actual de los colonos, por otro, podremos situarnos perfectamente en el punto de partida…¡o incluso de llegada!, quien sabe. La razón que busca puede tener su origen en un factor concreto y externo, en un detalle nimio, totalmente al margen de estos sesudos análisis. Deduzco que otra de sus líneas de investigación radicará en esa infinidad de factores específicos que acompañan en su periplo a los colonos, desde su mundo de origen.

-Deduce bien, caballero semitransparente. Una educación severa y cafeína en dosis industriales pueden hacer milagros, se lo aseguro. Eso sí, cuando finalmente adquiero la anhelada posición horizontal, no soy nadie.

-Para concluir con los preliminares supongo que habrá ya cuestionado el mismísimo método para deducir los niveles de felicidad o infelicidad, como encuestas o receptores de ondas electromagnéticas cerebrales, por si el “problema” no existe en sí mismo sino en el procedimiento para detectarlo.-El espectro digito/cuántico era sistemático: Sus palabras eran precisas e iba directamente al grano. Ella le contestó paciente:

-Supone bien, prohombre vaporoso. Los procedimientos, tanto físicos como psicológicos, para medir dichos niveles, han sido revisados una y mil veces por separado y conjuntamente: Son correctos.

-Entonces adelante.-Y Bertrand Russell, o alguien condenadamente parecido a él, chascó los dedos de su mano derecha, tras lo cual aparecieron sobre ellos y gravitando las siguientes palabras:

“NO LLAMES JAMÁS FELIZ A UN MORTAL HASTA QUE NO HAYAS
VISTO CÓMO EN SU ÚLTIMO DÍA, DESCIENDE A LA TUMBA”

EURÍPIDES

-Aja. Interesante, Roberto, aunque me temo que tu selección no nos va a servir más que para afianzar nuestros conocimientos sobre el problema, más que para destapar alguna puerta oculta en él y en la que no hubiéramos reparado.

-Estoy completamente de acuerdo con la señorita Odisea Lewisburg-proclamó el holograma.

-De acuerdo, de acuerdo. ¿Un alma humana o cibernética caritativa que me lo explique?-Preguntó suplicante Roberto. Fue la portadora del alma humana la que habló mirando a la artificial, como esperando consentimiento.

-Si me permite…

-Por favor…-Dio el beneplácito el Nóbel galés, blandiendo su pipa, merodeando por el sotobosque con las manos entrelazadas en su espalda. Entonces Odisea se giró hacia su amigo y dijo:

-Bien. El mensaje del famoso dramaturgo griego es nítido: Por muy felices que seamos la fatalidad acecha detrás del horizonte y, de un minuto para otro, podemos pasar de la más exultante felicidad a la más terrorífica de las tristezas. No somos nadie. Un solo individuo es condenadamente frágil. Admitámoslo. Otra cosa es la humanidad en su conjunto-

-Sí, hasta ahí ya también había llegado. Aplicación de esto a nuestro “aquí” y a nuestro “ahora”, si eres tan amable.-El doctor interpeló a su compañera de viaje con sus espesas y oscuras cejas enarcadas, esperando respuesta.

-La colonización de los mundos es empresa arriesgada. Los sucesos aciagos son más frecuentes en los planetas exteriores: Accidentes de todo tipo, suicidios como el de nuestro compañero de viaje, catástrofes naturales producidas en planetas en fase de terraformación y un sinfín de eventualidades. Pues bien, a pesar de todo eso, la tasa de felicidad de una fracción de los colonos, víctimas de dichos terribles imprevistos, es muy superior a la de sus compañeros, a las de los naturales autóctonos o a la de los que quedaron “atrapados” en nuestro viejo sistema solar.

-Ya,-afirmó pensativo el doctor-entiendo... Desconocía ese dato, la verdad. Al parecer los que emigraron a la Luna, Marte, Titán y Europa, el bello satélite de Júpiter, quedaron fuera de era almoneda galáctica que nos hace a algunos indecentemente felices.
 
-Pues serán envidiados, pues nada es más digno de envidia que una persona feliz. Pero no se sienta culpable por ello, señor Lee, o estará introduciendo un factor desequilibrante en su “conjuro mágico”. Aunque pienso que es como si, al margen de lo que les suceda, la felicidad de algunos colonos extrasolares permanece incólume.-El trajeado holograma seguía pululando pensativo, soltando su magisterio distraídamente. La chica intervino de nuevo. Es como si la intensidad del debate hubiera resucitado sus abotargados sentidos:

-Sí, pero sin el como, señor Russell: Es literalmente así. Por ejemplo, estoy segura que los familiares de las víctimas del atentado de hoy, que gozaban de ese estado pletórico antes del terrible suceso, tras el lógico duelo, volverán a su estado afortunado como un tentetieso.-Pronosticó con una seguridad monolítica. Roberto se levantó de su asiento de madera como un resorte. Después, y ante la atenta mirada de los otros, caminó nerviosamente hasta llegar a la roca en forma de trono, que por su composición química feldespática era de un tono rojizo, y se apoyó en ella. La conversación había traspasado una línea metafórica del mismo color alcanzando el reino sagrado de lo personal.

-Lo cierto es que es asombroso…¿sin remordimientos? Un momento.-E hizo un gesto para detener los comentarios de los otros con la palma de su mano, vindicando su derecho a la autorréplica-Pregunta retórica que me gustaría responderme yo mismo; quitemos los signos de interrogación. Afirmo: Sin remordimientos. Cuando salí de la Tierra me sentía culpable por escapar a un paraíso mientras mi mujer yacía muerta. Me consta que ese puede ser un sentimiento lógico que aflige a muchas personas tras una desgracia cercana. Lo que ya no es tan normal es la velocidad con la que desapareció…

-Bueno, sesenta años…

-Ya me entiendes, tiempo consciente, no tiempo real… Lo cierto es que ese sentimiento se ha esfumado y no ha quedado ni rastro. Cuando despierto cada mañana, mi primer pensamiento es para ella y el último antes de dormir. A pesar de echarla mucho de menos me encuentro henchido de alegría. Y sin ninguna sensación de culpabilidad.  Una cita que descarté por retórica, de Voltaire, viene a decir que para ser feliz hay que ser idiota, egoísta y gozar de buena salud. No me considero ni lo primero ni lo segundo y mi felicidad parece blindada, poseer-por decirlo así-un componente anti-sísmico ante cualquier terremoto emocional que me acontezca. Lo que sí me reconoceréis es que la frase del sabio griego ha destapado el componente casi “paranormal” de lo que nos ocurre,… adjetivo que empleaste antes de nuestra hibernación.

-Lo reconocemos-dijo Odisea en nombre de los dos, esta vez sin la aquiescencia de la imagen de sabio.-Añadiría que, como ya sabéis, este estado es independiente del anterior en cada individuo, es decir, que no afecta a los que fueron infelices y ahora, por una inexplicable justicia celestial, les toca jugar al otro lado de la línea. En lo personal yo era aceptablemente feliz...pero nada que ver con la sensación que me colma cada amanecer ¿Algún comentario, señor?-El holograma sonrió y comentó:

-Podría decir muchas cosas aunque nada sustancial ya que ustedes dos han desbrozado con precisión la frase del genio heleno. Como no nos sobra el tiempo propongo…-y otra frase sustituyó a la anterior:

“FÓRMULA DE MI FELICIDAD: UN SÍ, UN NO,
UNA LÍNEA RECTA, UNA META…”
FRIEDRICH NIETZSCHE

-Bien, si me permiten les diré lo que pienso: Un norte al cual tender, tras haber discriminado nuestro objetivo, se erige en motivo de felicidad para muchos humanos. A comienzos del siglo XXI el gran divulgador científico Eduardo Punset afirmó que, en verdad,-y por paradójico que suene-la felicidad está en la “sala de espera de la felicidad”. Él mismo advertía que se sobreestima la felicidad que nos traerá un acontecimiento futuro así como que se exagera el grado de infelicidad que nos provocará una futura desgracia…¡¡que puede que ni acontezca!! No obstante hay que tener en cuenta-y debajo de la anterior apareció lo siguiente:

“HAY QUE TENER SUEÑOS LO BASTANTE GRANDES PARA NO
PERDERLOS DE VISTA MIENTRAS QUE SE PERSIGUEN”
 
WILLIAM FAULKNER

-Esa no la he seleccionado yo… aunque me gusta-comentó Roberto puntilloso. A Faulkner lo leí en la Universidad de Marte, mientras malgastaba mi juventud terminando mi especialidad. Fueron mis particulares “crónicas marcianas” una vez trillado a Bradbury.

-Sé que no la seleccionó, doctor, pero a mí me ha parecido muy pertinente. Quiero decir con ella que la elección de objetivos vitales debe realizarse a conciencia, desdeñando los inalcanzables puesto que pueden generar frustraciones, apartando los demasiado factibles puesto que corremos el riesgo de…¡conseguirlos! Evidentemente atravesar decenas de parsecs para un futuro colono es la consecución de un sueño, lo cual podría generar una pequeña desilusión análoga a la depresión post-parto en las mujeres, tras conseguir ese objetivo vital. Alejandro Magno era un megalómano irreductible, ambicioso en grado sumo, pero con el talento suficiente para hacer realidad sus delirios, uno tras otro. Prácticamente el resto de los mortales debemos-bueno, deben- de soñar con estrellas que en verdad estén a su alcance. Creo que el símil usado es el más acorde al caso que nos ocupa.

-Nada. Inapreciable-contestó implacable Odisea-Sí es cierto que muchos acusan eso que dice pero todos tenemos muchos nuevos sueños que cumplir en los nuevos mundos y, lo que es más importante: he estudiado a personas que desafían lo que usted, o el humano que representa, rezaba en sus tratados al respecto…

-Así que los ha leído…me agrada mucho que sea así… se refiere a que hay humanos para los que “la vida es una serie de incidentes inconexos, sin rumbo ni unidad que son arrastrados de un lado a otro por los vientos de las circunstancias, ahora aquí, ahora hacia allá, sin llegar nunca a ningún puerto”. A ese tipo de humanos le preconizaba altas posibilidades de infelicidad.

-Pues bien. Los algunos de los colonos “afortunados” rompen ese principio básico. Vagan por los nuevos mundos sin brújula ni timón y lo hacen con una enorme sonrisa pitada en el rostro.

-Aja. Entiendo. Ello revela…

-…Perdone, ello revela una causa bioquímica profunda: lo que desconocemos es si esa alteración que detecte en mis análisis tiene un origen endógeno o exógeno, interno o externo, vamos.-El neurobiólogo hizo gala de sus estatus ante tanta erudición. Se resistía a ser el convidado de piedra en aquella reunión. No quería quedarse al margen teniendo en frente una mente fresca, joven y brillante y la amalgama de ciento cincuenta mil volúmenes gobernados por un potente procesador cuántico.-Antiguamente las lagunas entre la fisiología y psicología no se podían salvar: la tecnología no permitía hilar tan fino, el hardware era demasiado lento, tosco e impreciso para procesar tanta información o incluso detectarla. Hoy en día, sin embargo, las modernas técnicas TEP de escaneo tridimensional desnudan el alma del individuo hasta unos límites insospechados, si se me permite la expresión.

-Se te permite, se te permite, Roberto. ¿A dónde quieres llegar?-Odisea ahora ya parecía impaciente. Bertrand Russell estoico, omnisciente, sumergido en la galaxia de datos que lo conformaban. El aludido siguió hablando como si no hubiese sido interrumpido:

-Por ejemplo: Las pérdidas de memoria suelen esconder algún trauma infantil que provoca un desajuste bioquímico en el cerebro. Ahora podemos ver exactamente en qué región del cerebro se aloja el recuerdo de dicho trauma e incluso eliminarlo. Sin embargo en el caso que nos ocupa sí detecto alteraciones en la amígdala y el hipotálamo, y me refiero en los individuos “felices”, claramente además. Sin embargo…

-…No puede determinar la causa de esas alteraciones que reflejan su instrumentos tecnológicos. Es decir, que detecta el “qué” pero no el “como” ni el “porqué”-Concluyó el holograma, casi magnánimo.-Disculpen pero queda poco tiempo y quisiera que comentáramos la última cita que usted me preparó, a ver si nos suministra alguna pista para desvelar el misterio.

-Adelante-claudicó Lee, casi refunfuñando. Sabía que tenía razón. Si detectaban esa “derivación pirata”, procedente del ordenador cuántico de la biblioteca de PegasusGreen, probablemente no podrían volver a usar ese software de simulación tridimensional. Y la verdad es que prometía…

“LA FELICIDAD CONSISTE, FUNDAMENTALMENTE,
EN CONFORMARSE CON LA SUERTE. EN QUERER SER LO QUE UNO ES”

ERASMO DE ROTTERDAM

  Y el espectro tridimensional del filósofo añadió:

-El significado de la frase del erudito holandés del Renacimiento es tan obvio que si quieren pasamos directamente a la incidencia de esa gran verdad en los colonos extrasolares.-Su voz firme, su aspecto sobrio, la sabiduría que se le suponía atesorada en su cerebro de qbytes generaban en la periodista y en el neurobiólogo la seguridad del sabio octogenario que en verdad no era.

-La cita es maravillosa pero nada aplicable al caso que nos ocupa, nada más que para confirmar su singularidad.

-Si te explicas, Odisea, quizás no me sentiré tan tonto por haberla elegido.-Gruñó Roberto, ligeramente cariacontecido.

-Claro. Yo misma…, y perdón por el egocéntrico ejemplo, pero soy el sujeto atípico que tengo más a mano. Tengo la convicción de que he tenido muy mala suerte desde que llegué a este planeta:-Entonces levantó el pulgar de la mano derecha para emprender una enumeración: Mi jefe es un cabrón resentido…, …no me gusta mi trabajo…-añadió alzando su índice. Después saco a pasear su dedo corazón formando un tridente, diciendo:-…, añoro el lapislázuli del océano…, mi casa es demasiado pequeña y húmeda, duermo fatal-su anular y meñique sirvieron enfatizar sus afirmaciones. Habiéndose quedado sin más apoyo digitales de su mano derecha alzó la izquierda y con su pulgar apuntaló:... y, por último… me he vuelto a enamorar del tipo equivocado. Roberto Lee entonces emuló a Marlon Brando en el “Rostro Impenetrable” pero el holograma sí modificó su expresión para intervenir:

-…Señorita: No importa que piense que tiene mala suerte sino su actitud hacia los hechos que se derivan de dicha “conjunción aciaga de los astros de su signo”-esbozó haciendo aspavientos con sus manos, como un astrólogo. El hombre al que representaba siempre huyó de cualquier disquisición que no se embridara dentro de los márgenes del más estricto análisis racional. Añadió:-¿Lucha? ¿Se enfada?

-Lucho, me cabreo, grito, e incluso lloro por las esquinas pero, de forma inaudita, todo ello no impide que me invada cada mañana esa mágica sensación…

-…Cada mañana…-repitió pensativa la imagen tridimensional.

-Es cierto-terció el médico más sereno-Sin estar tan en desacuerdo con mi situación actual en este planeta como la señorita Lewisburg, sí he de decir que hay algo en mí que me hace inmune de los sucesos aciagos. Cuando un paciente, por desgracia, fallecía en mi mesa de operaciones en La Tierra estaba destrozado durante una semana, independientemente de que tuviera culpa alguna o no de ello. Aquí, en Mundo Verde, afortunadamente sólo me sucedió una vez: Pasé una tarde regular y a la mañana siguiente estaba nuevo. La insondable alquimia de patear este mundo fue la única terapia que seguí.

-…a la mañana siguiente…-volvió a repetir el holograma. Después, volvió a tirar de su cadeneta de oro y consultó su reloj de bolsillo inmóvil y circunspecto.-Bien, señorita, caballero, he de irme pero antes he de decirles que nuestra conversación ha sido más fructífera de lo que pueda parecer en primera instancia. Tendremos que posponer para el próximo día nuestro debate acerca si los “ingredientes” clásicos de la felicidad aumentan, disminuyen o se mantienen en los colonos, desde que comenzaron los viajes espaciales, si quieren que enfoquemos el asunto desde ese prisma. Otra línea de actuación sería debatir sobre las conclusiones extraídas sobre la charla de hoy. En fin, será una pequeña moratoria de 36 horas, si les parece, que nos vendrá a todos estupendamente para procesar toda la información que hemos compartido. Me atrevo a augurar que mañana, a esta misma hora, podríamos tener el problema casi resuelto…espero…-fue la primera vez que le vieron titubear. En cualquier caso no esperen nada fabuloso, ni fuegos artificiales, ni el santo grial de la felicidad eterna para la especie humana. Se trata, sin duda, de algo coyuntural.-Eso contradecía a lo afirmado por la periodista en el navío estelar al neurobiólogo, antes de la hibernación.

-¿A sí? ¿Algo hemos sacado de nuestro singular debate a dos bandas…y pico?-Preguntó la periodista escéptica.-Antes esfumarse espero que nos aporte un poco de luz, pues mi a-mi-go-dividió con retintín-y yo me temo que andamos entre tinieblas. Por cierto, todavía no nos ha comentado porqué anda preocupado.

-A la luz de la razón lo que sucede es obvio y ustedes también estarían preocupados si no fuese por esa extraña “patología” que les aqueja,…que ya la quisieran para sí las cuarenta mil generaciones de humanos que les precedieron. Lo del atentado terrorista es sólo el principio. Si una parte de la población no es feliz tendrá envidia de los que los son; felices, además, de esa forma tan exultante… e insultantes, para ellos. Envidia, sí, ese pecado capital tan horrible. “En vez de obtener placer por lo que se tiene, se sufre por lo que tienen los demás”. Junto al miedo, la envidia es una de las fuentes más poderosas de infelicidad. Al egoísta puro le es muy difícil ser feliz…

 -…No sé si comprenden el efecto rebote de su singularidad “platónica”: La condición humana, tan superlativa a veces, tan deleznable otras, acentuará la infelicidad intrínseca en algunos individuos. Eso creará un desequilibrio social insalvable, dos facciones, una escisión de la raza humana como los “Morlocs” y los “Eloi” de la obra de Herbert George Wells, “La Máquina para explorar el Tiempo”... Como recordarán los primeros tenían en su menú a los abnegados segundos.

-…Y supongo que para esa facción de “Morlocs”, que amenazan con canibalizarnos, no servirá de nada los fármacos, sustancias como la selegilina, que inhibe la monoamino oxidasa B…,-tras verificar la expresión oblicua de la periodista Roberto aclaró: perdón…eh,… en román paladino, sustancias que les haga felices químicamente. “Prozac” fue el nombre comercial que recibió uno de aquellos compuesto hasta que el director de la compañía pionera en sintetizarlos se suicidó, quizás por no administrarse su propia medicina.-Lee, tras sus palabras miró alternativamente a Odisea Lewisburg y al espectro cuántico. Fue éste quien continuó hablando para contestarle:

-Los fármacos no son solución, sino unos pequeños parches en la embarcación que no impedirá que ésta zozobre. En tal caso tendríamos tres facciones: Los felices incondicionales, los felices químicos e inestables, y los infelices que no tuvieran la fortuna de los primeros o que el fármaco no les hiciera efecto (o que simplemente no se lo administraran, o no correctamente). Es decir, que los planetas extrasolares son una bomba de relojería…-el mismo concepto planteado con la misma expresión, pensó Odisea en ese momento. Sí, a pesar de su “enfermedad”, si había deducido solita lo que podría ocurrir, aunque prefirió no decir nada.

-…a punto de estallar…o que ya ha estallado. Les esperan tiempos turbulentos, revueltas sociales, huelgas, que se propagarán de forma centrífuga, en cuanto se difundan las noticias …y eso será sólo el principio. En mis bases de datos no consta todavía revueltas en otros mundos colonizados y deduzco que el fenómeno, para que se produzca, ha de ser en sociedades con cierto grado de consolidación como tales. Mientras uno sólo piensa en la supervivencia no tiene ojos para nada más y sus impulsos subversivos quedan relegados a un segundo plano, aplacados. Pero era cuestión de tiempo…y algún mundo ha de ser el primero. No quiero ponerme apocalíptico, y menos a estas horas vespertinas, pero, ¿recuerdan el mito griego de Pandora? Venga, señorita Lewisburg, que con su nombre tendría que tener grabado a fuego a Homero y Virgilio hasta en su última neurona.

-Mujer que abrió la caja que contenía todos los males y éstos se desparramaron por toda la Tierra, y bla bla bla….-Recitó repelente y enciclopédica. Y modulando su voz, en su faceta de payasa pizpireta, añadió:-No, no, que no tengo ninguna antepasada remota con ese apellido, se lo aseguro. No siga por ese camino, que lo más dramático que me ha pasado al destapar una caja ha sido tener que volver encargar en una ciberzapatería un tono menos de beige, que no es poco, por cierto.-Pero los axiomas que configuraban el rostro de Bertrand Russell permanecieron congelados, por lo que en su expresión no cabía ni una concesión al humor por la seriedad del asunto abordado. Lo que iba a afirmar, la periodista ya lo había intuido en el momento que supo del atentado:

-El éxito en su investigación periodística trasciende mucho más allá que una simple crónica de sociedad: No sé si es consciente, si entiende en toda su extensión, que encontrar la solución al misterio es vital para la supervivencia de las colonias humanas.-Entonces su sonrisa se volvió un poco vitriólica. La amalgama de datos contrapuestos, ambiguos, impelieron al software a dibujarle esa expresión:-Ah, y estoy preocupado aunque piense que podemos resolver el enigma mañana a esta horas porque, aunque sea así, ¿quién dice que saber el porqué nos permita cambiar nada?

* * *

…Él hubiera querido que un pequeño B-19 saliera de sus entrañas. De ese modo, cuando su desconexión fuera total, algún robot quedaría sobre ese mundo. Pero él sabía que pensar aquello era una estupidez. ¿Como iba a conseguirlo, si no conocía a ningún otro robot que pudiera ayudarle…?

…Su observación de los Seres Verdes y los Seres de Vida Breve se prolongó mucho tiempo. Observar, reflexionar, recargar energía. Poco a poco la memoria comenzó a fallarle: Un día se dio cuenta que solo recordaba los últimos meses de su existencia: La concepción del universo iba a cambiar radicalmente para él. Comenzaba a hacerse preguntas como...¿qué hacían esos seres allí? ¿De donde habían salido? ¿Que es lo que hacía él mismo en aquel lugar? Observar, reflexionar, recargar energía. Una pregunta más le asaltó: ¿Qué...qué es lo que él era? ¿...y esa voz que salía aún de su espalda…?

…Primeramente, su cerebro discurrió a lo largo de una línea de pensamiento no organizada: divagó. Después, muy lentamente, su mente cuántica fue encadenando acontecimientos y de estos, de modo progresivo, obteniendo conclusiones. Poco a poco el cosmos volvió a tener sentido para él…

Pasaron algunos años más.

…Ahora ya lo tenía todo claro ¿Como podía haber dudado en cualquier momento? Durante sus reflexiones, los sucesos que no se habían adaptado a su concepción universal fueron interpretados por B-19 como aberraciones de irrelevante importancia. Si alguna pieza no encajaba en el rompecabezas por él creado se trataba, sin lugar a dudas, por un defecto de la pieza, no de su teoría…

* * *

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