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MAGAZÍN UCRÓNICO DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA DEL MAÑANA
"Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes,
deberá acomodarse a frecuentes cambios"  CONFUCIO
 
FUTURE ADVENTURES - LOS OCÉANOS DE ÍO - PRIMERA PARTE
 
 
Future Adventures
NOVELA CORTA
Io

BREVE SINOPSIS

Estación de Origen: Ío, quinto satélite de Júpiter, usado como lanzadera, aprovechando la fuerza gravitatoria del sistema joviano. Prohibido no mirar.
Estación Destino: Mundo Verde, a 42,3 años-luz de la Tierra. Planeta terraformado parcialmente; paraíso subtropical a distancia sideral.
Viajera: Odisea Lewisburg, periodista treintañera de principios rectilíneos y pensamientos penetrantes. No implantes neuronales, ni siquiera dentales.
Objetivo: Desentrañar el misterio que 'aqueja' al 30% de los colonos, una extraña enfermedad llamada...¡felicidad!
Armas Disponibles: Tozudez en grado sumo, inteligencia oblicua, sexto y séptimos sentidos altamente desarrollados tendentes al 'deja vù'. Belleza intolerable, sonrisa invencible.
Personaje Invitado: Bertrand Russell, filósofo, matemático y premio nobel de literatura 1950.


AVISO LEGAL

"Los Océanos de Ío ",al igual que todos los relatos, microrelatos, cuentos, novelas cortas y novelas de la sección Future Adventures está debidamente registrado, sus derechos de autor protegidos, y su plagio, total o parcial, sin citar nuestra web de Tiempos Futuros, está tipificado como delito. Para cualquier duda al respecto consultar el Aviso Legal.

Los Océanos de Ío

Autor: Voyager (o no)

                                  
                                         PRIMERA PARTE:  UN VIAJE RUMBO A LO DESCONOCIDO

                                                                                         
I
Oda a la incandescencia.

 Odisea Lewisburg contempló el infierno de Dante a través de los amplios ventanales del navío estelar. Contempló atónita como enormes géiseres ígneos de dióxido de azufre se elevaban sobre la superficie de Ío a una altura fabulosa, hasta casi fagocitarles. La periodista asistía perpleja al espectáculo atornillada en su asiento, hipnotizada por las imágenes, con sus retinas envenenadas de un universo de matices carmesí. Imposible no quedar atrapada por el ciclópeo magnetismo de su sortilegio crepitante. Wagner, como no podía ser de otra manera, era el encargado de la banda sonora, de consolidar la extraordinaria sensación dramática. La belleza salvaje del enorme volcán Ra Patera penetraba como un cuchillo afilado en lo más profundo de la mente de los colonos, con sus narices pegadas a los cristales. Aquellos océanos de lava embravecidos, no desmerecían respecto de los que inspiraron al genio de Leipzig para componer “El Holandés Errante” y otras de sus composiciones.

-Esto, de forma indefectible, convierte a los robotdoctores que nos van a criogenizar en valkirias. En la mitología escandinava designaban a los héroes que iban a morir. Disculpe: Me llamo Roberto Lee, soy neurobiólogo y sigo su carrera desde su épica retransmisión del Monte Olimpo marciano, “tres veces más alto que el Everest”-Y el hombre extendió su mano extendida hacia la chica.

 Hasta ese momento, Odisea, desde su pequeño pero proporcionado cuerpo, debajo de sus largos cabellos azabache y absorta en la majestuosa empresa que estaba a punto de abordar, no había reparado en su compañero de asiento. Había dormido como un cesto prácticamente todo el trayecto Tierra-Júpiter y algunos pasajeros se habían subido al navío en la escala en Marte y mucha gente había intercambiado sus puestos, para disfrutar de las vistas. El médico también viajaba solo, y al igual que ella, no despegaba su vista del increíble averno joviano que tenían delante. El mastodóntico Júpiter quedaba a estribor la nave, en el lado opuesto, a cuatrocientos mil kilómetros de distancia, y en principio no restaba ni una brizna de protagonismo a su prodigioso satélite, que a muchos de ellos tenía embelesados.

  Su enorme campo gravitatorio era el responsable de todo ese prodigio telúrico, al calentar el núcleo del satélite, al encender la mecha con su omnímodo poder de soberano de los dioses. La aeronave acompañaba en su órbita a Ío por su periplo alrededor del coloso y así lo llevaba haciendo 38 horas, en un vals temerario y sincrónico, en audaz escenografía que podía acabar soliviantando a su amado. Ni en sus delirios oníricos más siniestros nadie querría ni imaginar un Zeus/Júpiter furibundo, a un aprendiz de estrella-que se quedó en planeta-celoso e iracundo, así que el navío bailaba discreto sin tocar a la dama. Odisea, durante unos segundos, despegó su verde mirada del astro descubierto por durante una noche insomne por Galileo Galilei.

-Encantada, Odisea Lewisburg, periodista recalcitrante, aventurera impenitente.-Comentó fugaz mientras estrechaba una mano cuyo dueño-un hombre de pelo castaño, cincuenta y pocos años, penetrantes ojos de miel, nariz rectilínea que quizá avanzaba un rasgo análogo de su carácter,-reflejaba en sus profundas ojeras que la vida había pasado sobre él como una estampida de ñúes: pateándole.

-Disculpe mi intromisión, pero ya en el espaciopuerto “Space Adventures” me percaté de que éramos algunos de los singles de que nos embarcaríamos en esta epopeya, de ahí nuestra coincidencia en estos asientos. A pesar del calor saudí, quizá alimentado por la tradicional hospitalidad árabe, los pasillos se me antojaron gélidos, las salas de transito y facturación de equipaje escenas escapadas de relatos del antiguo escritor Joseph Conrad. No trato de ligar con usted, de establecer lazos más allá de los intelectuales, a pesar de mi admiración hacia su figura que antes mencioné. Soy viudo reciente y Ella la única razón que me ataba al viejo planeta. Nunca tuvimos hijos.

-Lo siento-dijo la celebérrima periodista, desmagnetizando su ojos de nuevo de las columnas de fuego, de las chimeneas volcánicas, de las nubes de sodio y cloro impelidas desde la superficie-Atravesar media galaxia para empezar una nueva vida, alejarse años-luz del dolor que ahora le invade, restañar las heridas. Supongo que todos los que están aquí escapan de algo, buscan un nuevo amanecer que no supieron encontrar en la Tierra. De ahí esa fría sensación que ambos experimentamos antes de nuestra partida. Sí, yo también.

-Escapan, buscan, están,… compruebo que descarta la primera persona…, señorita Lewisburg.

-Efectivamente, mis motivaciones son bien diferentes. Atravesar pársecs en pos de una estrella, como otrora hicieran miles de europeos en busca del Nuevo Mundo, es en mí una cuestión profesional, no personal. Me temo, señor Lee, que este no es para mi un viaje ni de placer, ni de catarsis.

-Bueno, respecto de aquellos colonos rumbo a América que menciona observo una diferencia sustancial: Nosotros permaneceremos sesenta años criogenizados, ellos estuvieron sesenta días en alta mar, algunos, eso sí, también “hibernados” por el efecto narcotizante del alcohol etílico...

-Macerados o fermentados, entonces-matizó la periodista. El médico la miró sorteando su puntualización para disparar en el centro de la diana:

-¿Para qué ha venido entonces, señorita Odisea Lewisburg?

  En ese momento, una estilizada azafata robótica irrumpió su conversación. Al parecer llevaba unos minutos allí, inmóvil, esperando que ellos se percataran de su presencia. Sus cabellos, eternamente recogidos, configuraban un moño perfecto. Su expresión, simpática pero anodina, carecía del mínimo sesgo de inteligencia creativa. Aquella mercenaria digital cumpliría a la perfección su trabajo…sino se presentaban imprevistos, claro. Los reflejos escarlata y rubí, grana y bermellón, procedentes del espectáculo exterior, galvanizaban su monotraje, cual espejo en llamas. Aseveró:

-Mi nombre es XTina y estoy aquí para hacerles más confortable el viaje. El legendario genio del humor del siglo XX, Woody Allen, dijo del autor de esta música: “Cuando salgo de la ópera de escuchar a Wagner me entran ganas de invadir Polonia.”

 Odisea estalló en carcajadas, él sonrió ampliamente, reacciones en las antípodas a la que se traslucía del hierático rostro de la androide. El sentido del humor era para ellos como la teoría de los universos paralelos para un orangután. Técnicamente era más que posible dotarles de dicha facultad. Socialmente no era demasiado aconsejable.

-¿A todos los futuros colonos les cuenta el mismo chiste?-Preguntó Odisea sin acritud.

-Sí, a todos, señorita Lewisburg.-admitió sin rubor- También algún otro si viene al caso, por ejemplo, si algún miembro del pasaje menciona la posibilidad de que alguna de esas enormes erupciones de lava nos alcancen, carbonizándonos, lo cual es extraordinariamente habitual; me refiero a que los colonos mencionen la posibilidad, no que las naves sublumínicas se chamusquen, claro. Ocho de cada diez viajeros lo hacen. Por si les interesa les comentaré algo del astro prodigioso que tienen delante: Ío, quinto satélite desde el planeta Júpiter, poco mayor de la Luna terrestre, se asemeja a un generador eléctrico al desplazarse en su órbita por el interior del campo magnético del enorme planeta gaseoso. La diferencia de potencial es de casi medio millón de voltios, que genera una corriente eléctrica de millones de amperios y que se desplazan hacia la ionosfera de Júpiter.

-Muy interesante, de verás, pero estoy esperando que dispares, forastera-Le espetó el neurobiólogo en tono neutro, con visible esfuerzo por desinhibirse. El comentario tenía mucho de volitivo, de forzado, y poco de espontáneo aunque la pugna por vencer el sentimiento de culpa se saldaría a su favor en ese lance.

-¿Cómo dice, doctor Lee?-La azafata abrió más todavía sus ojos.

-El chiste, ¿cual es el chiste? Espera, te ayudaré:-y Roberto Lee, prestigioso profesional de la neurología, inmerso en una moderada depresión por la muerte de su esposa,  jugó como un niño con la inocente azafata artificial. Hacía tanto tiempo que no hacía nada similar que ya no se acordaba de cuánto. Su psiquiatra, un colega y amigo, le aconsejó que jamás tirara la toalla: Que luchara y así lo haría. Dijo como casualmente:- Uff, ese penacho de fuego casi convierte a la nave en una barbacoa gigante.

-¡Ahhh!. Ahí va: Groucho Marx, mítico actor cómico de la primera mitad del siglo XX, dijo: “Cuando yo muera quiero que me incineren y que con el 10% de mis cenizas espolvoreen a mi representante”.

-Ja ja ja.-Roberto consiguió reír, al parecer de forma bastante interesante, según juzgó inconscientemente su compañera de asiento en centésimas de segundo. Decenas de músculos de su rostro se estiraron y se contrajeron tras mucho tiempo sin hacerlo -¿Y se cumplió su última voluntad?-preguntó retóricamente.

-Ja ja ja…muy bueno.-La periodista estaba dispuesta a seguir el juego. ¿Tenía algo mejor que hacer tras la sobredosis visual del sistema joviano?-Si su propio representante era el responsable de llevar a efecto la última voluntad del difunto la escenita no tendría desperdicio, la verdad.
 
La androide, inmune a las piruetas dialécticas de sus interlocutores, hablo:

-Bien, señores, he venido a avisarles que las velas solares de nuestro navío espacial comenzarán a desplegarse en breve, desactivándose así los motores nucleares y quedándonos, entonces, al “capricho” de los cuánticos. La nave, tras el impulso inicial y aprovechando el tirón gravitatorio de Júpiter, ya ha adquirido la velocidad necesaria para comenzar nuestro viaje estelar…

 Ambos sabían que otras compañías espaciales usaban a su hermano menor, a Saturno, con idéntico objetivo gravitatorio; la diferencia para los viajeros era casi de índole turística, aunque alcanzar el planeta anillado requería algo más de tiempo. Algunas empresas aeronáuticas compensaban la diferencia con pasajes más caros y con las menores tasas aduaneras que gozaba orbitar alrededor del “Dios del Tiempo”. Ellos, a la hora de hacer sus reservas, prefirieron contemplar de cerca la gran mancha roja jupiteriana,-del tamaño de dos Tierras-, y los bellos satélites del coloso, frente a los no menos fabulosos anillos saturninos y sus imponentes lunas, como la también convulsa Enceladus o la enorme Titán. La bella robot azafata continuó hablando:

-…En menos de dos horas les trasladaremos a las cámaras de hibernación. Si quieren grabar algún mensaje de despedida a la Tierra este es el momento. Ah, por favor, si son tan amables, beban esto.-Y les acercó, casi a traición, una bandeja con sendos vasitos de plástico blanco, llenos de un líquido mate y espeso. Ambos se miraron con sus labios sellados por un hilo invisible. Claro: los chistecitos, la pequeña diatriba de astronomía planetaria, las explicaciones acerca del proceder de la nave, …cortinas de humo. Cortinas de humo para distraer la atención.

-Me siento como la Bella Durmiente, pinchándome voluntariamente con la rueca-bromeó finalmente la chica. No estaba demasiado nerviosa a tenor de las circunstancias; había tenido muchos meses para mentalizarse. Luego miró el vaso en silencio durante medio minuto y, finalmente, lo apuró de un trago. Roberto Lee seguía mirando el suyo cuando, finalmente, su pugna interior venció esa batalla; no pudo evitar sentenciar:

-Supongo que es mejor hacerlo así; nos ahorraremos la sala blanca como la muerte, esos neo-sarcófagos terribles con inscripciones digitales. Nos ahorraremos la visión de las jeringuillas afiladas dispuestas a sustituir nuestros fluidos corporales. Anticoagulantes, como la heparina y criopreservantes, como el glicerol, la glucosa modificada y el dimetil sulfóxido tomarán su espacio. Después todas nuestras funciones metabólicas se detendrán y se obtendrá el trazado plano de nuestro electrocardiograma, es decir, la muerte clínica… ¡ Siniestra liturgia del cryo-protocolo…!

-Cállese.-Ordenó Odisea Lewisburg, sin ningún tipo de contemplación.-¿O ya había terminado de desglosar la “casquería” que les espera a nuestros cuerpos serranos?

-Disculpe…estoy nervioso y cuando eso me sucede me retrotraigo automáticamente a mis años de estudiante; me pongo a largar a diestro y siniestro, a barlovento y a sotavento, las cuatro cosas que aprendí en la Facultad de Marte.  Sé que a veces es mejor no saber los detalles, como el estado de la cocina del restaurante donde se deleita uno con suculentos manjares, por ejemplo. Son los nervios que hacen que emerja traidor el médico sádico que yace aquí agazapado, perdóneme.-Entonces quiso cambiar de tercio, como para enmendar su pequeña metedura de pata-:- Por cierto, en el folleto de la Compañía recomiendan olvidar la Tierra y sus coordenadas temporales, centrándonos en las nuestras personales y en las de nuestro mundo de destino; y realizar todo ello cuanto antes…, cosa harto difícil, por cierto.-Ella iba a ayudarle a rectificar:

-Piense, señor Lee, que cuando despertemos nuestros antiguos jefes llevarán décadas muertos y, eso sí, nos habremos perdido otra pasada del cometa Halley aunque, al mismo tiempo, ahorrado muchas promesas electorales incumplidas de nuestros políticos. Nos encontraremos a casi medio centenar de años-luz del mundo donde se inventó el tanga, el papel higiénico multicolor, la holotelebasura y los impuestos indirectos. -Después de las palabras de su compañera de asiento el neurobiólogo tragó con dificultad el líquido, como si no estuviera muy convencido de la formidable aventura en la que se había embarcado. Tosió dos veces y se le revolvió el estómago. A pesar del sabor dulzón del compuesto su mueca acentuó más todavía los surcos que formaban sus ojeras.

-Sin duda, los mayores logros de la humanidad, esos que menciona, señorita Lewisburg.-sentenció Roberto Lee con los ojos enrojecidos, una vez pudo hablar. Parecía avergonzado de haber perdido un poco el control hacía un momento.

-Estoy convencida que recordarle lo del papel higiénico histriónico ha sido determinante para querer alejarse de allí a todo trapo, ¡confiese!-Las comisuras de los labios del doctor se volvieron a curvar hacia arriba rompiendo definitivamente sus telarañas. El humor de Odisea Lewisburg era casi tan absurdo como el del señor del puro que quería que espolvorearan a su representante-como para sazonar su estulticia, su inoperancia-…con sus propias cenizas.

* * *

…Viejas canciones de Ella Fiztgerald sonaban ininterrumpidamente dentro de su cabeza. Tenía nociones del funcionamiento interno de un reproductor digital por lo que construyó uno, por cierto, más grande de lo que hubiera deseado. Ajustado sobre su espalda a modo de mochila le daba un aspecto lo suficientemente pintoresco como para resultar enternecedor. Recordar cada nota, cada acorde, hacer notar la trompeta o el bajo donde eran requeridos, fue lo que le supuso un mayor esfuerzo. Un esfuerzo para rescatar de su memoria las partituras y letras y, al mismo tiempo, reproducir aquellas canciones que alguna vez escuchó. A medida que el Procesador hiciera su trabajo el riguroso silencio planetario dejaría paso a aquellas melodías, abriéndose paso a través de la incipiente atmósfera artificial. La música le hacía feliz. Feliz era un término que le gustaba emplear aunque no era del todo correcto. Pudiera decirse que la música le proporcionaba una estabilidad a sus circuitos cuánticos que hacía que el flujo de qbits corriera más libremente por ellos. El ser que disfrutaba con aquellas melodías era un robot…

…B-19, que ese era el nombre que le habían asignado, había mitigado poco a poco su desconcierto inicial; otros robots terraformadores como él debían de haberse encontrado en el planeta, en esa subrregión rodeada de enormes montañas. Sin embargo, nunca estuvieron allí. En un principio él pensó que aquello era imposible. Su programa detallaba claramente que otros noventa y nueve compañeros realizarían junto a él la tarea de aclimatar ese mundo para el hombre. El plazo previsto eran unos cincuenta años… más lo que tardara la atmósfera en generarse y purificarse. O su cronometro interno mentía (pensó que el termino correcto sería "sufría un desajuste"), o había trascurrido más tiempo que las décadas inicialmente programadas.

B-19, cuando hubo terminó el plazo, había aguardado pacientemente la llegada de los ingenieros humanos. Se sentiría terriblemente mal cuando éstos vieran que solo había comenzado su tarea. Sin embargo hubiera podido aprovechar la ocasión para preguntarles dónde se habían metido todos los robots que faltaban. ¿Dónde se habían metido todos los robots...?

 

…Recordó que, al principio, sus circuitos abrigaban tal confusión que estuvo a punto de bloquearse en virtud de un feo overflow, a pesar de la ingente capacidad de proceso cuántica. La crisis producida por tan demencial hecho empezó a ser superada cuando se le ocurrió una idea: Él era consciente de que, si los robots no estaban allí, no podría cumplir su misión; B-19 hizo lo necesario para que en vez de no estar…¡ ellos sí se encontraran allí !. Extrajo minerales del subsuelo y construyó noventa y nueve robots que faltaban. Ello le llevó largo tiempo...

…Sin embargo sus esfuerzos fueron vanos. Por alguna razón que él desconocía los robots permanecieron inmóviles. Había sido muy metódico a la hora de reproducir fielmente su armazón externo, a su imagen y semejanza, aunque quizás el resultado no fue el esperado. Dar vueltas al asunto le condujo a pensar que, a lo mejor, hubiera debido rellenar esta estructura con algo, en vez de construirlos huecos. Pero, ¿como podría hacerlo? Él no sabía nada de robótica, salvo las mínimas funciones de auto reparación y mantenimiento.

  Aquel fue unos de los momentos en los que se maravilló de los humanos. Ellos sabían construir robots que hablaban, pensaban y hacían su trabajo. B-19 hubiera tenido alguna posibilidad de éxito si hubiera sido un Robot Constructor. No lo era. Tampoco había ninguno por allí. Eso descartaba la posibilidad de intentar desmantelarse a si mismo para ver que tenía en su interior. Afortunadamente, B-19 era un Robot Capataz y eso le garantizaba una larga vida sin apenas reparaciones de ningún orden…

 

II

 

-Gracias por viajar con nosotros.-La chica cibernética, tras verificar que ambos lo habían ingerido, continuó avisando al resto del pasaje y suministrándole el brebaje narcótico, concretamente en los asientos anteriores a los suyos:-Mi nombre es XTina y estoy aquí para hacerles más confortable el viaje. El legendario genio del humor…

-Bien, señor Lee, ¿no va a realizar esa grabación?-Odisea pareció arrepentirse de su pregunta nada más emerger de su boca; hubiera dado lo que fuera por atraparla en el aire que les separaba. Demasiado tarde.-Disculpe, doctor.

-No sé preocupe: Si se ha fijado, hasta ahora nadie de los que nos preceden se ha levantado de sus asientos.-Ambos se volvieron certificando sus palabras; unos pasajeros dormían ya o todavía, otros seguían abducidos por la efervescencia de Ío, algunos sentados a estribor despreciaban al fogoso satélite centrándose en su colosal amante mitológico, el inmenso Júpiter. Otros ignoraban el exterior sumergidos dentro de los mundos virtuales que les suministraban sus cascos.-Como vino a decir antes, los que subimos a bordo de este navío ya trazamos una línea que dividiría nuestras vidas, para siempre…¡y me temo que nos acabamos de beber la pócima mágica que nos hará saltar al otro lado de dicha línea! Para cuando alguno se piense dos veces la locura que está a punto de afrontar estará demasiado dormido como para suplicar que le desembarquen en Puerto Europa. Al parecer es usted la que tendría más razones para ir a las cabinas de holograbación.

-No, no lo haré a pesar de que, como le comenté, mis motivaciones para estar aquí son bien diferentes a las del resto de los viajeros. El común denominador con todos ustedes es que a mi tampoco nadie me echará de menos en el Planeta Azul. Una vida consagrada al trabajo eliminó los tabiques que deberían separar las demás facetas de mi vida, dejando ésta diáfana y monotemática. De cualquier modo, para toda la gente que se queda ahora en el Planeta nos encontramos en un estadio lo más parecido posible a… estar muertos.

-Bueno, no pretenderá que, tras rociarnos dentro de un rato con dióxido de azufre, con una concentración de 90 partes por 1000, yazca más de medio siglo con la incógnita congelada dentro de mi cerebro, ¿verdad? La desazón que me invade, y que como ve soy incapaz de disimular, no ha neutralizado del todo mi curiosidad, se lo aseguro. Ya sabe a qué me refiero, ¿verdad?

-Lo cierto es que usted conozca el motivo de mi viaje no alterará los resultados de mi estudio.-Entonces ella adoptó un tono más confidencial:- Habrá escuchado usted lo que se cuenta de algunos de los colonos en los planetas terraformados…

-Si se refiere usted, “periodista recalcitrante, aventurera impenitente”, a su altísimo grado de felicidad le diré que sí, que creo que todos lo hemos escuchado. Bueno, perdone la simplificación de un lego pero…ello parece lógico, ¿no cree? Un mundo nuevo, una ilusión nueva, una vida nueva,… ¿No estamos aquí todos con esa esperanza? Sigo especulando sin saber pero, bioquímicamente, podría deberse simplemente a algo sencillo: Está demostrado que un aumento de las horas de luz que recibe un ser humano incide directamente en su estado de ánimo.

-Ay, querido, si fuera tan sencillo…: Por un lado su “teoría lumínica” queda descartada en los mundos colonizados cuya estrella es tenue, o los ciclos de rotación planetaria menores de 24 horas…¡o las dos cosas! Allí los colonos extrasolares tienen la misma-y atípica-tasa de “felicidad extrema”; de esta tasa quedan totalmente excluidos los aborígenes, es decir los naturales del planeta destino, hijos de colonos que arribaron allí, que tras mi estudio se desprende que no registran cotas de felicidad o infelicidad anómalas. Respecto de la ilusión que mentaba, sí, a todo el mundo nos ilusiona cualquier nuevo proyecto pero, ¿cuánto duraría esa sensación en el planeta Tierra? Afortunada o desgraciadamente, y de esto creo que sabe mucho más que yo, el ser humano se acostumbra, se amolda a lo bueno y a lo malo y dicha versatilidad es lo que nos convierte en una especie con altas cotas de supervivencia, en cualquier medio, en cualquier circunstancia.

-Bioquímicamente ello se debe a que el cerebro es un órgano cambiante, plástico, que modifica su estructura interna según las circunstancias externas, creando nuevos puentes neuronales. Perdone la parrafada técnica pero me lo ha puesto usted en bandeja,… como la azafata los fármacos sedantes.-El doctor ya parecía más tranquilo a pesar de haber ingerido el compuesto o quizás precisamente por haberlo hecho. Hay fenómenos que sencillamente nos sobrepasan y probablemente más a las personas que piensan de un modo cartesiano, como era el caso de Roberto Lee.

-Aja, entiendo. Le admito que desconocía ese extremo-dijo Odisea al tiempo que se creaba en su cerebro unos cuantos enlaces neuronales con la nueva realidad codificada que acababa de asimilar-Lo extraordinario es que se ha observado el anormal coeficiente de “éxtasis” sólo en determinados grupos de colonos, no en todos. El criterio está por determinar. Le diré que los estudiosos del tema que me precedieron descartaron uso de psicotrópicos u otras sustancias euforizantes. Quiero decir que las cotas anómalas de “satisfacción supina con su existencia”, por llamarle así, no dependían, ni al parecer dependen, de ninguna sustancia externa en los individuos estudiados. Hablamos de algo menos coyuntural, mucho más profundo.

-Bien…interesante…siga… soy todo ojos para los océanos de Ío pero todo oídos para usted…-ella también contemplaba la fascinante ceremonia magmática, mientras hablaba. Prohibido no mirar:

-Diez, treinta, o cincuenta años después de llegar a los planetas terraformados muchos de aquellos hombres y mujeres valientes siguen tan exultantes como el primer día. Y ello a pesar de las enormes dificultades de colonización: trabajo duro en la construcción de infraestructuras, clima extremo, bombardeo de asteroides, tenue como una vela o cegadora luz solar, imposibilidad de retornar a la Tierra, enfermedades nuevas debido a la diferente gravedad o alimentación, desprotección de las instituciones por hallarse éstas en fase de formación, etcétera, etcétera.

-Aja, entiendo. ¿Qué porcentaje de colonos experimentan los efectos “platónicos” que me comenta?-Roberto Lee comenzaba a estar realmente intrigado. Aquella mujer estaba poniendo sobre el tapete algo en lo que no había reparado cuando decidió abandonarlo todo.

-Depende de cada mundo, pero realizando una media aritmética, aproximadamente un treinta por ciento. En el mundo al que nos dirigimos el porcentaje asciende al cincuenta y cinco por ciento.

 En ese momento, los asientos que tenían delante rotaron de improviso, situándoles frente a frente ante una pareja nonagenaria, de aspecto afable y rasgos africanos. Su expectativa de vida podría prolongarse al menos tres décadas más en virtud de las novedosas técnicas anti-envejecimiento-como el control de la encima telomerasa-, por lo que no les extrañó su edad. Ella, pegada a los ventanales, estiró sus labios en lo que los otros interpretaron como una sonrisa. El anciano lucía unas gafas gruesas y opacas que le eclipsaban en gran medida el virulento crepitar de la luna joviana.

-Disculpen la intromisión de estos dos viejos… recauchutados-dijo la mujer de traje colorido pero mirada lánguida. La amplia variedad cromática de su indumentaria era compartida también por la de su esposo y se situaba en las antípodas de los eclécticos trajes de ambos, Odisea de blanco, Roberto de negro; las ropas de los mayores más parecía obedecer a reminiscencias de su tradición milenaria que a un reflejo de su estado de ánimo.-No quisiéramos molestarles pero no hemos podido evitar escuchar su conversación …y deseábamos aportarles un dato al respecto…

-Perdonen que nos inmiscuyamos pero tiene razón mi mujer Katwitwi. Yo soy Dengue Aketi, del estado de Angola y ambos hemos ejercido durante diez lustros como profesores de literatura en la Universidad de Luanda; hasta que mi vista y sus piernas decidieron diezmar su operatividad. Confiamos que un hábil cirujano allá en nuestro destino revierta ambos procesos díscolos, pues por cuestión de fechas no pudimos hacerlo en la Tierra. Por cierto, somos ambos fieles seguidores de su trayectoria en los medios de comunicación, señorita Lewisburg. -Cuatro manos se estrecharon, mientras el satélite Ío continuaba expulsando, incansable, toneladas de material volcánico hacia ellos, ajeno a todo.

 En lenta coreografía la enorme nave iba desplegando lentamente sus gigantescas velas solares, sin que éstas obstaculizaran las espectaculares vistas por hallarse por detrás de los enormes ventanales, confiriéndola un simpático aspecto de molinillo de viento enorme. Los fotones atrapados por las velas proporcionarían la energía necesaria para una fracción del viaje, que se efectuaría con una aceleración constante hasta una velocidad sublumínica. Cuando la fuerza ígnea de nuestro sol quedara menguada por la distancia los motores cuánticos entrarían en escena. Dichos motores complementarían el inicial medio de propulsión creando dos conos antigravitatorios alrededor de la estructura. Éstos impelerían a la nave hasta su destino. La velocidad media del periplo alcanzaría el 69,9 % de la velocidad de la luz, es decir, más de doscientos mil kilómetros por segundo.

-Gracias por seguirme, de veras-esbozó Odisea-Todos ustedes forman parte de esa masa anónima e ilusionante que me animaba a levantarme cada mañana y ponerme delante de las cámaras. Pero necesitaba nuevos retos; como pueden comprobar mi trayectoria hoy experimentará un “ligero” cambio de rumbo, nunca mejor dicho. Cortar el cordón umbilical que me une a la Tierra dará un giro copernicano a mi carrera, puede que…-y mientras buscaba el adjetivo entre los ríos de lava del satélite, su compañero de asiento se le adelantó:

-…meteorítica.

-Yo iba a decir estelar, por el contexto literal, pero me gusta más su palabro, quizás más humilde y transmite más sensación de dinamismo, señor Lee.-Entonces la joven atravesó con su mirada a la mujer, como intentando leer sus pensamientos. Tras fracasar en sus pretensiones telepáticas usó cinco palabras como catalizador semántico:-Somos todo oídos, señora Katwitwi.

-Bien, les comentaré lo que mi marido y yo sabemos: Nuestro hijo Ngoto fue uno de los pioneros exploradores/colonizadores de los Mundos Exteriores, hace siete décadas. Para nuestra desdicha dejó todo y partió rumbo hacia lo desconocido, rumbo hacia lo ignoto. Ngoto, ignoto…ya, lo sé. Quizá debimos llamarle Juan-bromeó.

-¿Se refiere a la malograda misión hacia épsilon Eridani, elegida, entre otras cosas, por su “cercanía” a la Tierra?-dibujando las comillas en el aire con sus dedos índices y corazón- Aquellos héroes se encontraron mundos infernales de difícil terraformación.-El hombre fue quien la contestó mientras el sueño iba claramente venciéndole, tras ingerir el sedante, a juzgar por la forma que cabeceaba. Dengue habló de forma lenta, casi ininteligible.

-Efectivamente…, el nombre de nuestro hijo figurará en los libros de historia en el mismo epígrafe y con el mismo tamaño de letra que…que… Vasco de Gamma, Francisco Pizarro, Fernando de Magallanes o Nuñez de Balboa. Tras la decepción inicial, por perderlo para siempre, asumimos su destino y… poco a poco hemos aprendido a sentirnos orgullosos de él. Perdone que le corrija pero aquella misión no se malogró sino que sirvió para aprender, sirvió…sirvió… para imprimirle una vuelta de tuerca a los viajes estelares, sirvió para que evolucionáramos. Aunque le reconozco que…, lo cierto es que considerando un universo con más estrellas que granos de arena de todas las playas y desiertos de la Tierra…¿por qué tuvieron que elegir precisamente esa…?-Exclamó con cierta amargura contradiciendo su anterior aseveración. Dengue Aketi, de la Confederación Africana, añadió con ojos vidriosos y entrecerrados:

-…Ahora los destinos se eligen con mucho más tiento, como el que nos dirigimos, 51 Pegaso c, más lejano pero…pero… de clima más benigno. Además tenemos que tener en cuenta la impagable tarea terraformadora de los robots durante muchas décadas y de la que careció la misión de nuestro hijo. Allá, a cuarenta y tantos años-luz, tenemos a ese ejército de androides, los zapadores de nuestro siglo, allanándonos el camino, construyéndonos carreteras, embalses, procesadores atmosféricos. Lo nuestro será un destino idílico comparado…comparado… con los de aquellos primeros compases de la colonización espacial.

-Perdonen la pregunta pero…¿su hijo sigue vivo?-El interés de la periodista iba in crescendo, de forma inversamente proporcional al sopor que se iba apoderando de ella-Desde que se descartó para siempre la constelación Eridani como destino para nuevas misiones, lo cierto es que los medios no hicimos un seguimiento como deberíamos de aquellos valientes.

-Bueno, hace diez años y medio lo estaba. Vivo, me refiero. Nosotros recibimos su último mensaje hace seis semanas, pero saben que la enorme distancia interestelar sólo nos da garantía de que dicha transmisión partió hace poco más de una década de su sistema planetario. Le explicamos lo que queríamos hacer y…y…nos despedimos de él…

 Katwitwi Aketi, tras regresar de un abismo de tristeza, miró solemne a Odisea Lewisburg y explicó con expresión circunspecta:

-… Su mundo tiene el volumen de Urano y una masa 1,6 veces la terrestre, los que significa que sus setenta kilogramos se convierten allí en ciento doce. Trabaja bajo ese peso invencible diez horas diarias en un clima glacial que convierte a nuestra Antártida en un paraíso tropical. Lo hace en una base espartana, junto a cincuenta y cuatro hombres y mujeres sin más horizonte en sus vidas que permanecer investigando en ese mundo helado, de núcleo ligero, perdido en esa constelación austral…

 … Desgraciadamente entre sus veintisiete antagonistas no ha encontrado ni su media naranja, ni siquiera un medio limón, así que lo único que allí brilla-y no demasiado-es la tímida estrella que ilumina a épsilon Eridani b, porque el amor, en su vida, sólo lo hace pero por su ausencia. La comida es indistinguible de los fármacos, por lo tanto, inodora e insípida; su bebida es reciclada hasta el aburrimiento de sus propios residuos orgánicos, pues el hielo que les tiene sitiados, paradójicamente, tiene un alto contenido en metales venenosos; que orina lo que bebe y bebe lo que orina, vamos…

 … Su único aliciente vital es realizar timoratas incursiones en un planeta tan enorme como 67 Tierras que no le importa a nadie, fuera de él. También prospecciones tectónicas, ante lo ligero de los materiales que componen ese mundo, son su singular medio de diversión. No tiene posibilidad de volver puesto que está en el nadir, en el punto celeste opuesto a todas las rutas comerciales, y una misión de rescate sería demasiado costosa. No tiene hijos porque es lo suficiente responsable y generoso para no engendrar una vida que heredaría esa situación sin futuro. ¿Saben? Aquello no es precisamente la Arcadia mitológica; si Virgilio levantara la cabeza quizá sería el último trozo de universo que elegiría para inspirarse para sus “Églogas”. Sin embargo, y a pesar de todo…

-Sin embargo y a pesar de todo…-Roberto Lee que también masticaba una curiosidad casi sólida, tras muchas horas de observación ininterrumpida, había olvidado por unos minutos el satélite joviano. Y lo había hecho abducido por la conversación, a pesar de hallarse en esos asientos de platea para contemplar el mismismo infierno, pero ello ya no le importaba; llevaba tanto tiempo contemplándolo que sería capaz de cartografiarlo a ciegas. No pudo, sin embargo, evitar bostezar antes de apuntar:-Si nos llaman para meternos en ese congelador siete estrellas, ¡aquí nadie se mueve hasta que estos señores nos expliquen ese fatídico “pero”…!-Todos rieron, los rostros rebajaron así su tensión y la mujer retomó en el punto exacto que se quedó:

-Sin embargo y a pesar de todo…por asombroso que resulte… nuestro hijo Ngoto se confiesa… ¡feliz!, ¡muy feliz! para ser fiel a sus palabras. Puede que nos mienta, claro, pero la alegría de su rostro trasciende más allá de su imagen tridimensional: Se le nota claramente ilusionado y nos cuenta sus pequeños proyectos en ese microcosmos al que se autoexilió. Es un paradigma con piernas de la repetidísima máxima que la felicidad está en el interior. Porque lo que es en el exterior…

-Increíble, la verdad.-Lee enarcó circunflejo sus espesas cejas negras y miró a su compañera de asiento, como para que ella confirmara su asombro.

-Paranormal, diría yo.-dijo la chica también bostezando-Sus palabras me reconfortan y dan pleno sentido a qué yo me encuentre aquí. El misterio está servido: ¿Qué diablos hace tan inmensamente felices a muchos de los colonos?-Sería la última penúltima pregunta que formularía Odisea Lewisburg durante los próximos sesenta años. En ese momento, la azafata XTina pasaba a su lado, cuando ella la agarro de su brazo robótico:

-¿Soñaremos?

-No, señorita Lewisburg.

* * *

  Aquel fue unos de los momentos en los que se maravilló de los humanos. Ellos sabían construir robots que hablaban, pensaban y hacían su trabajo. B-19 hubiera tenido alguna posibilidad de éxito si hubiera sido un Robot Constructor. No lo era. Tampoco había ninguno por allí. Eso descartaba la posibilidad de intentar desmantelarse a sí mismo para ver que tenía en su interior. Afortunadamente, B-19 era un Robot Capataz y eso le garantizaba una larga vida sin apenas reparaciones de ningún orden…

…Después de su fallida tentativa el retraso ya era considerable, por lo que debía de empezar a trabajar como fuera. Cuando distribuyó por el cuadrante correspondiente de  la subrregión continental del planeta a sus nuevos compañeros huecos, se sintió un poco aliviado. Aunque estos no hicieran absolutamente nada, por lo menos ya estaban allí; este suceso se ajustaba más a las instrucciones iniciales. La misión de B-19 en el planeta era construir y poner en funcionamiento un Procesador Atmosférico. Este haría respirable el aire para los humanos…

… Otros noventa y nueve robots le hubieran ayudado en esta tarea de haber existido para hacerlo. Ser un Robot Capataz fue una suerte para él. Este tipo de androide albergaba buena parte del conocimiento genérico que poseían los robots a su cargo. Además de conocer las tareas específicas de cada uno, le habían sido insertadas dotes organizativas y de mando. Siendo un Robot Obrero sólo hubiera podido construir una minúscula parte de la maquinaria…

…El Procesador Atmosférico estuvo listo y comenzó a funcionar en la segunda centuria de haber llegado al planeta. Sobre dicha llegada él no recordaba nada. Simplemente sus sensaciones visuales junto con el resto de su ser, se activaron en un momento dado. A este momento lo llamó segundo cero, de la hora cero, del día cero de estar él en el planeta. Se limitó a contar el tiempo a partir de ese punto. Si había estado antes de ese lapso en aquel lugar no le importaba puesto que sus instrucciones no especificaban nada antes de ese periodo. Antes de ese trabajo había tenido una docena más, siempre en Mundos Exteriores. Allí conoció a sus creadores, los humanos, adquirió nociones acerca de múltiples tareas (que pasaron a engrosar sus bancos de datos) y en alguno de aquellos oficios es donde aprendió las canciones de Ella Fiztgerald, que ahora le hacían compañía…
…B-19 había llegado a ser un Robot Capataz gracias a sus ideas. Los humanos se sorprendieron de estas hasta el punto de modificar su estructura y ampliar sus conocimientos para que así fuera. Él no había trabajado siempre con esa categoría y le gustaba hacerlo así (mucho más que como un simple Obrero). Ahora, una de esas ideas apareció en su cerebro cuántico. Sin embargo, al principio no funcionó. Cuando sacó a los primeros Seres de Vida Breve al exterior del Invernadero, estos dejaron de funcionar. Él no tenía ni las herramientas ni los conocimientos necesarios para repararlos. Como estos seres se desactivaban al contacto con la atmósfera, supuso entonces que el aire no era aún respirable.

Dejó pasar algún tiempo...

Los Robots Cuidadores de los Seres de Vida Breve y de los Seres Verdes nunca existieron. No obstante, B-19 verificó que, en realidad, no hacían ninguna falta. Los S.V.B. (que así decidió llamarlos) se alimentaban de los Seres Verdes. Estos, aumentaban de forma progresiva su estructura física, hasta que eran devorados parcialmente por los primeros. Jamás vio alimentarse a los Seres Verdes y aquello constituía un misterio más que añadir a su larga lista de enigmas…

… Sin embargo, al fin comenzó a sospechar que estos seres lo hacían gracias a la Sustancia Pura que, de forma periódica, les caía encima. La Sustancia Pura provenía de unos conductos que formaban parte del Invernadero y se reciclaba constantemente. En cualquier caso estos no eran más que conjeturas. No era más que una teoría. Un punto en contra de ésta es que, aquella Sustancia, como su nombre indicaba, no poseía ningún tipo de vitaminas, proteínas, hidratos de carbono o minerales. Sabía que estos compuestos formaban parte de la dieta alimenticia de los humanos…

… Un día descubrió, para su sorpresa, que los S.V.B. también ingerían esta Sustancia Pura, así que decidió probarla el mismo. De todas las ideas e iniciativas que jamás tuvo, aquella fue sin lugar a dudas la más estúpida. En el momento que B-19 sabía que la Sustancia iba a fluir de uno de los tubos, se puso debajo. El chorro inmenso cayó sobre el robot y entonces fue cuando ocurrió: Una fuerte descarga eléctrica sacudió la totalidad de su ser, al mismo tiempo que infinidad de chispas saltaron por todas partes.

 Las consecuencias del experimento él las calificó como de muy negativas; a partir de ese momento una de sus extremidades superiores quedó totalmente inmóvil. Su velocidad para hacer su trabajo quedó reducida a un treinta por ciento de la inicial. Por otra parte, una de las extremidades inferiores se vio también afectada. Había muchas ocasiones en las que no respondía (o lo hacía equivocadamente) a los requerimientos emitidos desde su cerebro. Todo ello le haría retrasarse aún más en su misión. Sin embargo, lo que más sintió, es que su propio cerebro cuántico se vio afectado también de forma irreversible. Una parte de sus bancos de memoria desaparecieron al instante. Como es lógico, nunca pudo recordar la información que perdió puesto que ésta, en un instante determinado allí estaba y al instante siguiente ya no. Simplemente notaba un vacío en su mente que le hacía quedarse, en algunas ocasiones, como un niño confuso, sin saber que hacer.

… Había veces que se cuestionaba el hecho de que, quizás, antes del "percance" supiera por qué se hallaba solo en el planeta. A B-19 le dolía notar que, a partir de ese momento, su mente se concentraba menos en su labor. Algunas veces se sorprendía pensando en cosas que nada tenían que ver con su trabajo, por ejemplo, contemplando los curiosos puntos que titilaban en la noche de aquel mundo sobre el altísimo techo del exterior. Éstos formaban curiosas formas geométricas si uno los unía con su mente. Destacaba entre ellos El Gran Hexágono, que recorría la noche de un lado al otro, y así hacía todas las noches.

Curioso y extraño a la vez…





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