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MAGAZÍN UCRÓNICO DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA DEL MAÑANA

Cuando era joven podía recordarlo todo, hubiera sucedido o no” MARK TWAIN

 
FUTURE ADVENTURES - EL DIOS VIRTUAL - CAPÍTULO 2
 
 
Future Adventures
NOVELA CORTA
El Dios Virtual

BREVE SINOPSIS

Estación de Origen: Cochambrosa, decadente, Realidad Real. Que asco.
Estación Destino: ¿Resplandeciente? ¿Histriónica?
Realidad Virtual Total. Ni una mota de polvo y en eso nos convertiremos o no, depende.
Coprotagonista: Preciosa "knowbot", Olimpia Freeworld. Silicona hecha bytes pero con mucho más cerebro que los babosos que la desean.
Objetivo: Desentrañar el origen de los inexplicables crímenes generados...¡¡dentro del cyberespacio!!
Dos frases:"Prohibido Pensar en Monos" "...fui el primer ser humano en regalarle a su esposa un kilómetro cúbico de realidad virtual".
Personaje Invitado: Argos Neptuno, un fantasma, un vestigio ectoplasmático digital tras un experimento neuronal fallido. ¿eh?
Una Prueba de Fuego: El Proyecto Riesgo o como sería la RVT si fuera tan peligrosa como la Realidad Real, la de toda la vida.

AVISO LEGAL

"El Dios Virtual ", al igual que todos los relatos, microrelatos, cuentos, novelas cortas y novelas de la sección Future Adventures está debidamente registrado, sus derechos de autor protegidos, y su plagio, total o parcial, sin citar nuestra web de Tiempos Futuros, está tipificado como delito. Para cualquier duda al respecto consultar el Aviso Legal.

El Dios Virtual

Autor: Voyager

NOTA: Este relato puede contener algún pasaje o expresión que hieran la sensibilidad del lector
por lo que su lectura se recomienda, expresamente, a mayores de 18 años.

EL DIOS VIRTUAL

CAPiTULO 2:  SUJIRO

 El rascacielos de la Virtual Cybernetworks Corporation era un búnquer acorazado de dos kilómetros de altura y doy fe que no había guapo que se acercara. En la fachada, barroca hasta el aburrimiento, destacaban colosos pétreos apocalípticos que siempre me hipnotizaban. Trasgos deformes y monstruos mitológicos engastados en una eterna orgía de granito y alabastro esculpidos.  Dragones acezantes y serpientes de siete cabezas enroscadas en las columnas de capiteles neocorintios. Todo un bestiario que quizá representaba los fantasmas que atormentaban a Sujiro Yashimoto en las nebulosas de sus pesadillas.  Puede que, por el contrario, sus delirios oníricos provinieran de contemplar demasiado esa fachada aberrante. Yo, casi siempre tenía el mismo sueño así que no tenía ese problema... Por encima del frenético aquelarre, la esfinge marmórea de una gigantesca águila en modo beta o desactivado presidía la cúpula del edificio y, me recordaba, que ya no estaba en el cyberespacio... y que podía morir de un disparo en cualquier momento. Destacaban sus cuencas, provistas de un singular color púrpura corporativo, inclasificables en ningún pantone, e inimitable según sus creadores. El modo Beta no sólo consistía en la majestuosa ave con las alas plegadas, sino asimismo en que al mirar a ésta, a los ojos dorados,... no sucedía nada. Este modo estaba prohibido dentro de la Red. El símbolo activado o alfa- es decir- alas desplegadas y un giro de 360 grados de la escena al mirar directamente a sus cuencas áureas- era, obviamente, imposible fuera de ella.


 Yo siempre he dicho que existe un sistema infalible para diferenciar la Realidad Virtual (VR) de la Realidad Real (RR) sin necesidad de acudir al inventito del logotipo. Sólo había que tener buen olfato: la Realidad de verdad... apestaba.  Ningún estimulador de la pituitaria artificial como los que se usaban cuando estabas navegando podría emular el fétido olor a cloaca que detentaba nuestro apestoso planeta: éste era inconfundible. Otro truco consistía en abrir un poco los ojos; si uno era un poco observador comprobaba que en la VR siempre había un imposible, además del tema antes mencionado. Ahondando en las diferencias y para concluir si disponías de muchos créditos quizá te pudieras permitir el lujo de disponer de un robot en la RR; en el VR se te asignaba automáticamente un knowbot que, en verdad, son mucho más útiles y versátiles que los primeros... aunque a mi no me guste mucho llevarlos conmigo, ni a unos ni a otros. Siempre he dicho que es de mala educación mantener elaborados e inteligentes diálogos con objetos inanimados aunque estos no parezcan tales. No hablar si no te apetece, vivir sin que nadie te pretenda hacer la “vida más fácil”, no hallarme en una situación en la que tenga que decir frases del tipo: “Olvídalo, no lo comprenderías...”, “mentira, yo no dije que me despertaras a las 7:00”, “grita, llora, ríe o ten un orgasmo, por favor”  y todas esas cosas.


Mentira, todo mentira.


 Es que no quería cogerle cariño, susurró Harrison Paris con la boca pequeña ¿Quién ha dicho eso?  No obstante la visita a Pepe Neuromante me estaba haciendo replantearme algunas cosas...


 Tras serpentear mi aeromóvil entre sucias y olvidadas callejuelas llenas de podredumbre aparqué cerca de unos pedigüeños. Introducir el cañón de mi revolver hasta la campanilla de uno de ellos y amenazarles con hacerla tañer al son de mis balas (si no quería que me comieran) era diplomacia. Disparar primero y luego preguntar era falta de diplomacia. Empleé la primera. Ah, por cierto, lo de comerme era literal. La prueba de ello es que algunos de ellos se disputaban a navajazos la cabeza, recién arrancada, de un viandante que tuvo peor suerte que yo... El canibalismo era una práctica común en la sociedad no conectada de aquel tiempo. La línea entre el valor y la estupidez es tan delgada como para seguir con mil ojos y no confiarme  a pesar de mi órdago con la pistolita y mi traje antibalas.  Bueno, esas eran las pequeñas y simpáticas anécdotas cotidianas que te sucededían en el Mundo Real. Todavía los triangulitos no habían hecho efecto- que eficazmente me recordó tomarlos el papiro ingrávido nada más salir de la cámara -,... o que no estaba para que nadie me tocara las pelotas. En el enorme vestíbulo de la Compañía me las tocaron. Si no quería ver como crecen las flores desde abajo debía guardar mi genio en el bolsillo y estarme quietecito mientras me escaneaban los robots, por si llevaba armas nucleares o mentales.

  Adiós a mi viejo 45. 

Los de la Virtual estaban ya bastante escarmentados de los ataques suicidas de los terroristas neoanarquistas o cybersubnormales y los controles eran inexpugnables. Odio la holoconferencia virtual así que utilicé mi peso específico en el asunto para que me dejaran verle en persona. Les amenacé con dejarlo. Quizá esté chapado a la antigua pero el brillo de unos ojos y las ondas electromagnéticas cerebrales no se captan del mismo modo en el cyberespacio. Además, para algo me había jugado el pellejo en el mercado de la ciudad para comprarle a ese #?!@ sirio de Yashid, - de larga barba, túnica áurea y mirada huidiza -el amplificador de radiación cerebral que hasta... ¡ funcionaba ! Después de vendérmelo intentó asesinarme: el muy idiota lo debía de haber robado sin saber ni que era, así que al probármelo supe de sus intenciones, via telepática... 


 Había dudado un segundo si dejarlo en el coche o ponérmelo... Camufladas entre mi pelo negro las placas biotrónicas constituían una ayuda inestimable, sobre todo al tratar con gentuza, que en el mundo en que vivimos, era la tónica general. Su característica fundamental, lo que lo diferenciaba de cualquiera que se pudiese adquirir legalmente, es que era teóricamente indetectable: Hasta ahora lo era.


Cl cl


Una robot de placer viajó conmigo en el meteorítico ascensor rumbo a la última planta. Al entrar en la órbita de su channel de doscientos créditos comprendí que, sin el amplificador cerebral, me hubiese sido imposible diferenciarla de una prostituta transgénica de lujo; encefalograma plano, planísimo. Eso sí, estaba cañón y yo creo que había disparado ya.


-Mi nombre es Sheela y nunca digo no.-Cómo viven estos cabrones de la Virtual, pensé. Al tener el monopolio global de la Red Mundial Virtual se podían permitir hacer lo que les salía de los cojones. Antes de salir del habitáculo, le toqué una de sus tetas perfectas de gel de soja y devolví:


-Mi nombre es Harrison y jamás digo sí. Ni a mi padre. Es una cuestión de supervivencia.


 Sujiro Yashismoto medía poco más de metro seis, era tuerto y estaba todo el puñetero día conectado,  esnifando coca. Quizá era el hijoputa más rico del planeta. Le operaban frecuentemente para repararle los estragos que la droga producía en su corteza cerebral y yo creo que, eso, le divertía en grado sumo, al igual que el hecho de que le faltara un ojo. Le podían dejar la tapa abierta, la de los sesos me refiero.  Cinco minutos bastarían entre que diera la orden y le implantaran un nuevo sistema óptico biónico pero supongo que eso, para él, debía de ser una mariconada. Quizá algún día terminará en la cárcel aunque mi sincera opinión es que ya la llevaba consigo, dentro del cráneo. Todos esos ingredientes conferían a la criatura una personalidad cambiante, megalómana y sobre todo, extraordinariamente olvidadiza. 

 Secundado por sus ocho guardaespaldas transgénicos, robóticos y humanos con implantes llegué hasta su despacho oval, tras recorrer un amplísimo pasillo enmoquetado de un horrendo color verde, sin ventanas, que olía a ambientador barato.  Los detectores del quicio eran lo suficientemente avanzados como para detectar las placas así que pitó la alarma y se descubrió el pastel.  El correspondiente campo de fuerza que surgió en una décima de segundo me convenció para que me desprendiera del implante si no quería barbacoa sin ketchup. Maldito Yashid. No era racista en absoluto; al contrario. Si había algo bueno en el pozo de mierda en el que vivíamos es que afortunadamente esa palabra ya no tenía razón de ser, fruto de la aldea global en la que... subsistíamos. Gracias a Dios. Pero es de entender mi ligera diferencia de puntos de vista con alguien que intentó mentirme, robarme, asesinarme, lanzar un maleficio a toda mi descendencia, cortarme un huevo y luego comérselo sin aderezo, por ese orden.


-Bienvenido, señor Paris. ¿Algún problemilla con el scaner? -su tonillo irritante penetró en mis oídos antes de ver su enana figura, al otro lado de los paralelos rayos horizontales color rubí del campo de fuerza. Obvié su preguntita.


-Venga, Sujimoto, apaga la tostadora que tengo prisa. Tenemos que hablar- En otro tiempo, por mucho menos que eso, hubiese hecho fusilar a su madre, pero ya no es el que era. Dos V-guerras y una vida navegando le habían ablandado sus dos órganos vitales. Por cierto, dos guerras virtuales que nadie recordaba... El hombre que, caso de habérselo permitido, hubiese acuñado el término Era Sujiróica o Sujirontoceno, ya no era el prepotente dirigente de otros tiempos.  Simplemente hizo un gesto con la mano y las líneas láser desaparecieron.  Huelga decir que otro campo mucho más potente envolvía al hombre más poderoso del mundo por motivos de seguridad. Si hubiese intentado tocarle mi cuerpecito serrano se hubiera convertido al instante en una fila de quarks de allí a Betelhouse. La estancia era de lo más insulsa y prosaica como correspondía a un personaje que está todo el día conectado. Las paredes desnudas, iluminación subliminal, una cama redonda y deshecha y su sillón flotante de alucinar como único mobiliario. A mi anfitrión  este mundo le sobraba. En este planeta de mierda, no me extraña...


-Necesito más datos- comencé ahorrándome nuevamente el protocolo -. Si mi contacto en la Web no sabe algo es muy probable que ese algo no exista.- Afirmé penetrando en sus ojos rajados -Es la primera ocasión en la que no me puede dar ni un sólo indicio acerca de uno de mis casos. - El magnate permanecía a duras penas en pie sostenido malamente sobre unas delgadísimas canillas, muy mal acostumbradas al estar todo el día en reposo. Sin embargo, sabía que su corrompido y recauchutado cerebro aún regía a medio gas. ¿Quién coño era Fansworth y cómo diablos ha podido morir estando en la Red? Si existía, hasta ahora, un lugar seguro en este pozo de nauseabundo redondo y grande, es la Red mundial... o era. El viejo, enfundado en un quimono inteligente de color cambiante, se tomó todo el tiempo del mundo para contestar con su hablar pausado y ceremonioso:


-El asunto es mucho más complicado de lo que cree. La muerte de Fansworth no es la primera ni será la última. La Policía Virtual lleva investigando el caso una semana y tampoco tiene ni un solo indicio. - El viejo oscilaba como un péndulo con los pies anclados sobre la alfombra turca no electrónica.

-Supongo que no hace falta que le recuerde que siete días en el cyberespacio son una eternidad; esa gente trabaja veinticuatro horas al día a la velocidad que le suministran cientos de biomicroprocesadores cuánticos en serie, juguetitos que, por cierto, no corren a menos de dos millones de megahercios cada uno.  Esa gente no mea, mister Paris.


-Y por qué entonces contratar a un insignificante humano que mea mucho, cisca cuando puede y hace el amor cuando le dejan, o sea, casi nunca. Por cierto, también sudo. - En ese momento me di cuenta de un hecho sin precedentes; aquel anciano de rostro devastado, dueño de un imperio pero cuyas manos parecían dudar de la existencia de las cosas,... parecía muy preocupado.


-Lo cierto es que ya no sabemos qué pieza del tablero debemos mover. Hemos pensado que lo mejor que puede hacer es hablar con ellos y contrastar los pocos datos que tienen. Me refiero a la Policía Virtual. Pero antes quiero que vea una cosa. -Y tras cerrar sus párpados y dar la orden mental, la iluminación venida de ninguna parte de la estancia se atenuó, y la imagen holográfica del cadáver de Peter Fansworth apareció flotando a dos metros de mi posición. El cuerpo parecía un feto disecado con una particularidad destacable: no era otra que una barra metálica que entraba por su boca y salía por su ano.


-Qué bonito. Lo podía poner en el museo de la Virtual Cybernetworks Company. ¿De dónde diantres ha salido el supositorio gigante si el desgraciado se hallaba jugando a los médicos ¡¡EN-LA-RED!!?-pregunté remarcando cada sílaba -. Todos sabemos que ningún objeto material puede trascender de un mundo a otro. Desnudos entramos y desnudos salimos. Sencillamente es absurdo.


-Sencillamente la barra es un trozo de farola de la parte baja de la ciudad. Ya lo han investigado.


-¿Ciudad? Amigo, estamos en el futuro. Aldea global,  trenes fermiónicos de alta velocidad, aviones hiperatmosféricos, cruzar el mundo en una hora y todas esas cosas. ¿Recuerda?  Vivir en la Red y tanta corrupción le ha atrofiado el cerebro. ¿Qué ciudad? Niza, Cádiz, Seattle, Mombasa, Shangai- mi tono impertinente no caló en su rostro pétreo de samurai caduco.


-Barrio antiguo de Amsterdam. La gente practicamente no viaja, señor Paris. La RED lo es todo... - Como para subrayar sus palabras me enseñó sus antebrazos destrozados de las agujas de la alimentación intravenosa y de la mierda que se metía cuando el polvito blanco ya no le ponía.


-Es muy curioso que me mencione lo de viajar porque la Virtual esta desarrollando un nuevo sistema  para que la gente olvide de una vez por todas esa ancestral costumbre. Se trata de conseguir que la gente esté tan a gusto dentro, que todo parezca identico a la realidad, que no necesite...


-¿De qué se trata? -Si este tío estaba metido en algo seguro que era sucio y daba mucho dinero.


-Es un proyecto secreto. Muy pronto saldrá a la luz. - Manifestó de forma escueta. Luego se acercó a mí con un sistema de VR en sus blancas y casi infantiles manitas de ejecutivo, como dando por terminada la conversación. Daban ganas de darle un azadón y una huerta y que se buscara la vida. Era un moderno sistema simplificado: un arco metálico curvo y sin controles que se ajustaban a un puerto USB 12.0 implantado en la cabeza. El aparato me conectarían con el octavo cielo en un momentito. Se ve que en su milagrosa nanotecnología residían los controles que me enlazarían con el Ordenador Central e inhibirían mi sistema motriz, entre otros muchos procesos1 . Negarme no parecía una opción posible, aunque la sopesé un instante antes de aceptar.


Cl cl


Me tumbé en un sillón que flotaba como una balsa en el mar y que adaptó sus formas a las mías, fruto de su ergonomía en su máximo exponente. Antes de conectar la clavija-en la entrada disimulada de mi sien izquierda-el multimillonario oriental añadió:


-Peter Fansworth era un hombre absolutamente normal, al igual que el resto de las víctimas. No existe ninguna conexión, digamos social, entre ellas sino que creemos que más bien se trata de asesinatos aleatorios. Esto último le aseguro que también está más que comprobado así que no sea estúpido y no pierda el tiempo en esa dirección. La clave está en el virus. Tiene que ayudarme a resolver esta crisis.

–Entonces se le fue la cabeza- Bastantes preocupaciones tenía yo en estos momentos con los satélites que envió MicroHard al espacio en los años 10 y a través de los cuales todavía se realizan el 17% de las conexiones de la Meganet. Suplementó los 66 del Proyecto Iridium y Galileo de telefonía móvil GSM de principios de siglo, que orbitaban a 780 kilómetros. de nuestras cabezas, auspiciados por la norteamericana Motorola, con otros 300 que recompró de segunda mano a quien pudo. ¿Sabía usted que muchos de ellos tenían la paleolítica tecnología soviética y se están cayendo ahora como moscas? El avispado empresario le compró a los rusos de antaño los satélites a granel y pasó lo que tenía que pasar. Con las antiguas líneas de alta velocidad Frame Relay o la tecnología ADSL no sucedían estas cosas... Bueno...-

El anciano agitó la cabeza con desdén. - Es evidente que los tiempos han cambiado aunque yo llevo en esto desde el principio. Le recuerdo... - y entonces se cayó el castillo de naipes de su integridad que hasta entonces había sostenido en pie dignamente. Ya me sabía la historia. No creo que hubiese un habitante en el planeta Tierra que no conociese su hazaña - ... que fui el primer ser humano que le regaló a su esposa un kilómetro cúbico de Realidad Virtual. - Antes de que siguiera desvariando le recordé:


-Sí, me decía que el asunto de las muertes tienen mucha más importancia...


-Ah sí. Es cierto... perdone... si... Tiene que hablar allá dentro con el Comandante Rodríguez- y volviendo todavía de los incognoscibles recuerdos de bolsillo añadió: - Por cierto, no busque los controles del aparato, simplemente piense... ¡Ah! Casi se me olvida. La password de acceso es: "Los artesanos persas introducían un pequeño error en el diseño de sus alfombras porque pensaban que sólo dios es perfecto."


-Buena suerte.

 

1La clave del proceso, consistían, en esencia, en la interpretación de señales digitales cargadas de información de la recreación virtual por el cerebro humano, por los complejos mecanismos neuronales que rigen las percepciones, las sensaciones, las emociones. El Codificador Pi-Eniac inventado en el 2011 por el matrimonio del mismo nombre, era capaz de traducir las señales digitales, procedentes de un microprocesador informático, a microcorrientes eléctricas que a su vez actuaban directamente estimulando diferentes regiones del cerebro. Respecto de las sensaciones y emociones (sistema límbico), las corrientes eléctricas estimulaban a los neurotransmisores en la producción de las endorfinas (placer), xerotonina (agresividad), nociceptores (dolor),etc, etc. En lo concerniente a las percepciones se ahondó en el mecanismo  bioquímico de los sueños mediante el cual somos capaces de “ver”, “oler”, “oír” y “tocar” y “saborear”. Ayudaron también los estudios orientados a hacer “ver” a ciegos de nacimiento, mediante una cámara externa y un chip implantado, que enviaba impulsos eléctricos asimilables por las neuronas encargadas de la visión. Empleando complejos algoritmos de codificación de vídeo digital, y traduciendo los impulsos eléctricos en las complejas reacciones bioquímicas, como las producidas en el mundo onírico se produjo el milagro. Evidentemente los primeros prototipos fueron muy rudimentarios y las percepciones visuales generadas, muy primitivas consiguiendo al principio espacios planos, poblados de sombras en blanco y negro. Gracias a los miles de equipos a nivel global se consiguieron muy progresivamente, la nitidez de los contornos, el color y la profundidad espacial. Todo este sistema originaba un excesivo volumen de información, para ser procesado por el Codificador que parecía afectar a los primeros voluntarios de los experimentos preliminares. Eso se solventó abordando el problema informáticamente (con imágenes vectoriales en vez de mapas de bits que se construyen a partir de los parámetros matemáticos que las componen, ahorrando espacio, agilizando los renderizados o relleno de texturas 3d) e incluso, y por otro camino totalmente diferente, con un ardid de la psicología conductista explicado más ampliamente más adelante.