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MAGAZÍN UCRÓNICO DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA DEL MAÑANA

"El progreso es la realización de las utopías"  OSCAR WILDE

 
FUTURE ADVENTURES - EL DIOS VIRTUAL - CAPÍTULO 8
 
 
Future Adventures
NOVELA CORTA
El Dios Virtual

BREVE SINOPSIS

Estación de Origen: Cochambrosa, decadente, Realidad Real. Que asco.
Estación Destino: ¿Resplandeciente? ¿Histriónica?
Realidad Virtual Total. Ni una mota de polvo y en eso nos convertiremos o no, depende.
Coprotagonista: Preciosa "knowbot", Olimpia Freeworld. Silicona hecha bytes pero con mucho más cerebro que los babosos que la desean.
Objetivo: Desentrañar el origen de los inexplicables crímenes generados...¡¡dentro del cyberespacio!!
Dos frases:"Prohibido Pensar en Monos" "...fui el primer ser humano en regalarle a su esposa un kilómetro cúbico de realidad virtual".
Personaje Invitado: Argos Neptuno, un fantasma, un vestigio ectoplasmático digital tras un experimento neuronal fallido. ¿eh?
Una Prueba de Fuego: El Proyecto Riesgo o como sería la RVT si fuera tan peligrosa como la Realidad Real, la de toda la vida.

AVISO LEGAL

"El Dios Virtual ", al igual que todos los relatos, microrelatos, cuentos, novelas cortas y novelas de la sección Future Adventures está debidamente registrado, sus derechos de autor protegidos, y su plagio, total o parcial,sin citar nuestra web de Tiempos Futuros, está tipificado como delito. Para cualquier duda al respecto consultar el Aviso Legal.

El Dios Virtual

Autor: Voyager

NOTA: Este relato puede contener algún pasaje o expresión que hieran la sensibilidad del lector
por lo que su lectura se recomienda, expresamente, a mayores de 18 años.

EL DIOS VIRTUAL

CAPITULO 8 :   BIHEAD

 Sentí como la inclemencia de la realidad se metía a borbotones por la ventanilla de mi aeromóvil. La noche había esparcido un manto invisible entre los edificios, o mejor, entre lo que quedaba en pie de ellos. Zigzagueé mi vehículo entre las ruinas de la megalópolis que otrora fuera la floreciente y prospera encrucijada mundial de las nuevas tecnologías.  Hoy monumento a la barbarie humana, albergaba tan sólo miseria, corrupción y desolación.  El sueñecito perpetrado en el despacho del Gran Jefazo sólo había conseguido apergaminarme más todavía, así que descansaría de verdad cuando llegara a mi apartamento en las afueras del pandemónium que era la city.  Una vez allí consultaría en mi ordenador algunas datos.

 Una llamada desde la Realidad Virtual.

-Se presenta Eneida Mifflimburg-

 Tras aparecer en mi monitor una jovencita de rasgos sublimes, que rápidamente identifiqué como su nueva ayudante, ésta me pasó con su superior. El paraje de fondo podría ser un amanecer en lo más alto de una cordillera nevada inmensa. Una especie de réplica del Himalaya pero con los vértices de los picos exageradamente afilados.  El sol se liberó entonces de los montes que formaban en horizonte, pareciendo una herejía estética hablar en ese escenario del asunto de las muertes. Amanecía en aquel mundo virtual. Pepe Neuromante apareció místico y flotante en pantalla.

-Bendita Ciudad de la Luz.-Las palabras rebotaron largamente entre las punzantes crestas del contorno hasta que, con un movimiento de su mano, eliminó de forma instantánea el eco, como si de una deidad se tratase.

-¿Cómo estás, amigo? Si me llamas es que algo has averiguado. Venga, zorro desembucha.-Grité impaciente.

-Las alcachofas sufren la regresión temporal de un modo inadmisiblemente kafkiano y marciano en lo más profundo de la iniquidad del alma del profeta de los tampax en un 26,2 %-

-Me has quitado las palabras de la boca... - ¡ Oh no !  No estaba ahora para jeroglíficos.  Si pudiese usar mi lector cerebral con él... Pero esto era absurdo, pues Pepe Neuromante estaba completamente desquiciado. No es que “pensase bien” y luego tradujera: es que pensaba así. Intenté, en cualquier caso, interpretar lo que decía. Las alcachofas podrían representar a los vegetales, a la naturaleza. La regresión temporal kafkiana... , buff, ...  era imposible.


Cl click


 Necesitaba ayuda. Tuve una idea. Nadie en la Red humano o virtual conocía los axiomas de su jerga con una sola excepción. El rostro cándido de Olimpia Freeworld apareció en la escena, nada más citar su nombre. Me alegraba tanto de verla que su perfume a violetas y musgo me pareció trascender más allá de la imagen. Los dos seres se miraron sin saludarse y, aunque parezca increíble, creí vislumbrar en la nueva knowbot, un cuasinperceptible destello de celos en su mirada atezada. Eneida Mifflimburg fue ensombrecida por la luz que dimanaba la recién llegada.

-Olimpita, hija, tradúceme lo que me dice tu antiguo jefazo -Me alegré de llamarla. Tanto tiempo con él la tenían que haber hecho forzosamente aprender algo. Ostentaba un vestido de época, de encajes, que parecía confeccionado por un orfebre. Imbricados hilos dorados sobre fondo negro. Diseños aleatorios envidia de cualquier modisto vivo o muerto. Pendientes, sortijas, diadema y gargantilla a juego. La V-Barbie habló:

-No estoy muy segura pero creo que el señor Neuromante quiere decirte que no ha averiguado nada referente a las muertes... pero sí que el suceso ha aparecido ya en un noticiario pirata.-Y esto a pesar de la censura impuesta por Sujiro Patipoto, pensé. Me alegraba que todavía existiesen periodistas independientes fuera del influjo de la gran compañía-gobierno.

-La noticia ha corrido como un biomicroprocesador cuántico y está originando un gran revuelo entre los millones de humanos conectados. Sujiro Yashimoto ha perdido en pocas horas un 26,2 por ciento de su popularidad y, por tanto, de su electorado-De aquí al pánico generalizado sólo hay un paso. El fantasma de otra guerra virtual gravitaba sobre todos nosotros. Tenía que resolver el caso cuanto antes.

-Gracias Pepe, ¿algo más?

-El enjambre impúber de nuestras vidas antigravitatorias gira en torno a las vesículas de los infiernos amancebados y biodegradables.

-Es su forma de decir no, Harri.-Apuntó mi knowbot preferida. La madre que le parió.

-Bueno...  Pepe,  gracias por todo y no olvides que no hay nada peor que un champiñón estresado en los cabalísticos y cerúleos galeones en virtud de 81CACA  dividido entre 9! de nuestras más anheladas esquirlas proselitistas e inefablemente alveoladas.-Los tres seres me miraron con cara de idiota hasta que aclaré que era una broma.

  Algo me distrajo de la pantalla. Los indicadores del panel tenían muy malas noticias. El ordenador de mi casa iba a esperar un tiempo o toda la eternidad para mi consulta, depende. La célula energética fallaba y tendría que realizar un aterrizaje de emergencia sobre un área que me pareció despejada. Digo pareció porque la corrompida fauna de la ciudad había “cambiado de sitio” las farolas de energía solar, por lo menos hacía más de diez años. La pantalla se apagó con brusquedad sin darme tiempo a despedirme.

  Tras el impacto me di cuenta que el jurásico air-bag me salvó la vida aunque, el resto del aerocoche, quedó perfectamente mimético con el entorno. Supongo que era mi contribución particular al agujero de mierda en el que estaba metido.  No sé ni cómo conseguí estirparme de los restos retorcidos pudiendo extraer sólo de ellos mi maltrecho lector mental. Hubiese preferido salvar mi 45 pero creo que ahora formaba un todo indivisible con la carrocería de fibra de carbono de mi aeronissan; no sé porque pero no creo pasase con éxito la ITV. Mi relojfono estaba asimismo echo una tortilla de biocircuitos sin aderezo así que me sentí un pelín aislado. Afortunadamente yo sólo sufrí, de forma milagrosa, algunos rasguños.

 Mi primera reacción fue buscar en la esquina superior de la derecha de la escena un triangulito con una flecha girando en el sentido contrario a las agujas del reloj. Deshacer.

No estaba.

Idiota.

Estás en la Realidad Real, la de toda la vida.

Piensa rápido o estás muerto.

  Uno, esconderme hasta que fuera de día en un lugar seguro.
  Dos, buscar un teléfono público con todas su piececitas intactas.
 Tres, retroceder hacia atrás en el tiempo y no coger el aerocoche.

 Las tres iniciativas  tenían igual probabilidad de éxito, un número muy insignificante y elíptico. Lo primero que hice, para darme a mí mismo tiempo para pensar, fue ajustarme en mis sienes el amplificador de ondas cerebrales. No sabía si me iba a salvar, pero así por lo menos moriría sabiendo lo que disfrutaba mi asesino al matarme; quizás de una forma creativa como succionarme el cerebro con una pajita, tras taladrar mi cráneo con una black & decker. La verdad es que no me consolaba demasiado, ni siquiera si lo tomaba como parte de un estudio sociológico, así que seguí buscando algo a lo que aferrarme. No recordaba ningún amigo o familiar que viviese por ese barrio y ningún desconocido me abriría la puerta sin disparar primero. Andar. Sí, andaría hacia algún punto seguro.

 Cuando llevaba caminando veinte minutos hacia la Virtual Cybernetworks el cielo estalló sobre mí en una tormenta de lluvia vertical y pendenciera. Truenos y relámpagos con un intervalo entre sí que hacían pensar que, no es que estuviera cerca, sino que yo mismo era el vórtice del temporal: así lo anunciarían en los noticiarios.  Maldita sea. Extraje del bolsillo de mi chaqueta la pluma de la cotorra dispuesto a darle el pasaporte pero luego pensé que no hay mal que por bien no venga (excepto la muerte y los impuestos, como alguien dijo).

Click  cl

 Volví a guardarla pensando que la lluvia torrencial me camuflaría de los animalitos de la noche, al mermar notoriamente la visibilidad reinante. Tenía la suerte que todavía nadie se había cruzado en mi camino. Éste se me hacía eterno al no alcanzar nunca los puntos de referencia de los titánicos edificios. Tras caminar lo que a mí me pareció un año-luz o por lo menos un mesecito fluorescente se acabó mi fortuna. Cuatro figuras idénticas y tenebrosas salieron dos a dos por los lados de la calle cerrándome el paso. Los cuatro hombres gigantescos y clónicos eran imposibles de individualizar así que los tome como un todo. Un todo que desde el extremo negociador de sus revólveres me sugería amablemente que le siguiese.  Miradas opacas, gélidas.  Labios trazados con tiralíneas, apretados.  Mi lector cerebral captaba un único y sordo murmullo de fondo que sólo sugería agresividad y hostilidad en grado sumo. Después del golpe no creo que funcionara bien pero creo que las lecturas eran lo suficientemente significativas. Ningún pensamiento nítido. Era increíble: eran nada más que máquinas de matar cultivadas genéticamente. No creo ni que supieran hablar. ¿Para qué?

  Estabamos llegando, no sé a dónde pero estábamos llegando. Tras caminar junto a ellos durante unos minutos lo percibí en sus sucintos cerebros. Me llamó entonces la atención una tapia semiderruída que aún conservaba un grafitti con vivas a la Realidad Real y mueras su homóloga virtual. Muy elocuente. Me recibieron una masa de siluetas silenciosas semidisueltas en la tórrida bruma que emanaba del asfalto. Los contornos se fueron haciendo cada vez más nítidos entre la densa cortina de agua.  Era un garaje maloliente y penumbroso cuyas paredes parecían pintadas por un sádico. El grupo lo formaban en total unos ocho clones enfundados en gabardinas, además de otro mucho más bajo y diferente que parecía el líder. Cuándo surgió de entre la bruma y pude verle bien me quedé sin habla... ¡Yo creía que se trataba de un mito! Como decían en una antigua seríe de televisión de dos hermanos psiquiatras de Seattle: “Hoy en día se abusa de la palabra psicópata; Un niño roba un caramelo y ya es un psicópata”. Sin embargo, el hombre que tenía delante era el que salía en las enciclopedias en DVD al lado del término.  Existía un rasgo en su físico que lo distinguía de forma inequívoca de sus secuaces, además de su estatura:  El hombre tenía... ¡¡¡ dos cabezas !!! Las dos emergían de un solo cuello y eran claramente diferentes. Una con rasgos equilibrados, alegre y sonriente. La otra demacrada y ojerosa, triste y de ojos rencorosos.  De los dos cerebros del  mutante manaban pensamientos más inteligibles y estructurados, no como de los otros borregos mastodónticos. Noté que los pensamientos de cada cabeza eran diferentes, al igual que sus rostros; su esquizofrenia, en el máximo exponente jamás conocida, le había conducido a ser el perturbado más sanguinario de los tiempos que corrían.

  Joe Bihead desde su nacimiento fue una persona extraña. Abrumado por la comunidad científica internacional decidió desaparecer, todavía adolescente, en medio de los estudios a los que estaba siendo sometido. Después se infiltró en las mafias más desgarradoras y abyectas que terminaría liderando. Ahora acaudillaba las huestes de la Realidad Real más sórdida. O que me había topado con lo peorcito de lo peorcito. Me concentré con gran esfuerzo en sus emisiones desbocadas y asimétricas obteniendo por respuesta:

“Cálida Bienvenida”-La lectura era turbia y con interferencias, a través del desvencijado instrumento, pero el matiz irónico no presagiaba fuegos artificiales, guirnaldas o un cadillac descapotable por la Quinta Avenida y un billón de papelitos por los aires.

 El doblemente mafioso avanzó hacia mí hasta llegar a mi posición y dijo desde una de sus bocas, con voz metálica:

-Buenas noches, señor Paris.-Y me agarró de las solapas de mi traje de tela de araña antibalas. Acto seguido me lanzó por los aires y haciéndome experimentar una travesía sin motor hasta el fondo de la estancia. El hecho en sí no hubiese sido tan aciago-sin mirar los huesos fracturados y la jubilación forzosa del lector mental destrozado-si no fuera porque aterricé en un sector de suelo que ya estaba ocupado por un gigantesco dóberman, también transgénico; como aquí todo el mundo, vamos. Uno de los gigantes homocigóticos y la solidez de mi indumentaria me salvaron la vida, tras unos cuantos mordiscos del animalito. La mole gritó su nombre y esté se apartó de mis miembros sangrantes. ¿En qué momento había perdido el control de la situación?

-Bonita noche.-Joe Bihead,  el hombre con un C.I. de cotas astronómicas sumatorio de sus dos cerebros, hablaba con voz suave: Mal asunto. Alternaba sus cabezas para hablar y, mientras la desquiciada le hacía muecas y burlas a la primera, la “equilibrada” guardaba un respetuoso silencio ante las manifestaciones de la otra. Definitivamente tiraría la pluma de Julita. Rebusqué entre mis bolsillos sin éxito alguna droga milagrosa que me calmara el horrible dolor. Estaba tan conmocionado que hasta ese momento no me había dado cuenta del detalle ¿Cómo podía ese hombre conocerme?

-Vas a morir-Proclamó sosegadamente la cabeza triste-Nadie quiere que resuelvas el caso de las muertes en la Web.-Fue lo último que escuché antes de desvanecerme por el intenso dolor. Una de mis heridas tiñó una pernera de mi pantalón de color negruzco y espeso: Aquello no tenía muy buena pinta. Necesitaba un médico pronto o me desangraría.  Alguien había manipulado los controles de mi aeromovil para que se averiara. No era muy original pero el caso es que había funcionado.