logo ft
MAGAZÍN UCRÓNICO DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA DEL MAÑANA

“La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada” SÉNECA

 
FUTURE ADVENTURES - EL DIOS VIRTUAL - CAPÍTULO 9 (2)
 
 
Future Adventures
NOVELA CORTA
El Dios Virtual

BREVE SINOPSIS

Estación de Origen: Cochambrosa, decadente, Realidad Real. Que asco.
Estación Destino: ¿Resplandeciente? ¿Histriónica?
Realidad Virtual Total. Ni una mota de polvo y en eso nos convertiremos o no, depende.
Coprotagonista: Preciosa "knowbot", Olimpia Freeworld. Silicona hecha bytes pero con mucho más cerebro que los babosos que la desean.
Objetivo: Desentrañar el origen de los inexplicables crímenes generados...¡¡dentro del cyberespacio!!
Dos frases:"Prohibido Pensar en Monos" "...fui el primer ser humano en regalarle a su esposa un kilómetro cúbico de realidad virtual".
Personaje Invitado: Argos Neptuno, un fantasma, un vestigio ectoplasmático digital tras un experimento neuronal fallido. ¿eh?
Una Prueba de Fuego: El Proyecto Riesgo o como sería la RVT si fuera tan peligrosa como la Realidad Real, la de toda la vida.

AVISO LEGAL

"El Dios Virtual ", al igual que todos los relatos, microrelatos, cuentos, novelas cortas y novelas de la sección Future Adventures está debidamente registrado, sus derechos de autor protegidos, y su plagio, total o parcial,sin citar nuestra web de Tiempos Futuros, está tipificado como delito. Para cualquier duda al respecto consultar el Aviso Legal.

El Dios Virtual

Autor: Voyager

NOTA: Este relato puede contener algún pasaje o expresión que hieran la sensibilidad del lector
por lo que su lectura se recomienda, expresamente, a mayores de 18 años.

EL DIOS VIRTUAL

CAPITULO 9: EL PROYECTO RIESGO (2)

-...treinta y nueve segundos,-Dice el lado benévolo de Joe Bihead.-antes de que el sol estalle y se convierta en supernova.

-No sé exactamente lo que tenemos que hacer.-Grito.

 Olimpia Freeworld, entre tanto, permanece inmóvil, como bloqueada. Es como si la presencia del ganster no le permitiese procesar la información con libertad. Climberly Yes permanece inmune a nuestra angustia, retransmitiendo la cuenta atrás a todos los hogares, sintonizados a la histriónica cadena de noticias. El niño, sin embargo, que todavía permanece en el suelo, es el más consciente de la situación. De repente se levanta de un salto y pide:

-¡Armas disponibles!-Sin embargo, una voz en off venida de ninguna parte le informa que esta fase de la cyberaventura carece de elementos externos de autodefensa. Es entonces cuando reacciono. Claro. Una vida entera sumergido en los cyberjuegos han hecho de Juanito un experto como pocos. El niño no da su brazo a torcer.

-¡Secuencia de escape!-Chilla, entonces.

-Cyberaventura informa que el jugador carece en esta pantalla de secuencia de escape.-La voz metálica y neutra disipa bajo sus ecos nuestras últimas esperanzas.

-Mierda.-Si a Juanito se le acababan los recursos, imagínense a mí. -Tres voces dicen en ese momento al unísono:

-Veintitrés, veintidós, veintiuno...-Miro suplicante a Olimpia pero esta fuera de combate. Jamás la había visto en ese estado: Cabizbaja y silenciosa. A ver, me pregunto. ¿Qué haría en un cyberjuego si no sé lo que debo de hacer... ? La solución es tan obvia que hasta ese momento ninguno habíamos caído.

-¡ AYUDA !-Entonces un papiro ingrávido, con las instrucciones del juego, rellena el rectángulo que ha dejado vacío la periodista. Miro con la suficiente intensidad la flecha hacia abajo de barra de desplazamiento vertical hasta llegar al fin de la fase uno. Entonces, tanto mi compañero como yo averiguamos lo que había que hacer.

...los avezados cyberguerreros, (esos debemos ser nosotros, pienso mirando al niñato con su camiseta de deportes y pies zambos) llegados a este punto, deberán resolver el acertijo del mutante, antes de que la estrella que ilumina el Sistema Cygnus se convierta en una supernova. Este cataclismo estelar es debido a la malvada acción de los extraterrestres del planeta Niquitonipongo que, durante más de un millón de años, bombardearon con su rayo destructor...

-¿Que acertijo?-Pregunta Andratx. Las dos cabezas detienen su cuenta atrás para sonreirnos al unísono, galantemente y con fea mueca, de forma respectiva. Entonces vuelven a leer, a la par, la frase del libro para que Juanito pudiera también escucharla, en una inaudita deferencia. El niño, entonces me mira en el primer gesto solidario que seguramente habría realizado en su vida.

-Harrison, tenemos que pensar rápido-¡Claro! El niño tiene razón. Quedan diez segundos.

-Nueve-Climberly Yes parece disfrutar con esto. Enlaza sus manos y aletea imitando a una paloma, al tiempo que remata la cuenta atrás.

Cl cl

Es entonces cuando sucede. Juanito Andratx y yo mismo pronunciamos a la vez las palabras que nos salvan la vida. Puede que parezca una tontería pero esta primera prueba me parecie condenadamente fácil. Es como si sólo tuviera una opción posible.

-Chuang-Tzu

 

* * *  

 

  El agua me llega por las rodillas. Un páramo cenagoso. Niebla densísima. Estoy solo. Ni rastro de Olimpia o de nadie más. No hace calor, tan sólo una humedad considerable. Es un paisaje claramente irreal donde los ecos de las fieras y los zumbidos de los insectos son los únicos que se atreven a penetrar en el silencio. Avanzo como puedo por el cauce, sorteando las algas y las burbujas sospechosas que ascienden hasta la superficie, los troncos caídos y los enormes nenúfares. Es en ese momento, cuando me doy cuenta que me han disfrazado de guerrero. Botas altas, cueros y espada al cinto. Pecho descubierto, a excepción, de varias cinchas cruzadas con munición de las armas térmicas que llevo colgadas. Además de eso, llevo todo un ajuar de amuletos y medallones colgando, de modo que parezco una tienda de sourvenirs para gente un poco esnifada. Amuletos y talismanes colgando del cuello, en todas mis articulaciones tengo algo lleno de pinchos, casco inteligente aerodinámico; Una monada, vamos. Yo ya estoy mayor para estas cosas.  Ahora sí que soy un cyberguerrero pero... sin quererlo. ¿Dónde diablos se hallaría la chica? No estaba pensando en Olimpia en concreto, sino en la chica que tiene que salvar el guerrero. La verdad es que necesito que me salven a mi. Quizá fuera precisamente mi knowbot la bella dama cautiva...  Es decir, que sí que estaba pensando en Olimpia. Mentiroso.

-Una mariposa no puede plantearse nada puesto que sólo es una mariposa-dice una mariposa enorme, que revolotea alrededor de mí.  El diseño de sus alas me recuerda demasiado a un cuadro de Dalí. Antes de desaparecer, entre la espesura de los márgenes, añade:-No recordarás nada.-Al principio me sorprende pero, al instante, reacciono a pesar de desconocer a qué se refiere con la segunda parte de su “monólogo”. ¿No recordar qué?

-Sobre todo si es real. Las mariposas virtuales sois tan listas como el programador que esté detrás, o incluso más.-Contesto para el espacio de aire donde antes se encontraba. Esto consolida la sensación de soledad.

Entonces decido ignorarla-no solicitando que aparezca de nuevo-en pos de un interlocutor válido más... morfológicamente adecuado a mis demandas. Sé que es una tontería y que detrás del lepidóptero puede estar el mismísimo Sujiro Casimoto, pero no estoy muy acostumbrado a tratar de tú a tú con seres no humaniformes, aunque sean virtuales. Y por cierto, ¿cuáles son mis demandas? Pues no lo sé. No recuerdo cómo he llegado hasta allí; no recuerdo la secuencia de acontecimientos que me ha conducido a estar metido en esta tarde perdida, recreada hasta el último detalle a base de unos y ceros y qbytes. Busco el logotipo de la Virtual sin éxito. Busco la barra de botones sin resultado alguno. Qué raro. Ahora recuerdo que el bicharraco ha dicho algo de amnesia... Sigo caminando mientras me autosometo a un chequeo. Mi estado físico es bueno y me encuentro animado. Muy animado, de hecho. ¿Qué es lo último que recuerdo? Estoy en mi aeromóvil saliendo de la Virtual Cybernetworks, tras hablar con Xian-Pi y con Satán-Jefe de los Antivirus- y ... ¡ nada más!

-¡Aahhh! ¿Qué ha sido eso? Un fotograma de dolor ha restallado en mi mente. Un hombre con dos cabezas y yo tendido en el suelo sangrando. No sé que es eso. A pesar del sobresalto me encuentro de muy buen humor, aunque escamado en grado sumo por la situación. Bueno, ¡qué diablos! Una situación excitante a fin de cuentas.

-Olimpia.-Digo de viva voz-Olimpia Freeworld-Nada sucede excepto la aparición de una ventanita que me informa de que no me puedo comunicar directamente con ella. Que sí deseo enviarle un CyberE-Mail. Bueno. Se trataba de un antiguo sistema de dictado, el Virtual Voice. La plantilla ya está preparada y sólo tengo que fijar mi mirada en el punto donde quiero que parpadee el cursor.

TO: OFreeworld@vw.com
FROM:  HParis@vw.com
MESSAGE: Querida cyberniña. Estoy completamente errante, haciendo equilibrios sobre los ejes espacio-tiempo que me brindan los mundos virtuales... pero me acuerdo de tí. Creo que he perdido la memoria transitoriamente pero estoy convencido que será por poco tiempo. Desde este delta de consciencia estoy en la certeza de que hay un océano allá afuera. Un océano de conocimiento. Sin embargo, me encuentro bien y hay una cosa que sí veo con claridad y es que te echo de menos. No obstante y, extrañamente, me encuentro tan a gusto que no sé si deseo cruzar ese umbral en pos de mis recuerdos. Estés donde estés, estés cuando estés,... piensa en mi. Ven a mi encuentro lo antes posible.  Punto y aparte

 Harrison Paris  punto y coma guión paréntesis cerrado ;- )    Envío.

 Es entonces cuando oigo algo. Proviene de muy lejos pero a medida que camino se acerca. Es un coro de voces superpuestas masculinas y femeninas. Música etérea y evanescente, como aquel páramo, como aquel momento. Veo algo en la dirección de la que mana el sonido. Está lejos, así que todavía no lo distingo. Parece... una mujer. Sigo avanzando hasta una distancia unos veinte metros. Ahora puedo ver la escena con claridad... ¡y qué escena!

 Una joven desnuda, perfecta, de largos cabellos dorados. Toda su figura resplandece, de forma angelical, arropada por los tenores y las sopranos de la masa coral invisible. Está de rodillas, inclinada hacia delante, con sus antebrazos apoyados sobre el borde un enorme escudo con ininteligibles descripciones, clavado de canto en el fondo de la senda pantanosa. Ella no hace ningún gesto, ningún movimiento, ningún viso de percibirme, sino que permanece absorta asomada por encima del borde del escudo, mirando el fondo de las aguas que se han vuelto cristalinas en su perímetro más inmediato. Es como si su infinita belleza purificara todo lo que tiene a su alrededor. Bueno, no todo. En el fondo del espejo que ahora es la ciénaga, al pie del broquel de titanio, un monstruo horrible, antagónico a su sublime belleza y dulzura. Una bestia colosal y agonizante en las antípodas de su aureola maravillosa. Una calavera de colosales proporciones pero que aún conserva sus ojos de fuego. La visión del engendro es tan horrible que en ese momento tengo la certeza de que se trata de La Muerte. No me cabe ninguna duda. Una espada descomunal atraviesa su cráneo emergiendo de la superficie hasta más allá de la altura de la joven. La mirada de ella es melancólica y misericordiosa al mismo tiempo.

¿Qué diablos ha sucedido allí? ¿La chica ha acabado con La Muerte? ¿La ha encontrado así?

 Me sigo acercando sigilosamente, como si no quisiera desbaratar la poética escena, alrededor de la cual, el universo parece detenido. Una vez a su altura, capto lo irreal de sus rasgos y formas, lo imposible de su perfección...

-Ho... hola. -carraspeó - Mi nombre es...

-Sé cual es tu nombre.-Cincelan los labios de la joven con la voz de una ángel. ¿Es un ángel? A lo mejor el que está muerto soy yo. La joven rompe la escultura de su inmovilidad para afirmar, mirándome:

-No, Harrison. No estás muerto, todavía no. Yo soy la que estoy muerta.-Tras el sobresalto al comprobar que lee mis pensamientos, trato de discutir su afirmación en lo que me parece una herejía inconcebible. Ella parece tan segura...

-En fin... yo ... no quisiera contrariarla pero creo que la muerta es... y miro el enorme cadáver gelatinoso que flota de forma siniestra.

-Te equivocas. Yo estoy muerta-Repite incansable, como si sólo le hubiesen enseñado esas palabras y añade.-Es La Muerte la que está viva en mi. Las cosas no son lo que aparentan. Todo lo que tú estás viendo no es más que un deseo, no una realidad.

-No comprendo-Susurro inmerso en un mar de dudas. Bueno, en esta ocasión en un lago de dudas. Sin embargo, lo que sucede a continuación logra desintegrar mi perplejidad.

-Lo entenderás cuando te diga como me llamaba. Mi nombre no se puede pronunciar puesto no existen los fonemas necesarios para hacerlo en ninguna lengua de ningún pueblo.-Y entonces sucede algo asombroso; la música se detiene de golpe y, ante mi incrédula mirada, La Muerte abre los ojos y emerge enorme, como un titán inverosímil, de las aguas. Lo hace a cámara lenta, majestuosa y espectral; las gotas de barro caen lentas, desde su figura fabulosa, tiñendo el agua de sangre. Entonces, la figura mítica, extiende dedo índice de falanges deshuesadas, desde una altura de tres metros, señalando a la inocente ninfa. Las formas de la chica, en ese momento, se transforman en otras más comunes. La nueva persona gravita tumbada y ya vestida diciendo, antes de cerrar los ojos, como se llamó en vida. Yo conozco a esa mujer.


-§æaoj  ¥Æ@~¶



 Entonces, La Muerte la coge en brazos llevándosela para siempre, no sin antes girar la cabeza y haciéndome el guiño más escalofriante y sugerente que nadie me ha hecho jamás.

 La escena me ha dejado traumatizado. Procuro rehacerme, sin éxito, martilleándome todavía la mirada de fuego de la portadora de la guadaña.  Un deseo. ¿De quién? ¿Quién quería que la mujer no hubiese muerto? Supongo que yo. Al parecer aquel extraño lugar posee la propiedad de proyectar mis deseos frustrados o algo parecido. Bueno, creo que ya tengo suficiente. Tengo un caso que resolver y no dispongo de tiempo para juegos...

-Salir. Ir a la Realidad-Entonces nada sucede. Eso ya no me gusta tanto. La sensación placentera y mi amnesia han, de algún modo, retrasado esa decisión pero ahora ambas percepciones están desapareciendo. Empiezo a recordar...

-Aghhh.-Otra vez. De nuevo esa escena delirante. Dolor. El hombre de dos cabezas... ¡Joe Bihead! Mi pierna sangrante. Es horrible. Este segundo flashback acelera el proceso de recuperación de la memoria. Es como si fuera el catalizador que necesitaba para recobrar la consciencia. ¿O quizá es al contrario? Es decir, que al ir recordando poco a poco aumentara la velocidad con la que comienzan a venir escenas a mi mente...

 Sigo caminando por el páramo silencioso, sumido en la desesperación más absoluta. Mi cambio de estado de ánimo es, cuanto menos, espectacular; muy brusco.  Me acuerdo entonces del desenlace de la escena recién vivida: supongo que la despedida de La Muerte no se parecía mucho al guiño de una bella jovenzuela en una sala de fiestas. Para ligar así, la verdad, prefiero no ligar. Desbarato esos pensamientos con un movimiento brusco de mi cabeza. Algo que hace un instante no estaba ahora está...

 Transcurre un tiempo indeterminado.

 Tras unos minutos recuerdo todo con claridad. Es terrible. No sé cuánto tiempo me queda para desangrarme en el Mundo Real... ¡ maldito Bihead ! Sujiro Yonimoto ha picado el anzuelo con una emisión falsa de RV-probablemente conmigo aceptando el desafío. Yo estoy en medio del Proyecto Riesgo mientras que mi cuerpo auténtico yace moribundo allá afuera... Se ve que en esta segunda fase del juego no puedo disponer de mi knowbot y, al igual que en la primera, no tengo la menor idea de en qué consistía.

-Ayuda.

-No hay ayuda disponible en la fase dos. -mierda, mierda, mierda. La voz venida del fondo más siniestro del páramo añade-El jugador tan sólo dispone de dos preguntas clave que serán respondidas por dos personajes de su entera confianza. Por cierto, uno de los dos miente.

 Curioso. Muy curioso. Juanito Andratx debe andar por alguna parte de este páramo... o no. Quién sabe. Cada vez estoy más desesperado. ¡Un momento! La gran Prueba del Proyecto Riesgo es retransmitida a todo el orbe...

-Socorro.-Salto y muevo los brazos mirando a las copas de los arboles milenarios.-Ayúdenme. Sujiro. He resuelto el caso. Ya sé quién es el asesino. Por favor, comprueben mi aeromóvil, si no me creen. He sufrido un accidente.- Así estoy quince minutos, de forma ininterrumpida.

 Todo es inútil. Nada sucede.

 El abatimiento posterior es sin lugar a dudas el más horrible que tortura mi mente jamás. No hay futuro. Pronto moriré, estoy convencido. Camino cabizbajo y sin rumbo hacia ninguna parte. No puedo pensar en nada.

Vacio.

Blanco.

Tristeza absoluta.

Dejo pasar tiempo. No sé cuánto.

 ¿Por qué? ¿Por qué esa amargura tan grande? No tiene sentido. Jamás me he rendido ante los embates del destino. ¿Qué me está ocurriendo? Aquello no es normal.  Es evidente que están haciendo algo con mi cabecita. Quizá tras mi estado de euforia vendrá, necesariamente, una fase de decaimiento. No puedo consentirlo, si ahora me rindo estoy perdido. Alguien está jugando con la bioquímica de mi cerebro. Me siento fatal hasta el punto que dejo de caminar. Es entonces cuando contemplo una escena horrible.

La muerte de Juanito Andratx.

 Al detener mi singladura por el páramo, me acerco a una de las orillas.  Un acantilado se eleva por encima de los árboles retorcidos. Miro, casi sin mirar, puesto que no estoy con ánimos para nada. Es entonces cuando le veo. A una altura de quince metros veo que asoma al borde de la vegetación. Llora desconsoladamente con un sufrimiento infinito. Le llamo pero parece no oírme. Una pared invisible me impide acceder a él. Un muro infranqueable me impide salir de esa prisión en la que me encuentro. Es entonces cuando observo algo extraño: Andratx aparece y desaparece a retazos. Es como si, por momentos, estuviera aquí y allá, alternativamente. Es entonces cuando se precipita al vacío.

-¡¡¡¡ No, no lo hagas !!!! –Pero es demasiado tarde. Su caída es extraña. Sigue apareciendo y desapareciendo, hasta el punto que lo veo ya muerto en el suelo. Es espeluznante.

-¡¡ Que alguien detenga esta locura !!

 Tengo la mente tan colapsada por mi desgracia que hasta ese momento no recuerdo la información obtenida en la ayuda. Dos respuestas a una pregunta que nadie ha formulado todavía, cada una respondida por un personajes de mi confianza...

-Pregunta.

 Nada más pronunciar la palabra aparece un hombre sentado, ya mayor, escribiendo es una antiquísima máquina de escribir, sobre una mesa ingrávida. La mesa de caoba dispone de varias pilas de folios, carpetas, notas, bolígrafos y demás enseres de oficina.  Yo conozco esos rasgos, esas gafas de pasta, esas largas patillas canas. El hombre ultima uno de sus libros. No me mira hasta que escribe la última palabra. Entonces, el afable anciano, sonríe entonces de una forma que jamás olvidaré y levanta la cabeza.

-Hola Harrison. Me congratulo de que las ininteligibles ecuaciones binarias-cuánticas de los universos virtuales hayan confluído en esta situación. Qué alegría-esboza mirando el folio-Otro pequeño. Son mis hijos, ¿sabes?... Este siempre quise escribirlo pero no me dio tiempo...  Bien, me han dicho que tienes una duda. ¿Cuál es tu pregunta?

-Bien... - Estoy impresionado-Yo siempre quise conocerle pero... ¿cómo iba a hacerlo? Él murió justo el año que yo nací.-Me encuentro en una situación crítica y necesito de su consejo. ¿Cómo puedo salir de esta horrible depresión? Me encuentro tan mal que no puedo ni pensar.-El celebérrimo escritor, se ajusta sus gafas a la nariz y dice penetrándome con su inteligente mirada.

-Muy sencillo. Piensa en el futuro. El futuro es maravilloso. Yo siempre escribí creyendo que existe. Confía en él. Dibújalo a tus anchas.

 En ese momento acaece el tipo de suceso por el que algunos bendecimos-o maldecimos-la Realidad Virtual; el caso es que no deja indiferente. Otra mesa sobre la ciénaga-ésta más moderna y a la diestra de la anterior-y detrás otro hombre, más joven, sus ropas de fines del XX. También conocido para mí. Es nada menos el físico e informático que inventó la WWW. Éste interrumpe al viejo profesor de la desaparecida universidad de Columbia para decir:

-...no le hagas caso. La clave es el presente. Yo luché toda mi vida para que con un solo clic de ratón uno pudiera estar donde quisiese. En el momento. Ya.  Soluciona tu problema desde el ahora...

-No.-Grita el escritor-El destino, el frágil albatros de alas ribeteadas, el mañana. Cree en él ciegamente. Te esperan playas no vistas, atardeceres de ensueño, labios anhelantes, sonrisas imborrables. Y así se enzarzan en una discusión surrealista en medio de aquella situación surrealista en medio de este puto Juego-Prueba que cuanto menos es... surrealista. La cosa va subiendo de tono.
-El futuro no existe, mentecato. Tantos libros escritos y ¿todavía no lo sabes? ¿Es que no has leído a Hawking o a Griffit?

-Es el presente lo que no existe. ¿Dónde está? ¿Eh? Buuuu. - El anciano sopla sobre la palma de su mano dramatizando su onomatopeya. Ya se ha ido...- Entonces dice cada letra con una mueca diferente de burla - WWW. Tonterías.

-¿Tonterías? ¿Y dónde te crees que estas ahora viejo chocho?-El hombre que puso los cimientos de lo que luego sería Internet, de repente, adopta una resolución que no puede considerarse un ciento por cien diplomática. Tras remangarse la chaqueta de tweed, se encarama en lo más alto de su mesa funcional y salta a la escritor para, acto seguido (y como éste último diría) comprobar con ambas manos la longitud exacta de la circunferencia de su cuello. Es suficiente. Me voy. Oigo que dice, entre dientes, como argumento suplementario a los estrictamente físicos, en el momento de abandonar la escena:

- Esto no es más que la consecuencia lógica...

-...ha sido un placer.-Y les dejo enzarzados en la disputa, para seguir caminando por la misteriosa senda pantanosa. De la metafísica a las veleidades sólo hay un paso. En fin. No sé si he conseguido algo,  merced a ese numerito grotesco. Por un lado es evidente que el descubrimiento de la WWW cambió el mundo. Estar de forma casi simultánea en cualquier lugar...virtual. Internet representó una nueva manera de entender el presente. El prolífico escritor casi no pudo contemplarlo al morir en el año 1992. Sin embargo... el futuro.

Cl cl

 El futuro representa la ilusión, la esperanza. Menudo dilema. Bueno, no tanto...  Creo que ya tengo tomada mi decisión. Me sigo encontrando fatal, es algo que va más allá de la lógica. Supongo que sólo la bioquímica podría explicarlo. Es un malestar global, un estado neutro en el que el cerebro se te bloquea. Sigo desconsolado por la muerte del niño.

 Tengo que hacer algo...

...pensaré en el futuro...

 Algo sucede entonces. Un calendario flotante y gigantesco me cierra el paso. Posee un cursor parpadeante y unos menúes desplegables en los rectángulos correspondientes al mes y al año, al día y la hora. Tiene  marcado el día de hoy. Hay algo que me extraña y que, sin embargo, en ese momento, no le concedo demasiada atención. La hora está detenida. Mucho más tarde entendería porqué. Espera una respuesta por mi parte. Definitivamente aquel páramo es mágico. Proyecta de forma física mis deseos fallidos del pasado, es decir, mis frustraciones pero también mis anhelos futuros. Los primeros son inalterables, como una película de las antiguas, que no se pueden cambiar puesto reflejan hechos ya acaecidos. En los segundos se me permitía un margen de maniobra.

-Miro la flecha superior, la correspondiente a los años, con la suficiente intensidad que estos empiezan a correr vertiginosamente. Un momento. Pienso algo y decido dejarla como estaba. Si me alejo demasiado del presente quizá me veré a mí mismo muerto y no creo que eso contribuyese a animarme. Salto mi mirada por encima de la casilla de los meses y me voy directamente al día. No me voy a ir muy lejos. Miro un día de la semana siguiente e inmediatamente se ilumina.  Clavo mis ojos en el botón de “Aceptar”, no sin antes cruzar los dedos.

 Nada sucede.

 Nada en absoluto.

 Eso confirma que me encuentro en un espacio irreal donde el tiempo es algo entero, indómito y díscolo, que es imposible que se permita dividir en días, meses o años. Decido continuar caminando por las aguas cenagosas. De repente y sin precio aviso Climberly Yes aparece de la nada y me pide explicaciones... Yo, como es fácil de comprender, realmente no estoy para que me toquen las narices así que lo siento por los niños que estén viendo el programa. La periodista desaparece, tras mis gruesas palabras. Mi estado de ánimo sigue por el subsuelo. De momento, no ha funcionado en absoluto el consejo del escritor. ¿Qué es lo que me encontraría? Escucho algo, detrás de un recodo... ¡Voces! Esas voces me son muy familiares... Una es de Olimpia Freeworld y la otra...

-Ja, ja, ja. Dos personas. Se persiguen violentamente salpicándose con el barro de la ciénaga. El barro, sin embargo, no les mancha. Parecen contentos, aunque no estoy seguro.

-Hola-El rostro de Olimpia se ha desdoblado siniestramente y es su mitad efímera, la que sólo dura un segundo, la que me saluda. Él parece cojear ligeramente. Me voy acercando poco a poco. Tengo una corazonada.

De repente siento miedo.

Pánico.

Pavor.

Siento pánico al comprobar quién es el hombre. Siento pavor al verificar mi presentimiento.

-Bueno. Todo ha terminado - dice Harrison Paris a la knowbot. Pero no yo, sino el otro. Al menos tengo buen aspecto. Sus-mis-palabras han aparecido, además, vaporosas y flotantes en el aire. Estas se esfuman para dejar paso a las nuevas cuando mi doble exacto añade: - ¿Qué haremos ahora?

-¿Qué quieres decir con qué haremos ahora?-La señorita Freeworld luce un modelo de fantasía, de múltiples colores que parecen reflejar lo jovial de su personalidad. Sin embargo, la escena no me parece nada alegre. No estoy bien. Me gustaría saber lo que está pensando ahora mi knowbot. Ella dice en estos momentos:

Cl cl

-Sí. Quiero decir que hemos salido de un problema para meternos en un problemón.- Dios mío. Más problemas no. No puedo soportarlo. La tristeza me está matando. Se me nubla la vista y caigo al fango destrozado, a través de las palabras de algodón. Sus palabras sonoras también se han nublado. Ya casi no puedo escucharles. Parece que ellos ya no pueden verme. En medio del dolor que agarrota mi mente puedo ver como Olimpia le pega una bofetada a mi gemelo del futuro y se va desairada con andares firmes y femeninos. Pero ya casi no puedo ver nada. Estoy sumido en la desesperación más absoluta. Ni siquiera me doy cuenta en que momento me vuelvo a quedar solo... Ya  no están. Maldita sea, parece que he elegido la opción incorrecta. En estos casos, cuando uno sabe que va morir,  trata de recapitular, casi infinitesimalmente, sus recuerdos. Su vida. Pero yo no puedo. Mi mente es un bloque de dolor sólido. Me retuerzo.

 Muerte.

 Dolor.

Vacío.

 Es horrible... Transcurre un espacio de tiempo completamente indeterminado para mí. Alguien me está hablando. Es ella. Es Olimpia que, entre las nebulosas del infierno, consigo vislumbrar. Viste de modo diferente. Ya no lleva un vestido de colores varios sino una falda-pantalón de color coralino y un top negro sin adornos. Ella toma mi mano fláccida y tira de mi cuerpo laxo, sin alma.

-Ven Harri. No te rindas jamás. Si lo haces, morirás. Toma mi mano y levanta...